El sudafricano Darryl llegó en un velero a Coruña en 1972, en la primera etapa de un periplo que esperaba lo llevase a los océanos Índico y Pacífico vía Marruecos, las Islas Canarias y el Canal de Panamá. Tanto Darryl, como el compañero que le acompañaba en el viaje, conocían bien el Índico, ya que el año anterior habían explorado, también en barco, las Islas Mauricio, las Reunión y otros grupos de islas del Índico. Aquel viaje, y las experiencias vividas, les habían llevado a tomar una decisión vital: abandonar su vida en el continente y sumergirse en la aventura de recorrer los tres grandes océanos del planeta a la búsqueda de olas.
Su aparición en A Coruña fue toda una revolución entre los surfistas gallegos, no solo en cuanto a su nivel de surf, sino también por su filosofía de vida. Les empujó a surfear en olas en las que hasta entonces no se habían atrevido a entrar por la violencia de su rotura, enseñó a Rufino algunos de los secretos de la fabricación de tablas de surf y, además de un gran recuerdo, dejó una tabla, shapeada por él en Islas Mauricio, con unas líneas y formas hasta entonces nunca vistas en Galicia. Un gun, 7’2” con cola pin-tail, con un shape orientado a las olas rápidas y potentes que Darryl espera descubrir en el Pacífico.
Tras una avería en el timón del barco de difícil reparación, Darryl y su amigo decidieron abandonar, por un tiempo, el proyecto de navegar por los Mares del Sur. Antes de regresar a su país, Darryl vendió su tabla a Carlos Bremón. La de Darryl fue la tabla de Carlos durante varios años hasta que, a principios de los 80, se la vendió a alguien que no recuerda.
Esa persona posiblemente fuese Lozano, un amigo del instituto de Gonzalo Casal “Super”, ya que este recuerda que en sus inicios en el surf, en 1985, entró varias veces al agua con esa tabla en la playa de Santa Comba. Pero desde entonces, se le perdió la pista.
El verano pasado, al poco de editar Otro mar, me encontré con Pablo en Pantín. En medio de nuestra conversación me dijo: “tengo una de las tablas que aparece en el libro”. A principios de los 90, Pablo se hizo con una tabla a cambio de unas pesas. Nunca llegó a utilizar esa tabla, ya que enseguida se hizo con otras de menor volumen y más manejables, así que, en una especie de cápsula del tiempo, la tabla estuvo sin uso durante más de 30 años guardada en el taller de carpintería de su padre.
Meses después, Pablo me trajo a casa esa tabla. No había lugar a dudas, era la de Darryl. En videollamada con Carlos Bremón lo confirmamos al 100%. Ahora le espera una merecida restauración.
Podéis disfrutar de la historia completa de Darryl en Otro Mar, y de sus contenidos extra pulsando AQUÍ.
Tal vez porque la historia del surf está escrita principalmente por historiadores estadounidenses, su relato abuse en situar a los americanos como sus más importantes protagonistas. Así ocurre por ejemplo con la parte de la historia que cuenta cómo el surf llegó a Australia; o incluso cómo éste se desarrolló a partir del siglo XX en Hawaii. Sucede lo mismo con el capítulo que cuenta cómo el surf llegó a Europa, con los californianos Peter Viertel y Dick Zanuck como responsables. Sin embargo, artículos publicados en los últimos años demuestan que antes de la llegada de los americanos a Biarritz en el verano de 1956, en Europa ya se practicaba surf. Sobre esas historias, anteriores a 1950, va esta edición de El Domingo.
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LA FOTO
Durante los primeros años del siglo XX, especialmente en los años posteriores a la I Guerra Mundial, el mar y las playas comenzaron a disfrutar de una creciente popularidad entre la población europea, principalmente en el Reino Unido y Francia. Los "baños de surf", promovidos por una industria turística en pleno desarrollo, ofrecían a la población la posibilidad de beneficiarse de un ambiente saludable alejado de la contaminación de las grandes ciudades, permitieron a la gente comenzar a disfrutar del océano. Pronto, los bañistas descubrieron que las olas, con su fuerza, tenían la facultad de impulsarlos hasta la orilla. Tras las primeras experiencias únicamente con el cuerpo, aparecieron los primeros objetos flotantes que mejoraban el deslizamiento.
Se cree que el surf llegó a las Islas Británicas tras la I Guerra Mundial, a través de soldados británicos que conocieron en el frente a soldados de Sudáfrica y Australia que ya practicaban surf. Ejemplo de ello es la figura de Nigel Oxenden, soldado británico que tras la Guerra estuvo en Hawaii, Australia y Sudáfrica, y que en el año 1923 creó el Island Surf Club en la isla de Jersey. Se conservan también documentos gráficos de la práctica del bellysurfing en playas inglesas, francesas, portuguesas y españolas desde principios del siglo XX. Una historia llena de personajes, lugares e hitos que rebelan la riqueza de la historia del surf en Europa.
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LA HISTORIA SE REPITE EN BRIDLINGTON
En 2011, la escritora e historiadora hawaiana Sandra Kimberley Hall descubrió una carta escrita el 22 de septiembre de 1890 por el príncipe Jonah Kuhio Kalanianaole Piikoi. La carta estaba dirigida al cónsul hawaiano en las Islas Británicas, Henry Armstrong. A finales del siglo XIX era muy habitual que los miembros más jóvenes de la realeza hawaiana completasen su formación en el extranjero, principalmente en los Estados Unidos y en el Reino Unido. Antes de su año de estancia en Inglaterra, Jonah Kuhio y su hermano, el príncipe David Kahalepouli Kawanaankoa Piikoi, habían pasado un año en California, a donde habían llevado el surf en 1885.
En la carta el príncipe contaba como su tutor, John Wrightson, les había premiado con unos días de vacaciones en la costa por su buen rendimiento académico. El lugar elegido fue Bridlington, en el noreste de Inglaterra. No se sabe cómo, pero a los pocos días de su llegada a Bridlington los príncipes se habían hecho con dos tablas de surf, que posiblemente construyeron con madera comprada a algún constructor de barcos de la zona. Al igual que había ocurrido en Santa Cruz, de esta manera los hermanos traían también el surf a Europa.
"Hemos disfrutado mucho de nuestras vacaciones en la costa. Hemos salimos a nadar todos los días. El clima ha sido muy ventoso, pero no nos ha importado, ya que nos gusta que el mar esté agitado para poder surfear. Hemos disfrutado mucho del surf y la gente local se ha sorprendido al vernos coger olas en las rompientes. Incluso Wrightson está aprendiendo a surfear y será capaz de coger olas en unos pocos días. Le gusta mucho y dice que éste es un muy buen deporte".
Se sabe que dos años más tarde, en 1892, pasó también una temporada en Gran Bretaña su prima la princesa Victoria Ka'iulani, concretamente en Brighton, por lo que no es descartable, ya que ella era una experta surfista, el que hubiese surfeado en el Sur de Inglaterra.
Al igual que ocurrió en California, la visita de los príncipes hawaianos no fue seguida por la práctica del surf por parte de gente local, y tuvieron que pasar varias décadas hasta que hubo nuevas noticias sobre surf en las Islas. La primera referencia es una fotografía tomada en 1904 en North Devon, en la que aparece el británico Hobart Braddick, fundador del Braddick's Holiday Center, con un bellyboard.
Posiblemente el tutor de los príncipes hawaianos, John Wrightson, haya sido el primer europeo en practicar surf en el continente.
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IGNACIO DE ARANA
A principios del siglo XIX, las islas Hawaii iniciaron una triste etapa en su historia con la llegada de los misioneros calvinistas. La nueva sociedad anglosajona significó avances tecnológicos y económicos, aunque la repercusión de éstos sobre los nativos fue escasa. Las enfermedades traídas por los “occidentales” diezmaron una población que en 1890 sólo contaba con 40.000 nativos. Se estima que más de 400 mil hawaianos fallecieron durante esos años. Esa amplia mortandad se combinó con una religión intransigente hacia cualquier modo de vida que no fuese el del hombre blanco cristiano de raíz protestante. Prácticamente todas las tablas de surf de la época desaparecieron. Para compensar el descenso de la población local, los dueños de los campos de caña contrataron a miles de trabajadores provenientes de Japón, Filipinas, China, España y Portugal. Ello llevó, a principios del siglo XX, a que varios países abriesen embajada en las Islas para representar a los trabajadores desplazados.
En 1914, Ignacio de Arana, cónsul de España en Hawaii entre 1911 y 1914, regresó a Álava con una tabla de madera: un olo de 80 kilos de peso con la que se cree surfeó en la playa de Waikiki. Gracias a las investigaciones realizadas por el periodista Javier Amezaga, se sabe que entre su equipaje trajo también un ejemplar del libro “The Surf Riders of Hawaii”, escrito por A. R. Gurrey Jr. en 1911. Si bien los familiares de Arana han conservado el libro hasta hoy, la tabla no sobrevivió a la Guerra Civil, ya que se usó en esos años como leña para sobrellevar los rigores del invierno. A pesar de que no hay constancia de que Ignacio de Arana haya surfeado en el Cantábrico a su regreso de Hawaii (moriría en Liverpool en 1919), el suyo es el primer contacto con el surf de alguien de nuestras costas del que existe una evidencia física.
En esta época los primeros ecos sobre el surf comienzan a llegar a la prensa europea. Del mismo año de la publicación del libro “The Surf Riders of Hawaii” es la primera referencia en prensa que se efectúa relativa al surf en nuestro país. Según las investigaciones realizadas por el historiador Daniel Esparza, fue en el diario La Vanguardia del 5 de septiembre de 1911, en un artículo, en el que bajo el título de “Un nuevo deporte acuático: los montadores de olas”, se daba a conocer un libro escrito por Alexander Hume Ford en el que se describía la práctica del surf en Hawaii.
“En un curioso libro acerca de las islas de Oceanía, Mr. Alexander Hume Ford habla de un deporte acuático, tan raro como nuevo, al que son muy aficionados los indígenas de Hawaii. En Hawaii, dice el autor, las olas son grandes y largas, y los entusiastas del deporte pueden entregarse a él en todo tiempo. En Waikiki las grandes olas comienzan a formarse a una milla lo menos de los arrecifes más avanzados, y el aficionado va a buscarla a lo lejos para volver a tierra transportado en la cresta de las mismas. Al formarse la ola, el indígena se sostiene en su “caballo blanco”, como llaman a la tabla, que les sirve de base, y la ola le lleva hacia tierra, o bien se precipita por la pendiente formada por las aguas, como por un tobogán, y va a encaramarse sobre otra ola que avanza delante.
Cuando está más amenazador el mar, el nativo sale en busca de las olas más lejanas y vuelve subido en ellas, tranquilo y sonriente, hasta quedar depositado en la playa por las mismas aguas. Las tablas que les sirven para esta diversión son de caoba, y antes medían cerca de cuatro metros de largo, pero ahora las usan más pequeñas. Algunas no pasan de los dos metros y medio de largo, pero no obstante su pequeñez pueden sostener de pie al hombre de más peso, si éste sabe mantener el equilibrio y siempre que la tabla vaya impulsada por una ola, pues en aguas tranquilas, bastaría el peso de un niño para hundirlas.
No hay que decir que este ejercicio requiere mucho músculo para montarse en las olas más grandes y guardar luego el equilibrio sobre la endeble tabla. Este deporte ha nacido indudablemente de otro muy popular en aquellas islas que consiste en precipitarse por las pendientes de las montañas, de pie sobre una tabla cuya dirección gobierna una especie de remo. Es posible que dentro de algún tiempo se extienda por Europa el deporte hawaiano, porque hay en el extranjero personas que lo practican, considerándolo muy divertido y a propósito para desarrollar las fuerzas y la agilidad; solo faltaría para ello el terreno o la playa mejor que se preste a ello, ya que no abundan las costas cuyas olas reúnan tales circunstancias, al encresparse habitualmente”.
Las siguientes publicaciones que he encontrado son de la década de 1930.
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TOM TREMEWAN Y LAS TAPAS DE ATAÚDES
El servicio militar obligatorio se implantó en Reino Unido en 1916, año y medio después del inicio de la I Guerra Mundial (1914-1918). Su tramitación vino acompañada por un intenso debate sobre el derecho a la objeción de conciencia, que la Ley acabó señalando como la única vía para obtener la exención. Para ello, "los hombres habrían de objetar concienzudamente al servicio de combatientes" frente a un tribunal militar que evaluaría cada caso.
Entre las pocas personas que se acogieron a esa vía estaban Tom y John Tremewan, dos hermanos que vivían en el pueblo costero de Perranporth, en el condado de Cornualles, Inglaterra. Los Tremewan era una familia metodista. Tom y su padre William Henry Tremewan eran predicadores. Su madre, Martha Jane, era pacifista y seguía las creencias de los cuáqueros. Por así decirlo, sus principios morales se ajustaban a los que debería poseer un candidato legítimo a objetor.
Su caso fue analizado por el Tribunal de Truro. En la audiencia de John, el tribunal determinó que era acto para el servicio militar. John no apeló la decisión, pero no se presentó a la citación para unirse al ejército, por lo que fue arrestado y llevado a la cárcel de Bodmin. Después de negarse a participar en un desfile militar, a vestirse de uniforme, o a participar en cualquier actividad que estuviese relacionada con la guerra, fue juzgado por un tribunal militar y condenado a dos años de prisión. A la salida del tribunal, y tras conocer la sentencia, las palabras de John fueron: "Ningún tribunal podrá cambiar mis principios". Su hermano Tom corrió la misma suerte. El Presidente del Tribunal, en un último intento por doblegar su voluntad, le dijo: "Si usted estuviese siendo juzgado en Alemania, ¡¡sería fusilado!!". A lo que Tom contestó: "¿Y usted que haría señor? ¿Luchar por el Kaiser?"
Después de la guerra, ambos hermanos regresaron a Perranporth. Tom se dedicó a la construcción y abrió una tienda-taller. Escribió varios libros durante su vida. Uno de ellos, "The Builder's Life in Perranporth", narra sus años como constructor en el periodo entre la I y II Guerra Mundial. En un capítulo del libro, titulado "Mike Saunders y las tablas de surf", recuerda un encargo que recibió un día:
“Uno de los habitantes más interesantes de Perranporth durante el periodo entre guerras era el Sr. Willie Thomas, Era un hombre muy agradable, y las conversaciones con él siempre eran interesantes. Tenía varias hijas, una de las cuales estaba casada con el señor Mike Saunders, que había estado en Sudáfrica, en donde el surfing era muy popular. Una mañana de principios de verano llegó a nuestro taller y dijo que quería que le hiciésemos una tabla de surf. Esa era la primera vez que escuchamos hablar del surfing, y la verdad es que al principio no tuvimos especial interés. Tras contarnos su experiencia, procedimos a hacer una tabla de acuerdo con sus instrucciones. La primera tabla, de 6 pies de largo, 13 pulgadas de ancho y 5/8 pulgadas de grosor, no salió bien: demasiado grande y demasiado pesada".
El Sr. Saunders acudió a Tom Tremewan porque en su taller, situado en el número 8 de Pimn's Road Street, y entre otros oficios, se hacían trabajos de carpintería. Una de sus especialidades era la fabricación de ataúdes de madera. Para abaratar costes en la fabricación de las tablas, utilizó los sobrantes de madera de los ataúdes que fabricaba. También clavos, en lugar de tornillos, para unir las distintas piezas que conformaban una tabla: dos largueros unidos por tres piezas transversales de madera. Pronto las tablas fueron conocidas popularmente como "tapas de ataúdes" (coffin lid).
"El comercio de tablas de surf aumentó enormemente. Los bañistas disfrutaban de este nuevo tipo de baño, que consiste en correr a través de las olas lo más lejos posible para coger una gran ola, que ya esté rompiendo, y cabalgar en la tabla hasta la orilla".
Pronto el bellysurf se hizo muy popular en Perranporth, y a Mike Saunders, y a otros pioneros como George Tamlyn, se unieron un nutrido grupo de surfistas, muchos llegados desde el interior a la costa gracias a la nueva red ferroviaria y a la popularización de los "baños de surf", que se convirtieron en la década de 1920 en un pasatiempo muy popular en las vacaciones de los británicos.
Muchas tablas salieron desde Perranporth hacia otras playas de Cornualles. Con el tiempo, las tablas pasaron a tener los cantos curvos, lo que supuso un incremento de su precio. Siguiendo los pasos de Tom Tremewan, otros talleres comenzaron a fabricar sus bellyboards en madera, antes de que la madera contrachapada empezase a estar disponible en la década de 1930. Después llegarían las primeras tablas que permitirían a los británicos coger olas erguidos.
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NIGEL OXENDEN Y LA CABAÑA VERDE
Nigel Oxenden era originario de las Islas del Canal. Después de la I Guerra Mundial, en la que como comandante ganó en dos ocasiones la Cruz del Mérito Militar por su valentía en el frente, viajó a Hawaii, Sudáfrica y Australia. En Hawaii, en 1919, conoció el surf, y lo practicó en la playa de Waikiki. A su vuelta, y gracias a su entusiasmo, se creó a su alrededor un grupo de surfistas lo suficientemente amplio como para fundar el primer club de surf de Europa en 1923: el Island Surf Club de Jersey. El Island Surf Club tenía su sede en una pequeña cabaña situada en la playa de St Ouen's Bay. Una choza de color verde que aún hoy se mantiene en pie.
La figura de Nigel Oxenden salió a la luz en 2009 cuando su nieto Jeremy Oxenden cedió al Museo Británico del Surf varias fotografías del archivo familiar: "En esta fotografía aparecen Dot y Ching Martin, y Pat Oxenden, mi abuela, en el centro. La cabaña de la playa se construyó en 1924. El Ejército derribó todas las cabañas en 1940, pero mis abuelos la volvieron a construir justo después de la II Guerra. Era su máxima prioridad. Todavía conservamos la cabaña de la playa, y seguimos saliendo a surfear desde ella."
Nigel y sus amigos llevaron a las playas una versión diferente de lo que hasta entonces se había denominado "baños de surf", y a la que pusieron el nombre de “surf en aguas profundas”: consistía en nadar más allá de las espumas y coger olas “verdes” en medio del mar. Cincuenta años antes de la aparición del "invento", desarrollaron una correa, hecha con viejas cuerdas, que ataban a la cola de sus tablas y que unían a su cuerpo con un cinturón de cuero que se ajustaba a sus trajes de baño de lana (una solución similar a la ideada por Tom Blake en California más o menos en la misma época, y que se puede ver en la foto de Oxenden situada arriba).
De Nigel, un verdadero hombre de mar, excelente nadador, experto pescador submarino, se cuenta que en su época tenía especial habilidad para coger olas. Sus tablas de surf, de aproximadamente 5'6'' de largo y 18" de ancho y 1 - 1 1/2" de espesor, fueron construidas por el mismo, talladas en madera de teca y otras maderas ligeras. Pesaban alrededor de 20 kilos.
Nigel y sus amigos surfearon hasta el comienzo de la II Guerra Mundial, cuando la Isla de Jersey fue tomada por los alemanes. Durante los cinco años que la Isla estuvo en manos alemanas no volvieron al agua. Nigel murió en 1948. Su amigo Archie Mayne, del que se sabe se construyó su propio longboard a mediados de la década de 1920 siguiendo las ideas de Oxenden, emigró a Sudáfrica tras la guerra. El resto continuaron surfeando.
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LEÇA DA PALMEIRA
Una película documental portuguesa, de poco más de 28 segundos, grabada en 1927 por el Servicio Cinematográfico del Ejército, muestra a un grupo de doce hombres en la playa de Leça da Palmeira, un arenal cercano a O Porto, practicando bellyboard. Se cree sin embargo que los “protagonistas” de las escenas no son portugueses, sino británicos, lo que confirma la entrada del “surf” a Europa, o al menos de la práctica de deslizarse en las olas, a través de las Islas Británicas.
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CHARLES "SNOW" MACALLISTER
Al igual que Duke Kahanamoku, que tras los Juegos Olímpicos de Estocolmo en 1912 dio una gira por Europa haciendo demostraciones de natación (y posiblemente alguna de surf, aunque no hay constancia de ello; ese año las daría en la coste Este de los EEUU y en 1914 en Australia), tras los Juegos Olímpicos de Amsterdam de 1928, el surfista australiano Charles "Snow" McAllister visitó Inglaterra realizando demostraciones de surf en varias playas del Reino Unido. "Snow" McAllister está considerado como uno de los "Padres del surf australiano".
Cuando McAllister llegó a Reino Unido, el bellysurf se había vuelto muy popular en el sur de las Islas Británicas. Pero ver a un surfista coger las olas de pie era toda una novedad. El Daily Mail del 12 de septiembre de 1928 recogía una entrevista a McAllister en la que éste declara que la intención de su viaje era "popularizar la tabla de surf, el deporte más emocionante del mundo, en los centros turísticos costeros ingleses". Se desconoce el número de paradas que realizó McAllister en su gira, pero se sabe con certeza, por la noticia del Daily Mail, que una de esas paradas fue Newquay. Años más tarde, en una entrevista para la revista australiana Tracks, McAllister contó como anécdota de aquel viaje que en una de esas playas los lugareños llamaron a la policía cuando lo vieron entrar al agua porque pensaron que se iba a ahogar. Cuando salió, la policía lo tuvo escoltar hasta que salió de la playa por su propia seguridad.
Se sabe, en esos mismos años, de la visita de otros surfistas australianos a las Islas Británicas a través de las investigaciones realizadas por la historiadora Joan Ormrod (podéis consultar su interesante tesis sobre el surf en las Islas Británicas pulsando AQUÍ):
"Susan (Tunbridge Wells) ... estuvo de vacaciones en Croyde, North Devon en 1928, con su madre y su hermana, en donde recibieron la visita de dos primos de Australia que, tras echar un vistazo a las rompientes, y sorprenderse de que no hubiese nadie haciendo surf, fueron a ver al carpintero local del pueblo, y le guiaron en la fabricación de dos tablas de surf de madera con las que nos llevaron a todos a aprender a surfear".
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LA PANDILLA DE HOLYWELL BAY
El Museo Británico del Surf sacó a la luz en 2010 una película con imágenes de surf datada en finales de la década de 1920. En ella aparece Lewis Rosenberg y un grupo de amigos surfeando en la playa de Holywell Bay, en Newquay. La historia cuenta que tras ver un reportaje en el que aparecían unos surfistas australianos, Rosenberg, Harry Rochlen y los hermanos Fred y Ben Elvey, fabricaron varias tablas en madera de balsa de 8 pies en Londres, en donde vivían. Antes de grabar la película, el grupo de Rosenberg ya cogía olas con sus bellyboards de madera en las Islas del Canal y en la costa Oeste de Inglaterra. Pero aquellas imágenes de los australianos con sus longboards, superaban lo que hasta entonces habían hecho. Tras finalizar su fabricación, envolvieron los tablones en unas sábanas de lino y los llevaron por tren hasta Newquay.
"Cuando Maxine Elvey, hija de Ben Elvey, visitó por primera vez el Museo, y nos contó que tenía en casa filmaciones de las hazañas de su padre en un longboard de madera en 1929, nos quedamos totalmente impresionados", - cuenta Peter Robinson, fundador del Museum of British Surfing -. "Llevamos las bobinas con aquellas frágiles películas de 9,5 mm al archivo municipal para que las conservasen y transfiriesen a una cinta digital: son un tesoro nacional. Entrevistamos a tres de las personas que formaban parte de aquella pandilla de surfistas y que aún vivían. Todos superaban los 90 años, pero tan pronto como les hablamos sobre surf y sus vidas en la playa, sus ojos se iluminaron y sus recuerdos volvieron a fluir. Fue realmente emocionante".
“Nadábamos y cuando llegaban las olas, - cuenta Harry Rochlen, uno de los protagonistas de la cinta - mi amigo Lewis intentaba ponerse de pie sobre la tabla, como hacían en Australia. Después de intentarlo muchas veces, lo logramos. Es maravilloso conservar estos recuerdos. Fue realmente emocionante ponerse de pie en la tabla y avanzar hacia la playa".
Las películas no sólo muestra a los amigos cogiendo olas, sino como era la vida entonces, cuando las playas aún estaban desiertas. "También vieron una película llamada "Idol Dancer" que mostraba cómo se bailaba el hula en Hawaii. También lo copiaron: se hicieron unas faldas con algas y bailaban mientras cantaban: "adiós Hawaii, mi isla paradisíaca, nos veremos de nuevo algún día", aunque nosotros lo cantábamos en las playas de Cornualles". Lewis construyó una carcasa impermeable para su cámara de vídeo, algo totalmente innovador para su época en Gran Bretaña.
Se desconoce cuántos años surfearon juntos Lewis Rosenberg, Harry Rochlen y Fred y Ben Elvey. La II Guerra Mundial les separó de las playas. Durante la Guerra, y en un robo en la casa de Lewis en Londres, su tabla de ocho pies desapareció.
"No tenía idea de que la experiencia de mi padre con el surfing fuera tan importante", dijo Sue Clamp, hija de Lewis Rosenberg. "Sabíamos que las películas eran interesantes, pero principalmente porque mostraban cómo era la vida antes de la II Guerra Mundial. Es fantástico que la vida de Lewis y sus amigos haya trascendido de esta manera".
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EL PLANKING
Leído AQUÍ a partir de un artículo escrito por Joserra de la Mar, que recoge el testimonio de Ramón de la Mar y José Luis Elejoste.
"Fue el año 34 (1934) cuando se unieron a nuestro grupo unos cuantos algorteños (Pereiro, Txano, Ugalde y alguno más). Estos trajeron unas tablas de contrachapado, curvadas por la parte de adelante, con las que ellos cogían olas en las playas de Ereaga y Arrigúnaga. Pronto aprendimos su manejo e iniciamos algo que con el tiempo se puede ver como un balbuceo del apasionante deporte del surf, que tardaría muchos años en aparecer en nuestras costas, (...). ¿Quién nos iba a decir que, tras las rudimentarias tablas de poco más de un metro de largo y menos de cuarenta centímetros de ancho, vendrían con el paso del tiempo las actuales y elegantes tablas de surf?
(...) Las tablas se vendían en una ferretería de las Siete Calles de Bilbao cuyo nombre he olvidado, (...). La tabla que tenía mi cuñado se la habían hecho antes de la guerra, en el año 1928; (...). Aquí fueron varios los que lo practicaron. Mi cuñado (Pereiro), unos Arísteguis, los Estrades, y otros que eran muy deportistas también, siete u ocho, (...). Con la guerra la cosa se quedó, hasta que la lancé yo por el año cuarenta, o así. Entonces por aquí no había más tabla que la de mi cuñado, porque las otras o se habían roto o las habían perdido. Verme a mí cogiendo olas en Sopelana causó furor. Andaba normalmente en Larrabasterra, Peñatxuri y Ereaga. Solo yo practicaba, tenía todas las olas que quería. El problema es que como no había más tabla que la mía, al llegar a la playa tenía cola. No se vendían ni hacían en ningún sitio. En el año 52 me la rompieron y tuve que fabricar tres tablas de 1,30 por 33 cm. Conseguí un tablero de una madera especial (...), puse agua a hervir, metí la parte delantera de las tablas a remojo y cuando estaban blandas las curvé por la punta dejándolas secar bien, las recorte, pinté y listas. Así tenía dos para dejar y una para mí, podía andar con otros, más divertido y seguro. A una de ellas, que aún conservo, le puse quilla y fue todo un éxito”.
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JIMMY DIX Y PIP STAFFIERI
A mediados de la década de 1930, un hombre llamado Jimmy Dix escribió al Outrigger Canoe Club de Waikiki solicitándole información sobre el surf. Jimmy era un adinerado dentista que trabajaba en un consultorio en Nuneaton, en el condado inglés de Warwickshire. Era también propietario de un deportivo Alvis, y cada verano pasaba quince días de vacaciones en Cornualles con su esposa. La pareja visitaba a menudo Newquay, y era aficionada a coger olas con sus bellyboards. Pero Jimmy no paraba de darle vueltas a una fotografía que había visto en la Enciclopedia Británica editada en 1929, en la que varios hawaianos se desplazaban de pie en sus tablas sobre una ola. Su sueño era viajar a Hawaii y coger una de aquellas olas del Pacífico.
La leyenda cuenta que en un gran gesto de generosidad, y en respuesta a su carta, en 1937 el Outrigger Canoe Club le envió una tabla de surf hecha por Tom Blake, de 16 pies de largo y 30 kilos de peso. A la tabla le acompañaba una tarjeta con el mensaje "para la gente de Gran Bretaña". La tabla estaba decorada con un mapa pintado a mano de las islas hawaianas. Como Dix y su esposa eran dos, a partir del diseño de aquella tabla, construyeron con la ayuda de un carpintero local otra más pequeña para su mujer.
En 1938 Papino "Pip" Staffieri tenía 19 años cuando se encontró sobre la arena de la playa de Towan, en Newquay, con las dos tablas de surf de los Dix. De origen italiano, la familia Staffieri regentaba una heladería al borde de la playa, por lo que la infancia de Pip transcurrió en contacto con el mar, llegando a ser un experto nadador, sobre todo en largas distancias. Su interés por el surf surgió viendo los documentales que se proyectaban en el teatro Pavilion. Uno de ellos mostraba las competiciones sobre tablas de remada que eran muy populares en Australia. A Pip y a sus amigos les entusiasmó la velocidad que se podía alcanzar con esas "embarcaciones", simplemente remando, por lo que pronto se animaron a construir sus propias tablas. Pero también había visto otras imágenes con gente surfeando en las olas de Waikiki, por lo que pronto asoció a aquellas dos tablas que se había encontrado sobre la arena de su playa, una de ellas con un mapa de las islas Hawaii dibujado sobre su cubierta, con las del documental.
Tras un rato de espera, en los que Pip analizó aquellos artefactos con detalle, los dueños no aparecieron. Aprovechó el encuentro para grabar el diseño de aquellas tablas en su cabeza. Gracias a sus conocimientos de carpintería, inició la construcción de una tabla de surf que le llevó dos años. La suya acabó siendo un poco más corta que la de Blake, un 13'6'', con un peso bastante mayor, cercano a los 50 kilos (las tablas de roble que conformaban su tabla fueron unidas con tornillos de latón). La tabla estaba equipada con un tapón para drenar el agua que se pudiese acumular en su interior. En 1941 a su diseño le incorporó una quilla. Como era muy pesada para transportarla, ideó un carrito para llevarla a la playa. Con ella surfearía todas las tardes después de salir del trabajo en las playas de Towan y Great Western.
Dix y Staffieri nunca surfearon juntos. Los escasos quince días de vacaciones que cada año los Dix pasaban en Newquay, coincidían con semanas de mucho trabajo para Pip en el negocio familiar, por lo que cuando éste llegaba a la playa para coger olas, Dix y su mujer ya se había retirado a su hotel. No se encontrarían hasta 1942, cuando Dix supo que había otra persona con una tabla de surf en aquella playa.
En el año 2004, cuando Pip Staffieri cumplió 85 años, su historia salió a la luz entre otros gracias al periodista y escritor Paul Holmes: "Cuando era un niño, solíamos comprar helados en la camioneta de Staffieri. Los suyos eran los mejores helados que he probado en mi vida. Lo que más me extraña, es que sabiendo él que mis amigos y yo hacíamos surf, nunca nos hablase de ello". "No quería que nadie pensase que fui un gran surfista", - se justificaba Staffieri -. "Porque para nada hacia las cosas que hacen hoy los jóvenes, que son verdaderos acróbatas. Algunas olas las cogía acostado. Otras de rodillas durante parte del camino; y entre todas, en algunas iba de pie". Una fotografía suya de 1941, es la primera que se conserva de un europeo sobre una tabla de surf en Europa.
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ILUSTRES SURFISTAS
Para contar la historia del surf en Europa, además de las referencias ya comentadas, necesariamente se ha de echar la vista hacia Hawaii y el siglo XVIII, con la llegada de Cook a las islas. De entre las siete referencias relativas al surf encontradas en los diarios de los tripulantes del Resolution y el Discovery, los dos buques del tercer viaje de Cook por el Pacífico, se encuentra una anotación de febrero de 1779, realizada por el guardia marina del Discovery George Gilbert, que puede ser la primera referencia a un europeo haciendo surf: “algunos de los indios que no tienen canoa emplean un método de nadar sobre un pedazo de madera de aproximadamente seis pies de largo y dieciséis pulgadas de ancho (…). Sobre estas piezas de madera, y a pesar de estar bien equilibradas, el más experto de nosotros en natación no pudo mantenerse sobre ella medio minuto sin caer”.
Es fácil pensar entonces que otros europeos, sobre todo a partir de finales del siglo XIX y principios del XX, cuando el surf después de sus "años oscuros" pasa a tener aceptación por parte de la nueva sociedad occidental implantada en las Islas, lo probasen y tal vez lo llevasen a Europa. Además del caso de Ignacio de Arana, han trascendido otros, que por la notoriedad de sus protagonistas, tuvieron especial relevancia.
En abril de 1920, el príncipe de Gales Eduardo, que después se convertiría en el Rey Eduardo VIII, llegó a Hawaii a bordo del HMS Renown. En la Isla fue recibido por Duke Kahanamoku, que le dio una clase de surf en la playa de Waikiki. Cuatro meses más tarde regresó a las Islas, estaba vez con la única intención de coger olas durante tres días. Pero en esta ocasión no estaba Duke para recibirlo, así que fue su hermano, David Kahanamoku, quien se encargó de las clases durante los tres días, a razón de dos horas por la mañana y tres por la tarde. Lo ocurrido quedó inmortalizado en las fotografías tomadas por su primo Louis Earl Mountbatt, que junto el príncipe también participó de las clases.
"El príncipe aprendió rápidamente a subirse a la tabla, aunque se cayó algunas veces", - contó David Kahanamoku en una entrevista realizada en 1950 -. "Louis Mountbatten nunca dominó el arte, pero estaba contento con coger las olas tumbado". A pesar de lo mucho que parece que les gusto el surf, no hay constancia de que el príncipe Eduardo o Louis Mountbatten emprendiesen alguna acción para fomentar el surf a su vuelta a Gran Bretaña.
Otro personaje ilustre fue la escritora Agatha Christie, posiblemente la primera europea en probar el surf en 1922 en la playa de Muizenbeerg. Después de la Primera Guerra Mundial, al marido de Agatha, el arqueólogo Archibald Christie, fue contratado por el Gobierno Británico para realizar una gira mundial que promocionase la Exposición sobre el Imperio Británico que se celebraría en Londres en 1924. La pareja abandonó Inglaterra en enero de 1922. Llegaron a Ciudad del Cabo, Sudáfrica, a principios de febrero y pronto comenzaron a tomar "baños en el mar" en Durban. Allí, fueron introducidos al surf en la playa de Muizenberg. Dos años después, escribiría sobre esta experiencia en su novela "El hombre del traje color castaño".
"Era demasiado temprano para ir a tomar el té. Me dirigí al pabellón de baños y, cuando me preguntaron si quería probar una de aquellas tablas, contesté: «Sí, gracias.» El flotar sobre estas tablas parece sencillísimo. Pero no lo es. No digo más. (...). Pero no estaba dispuesta a dejarme vencer. Y entonces, por pura casualidad, pude flotar un buen rato sin caerme. Llegué a la playa delirante de felicidad. Surfriding (cabalgar rompientes), como lo llaman, consiste en eso. O se están mascullando maldiciones, o te sientes encantada de haber nacido".
Agatha Christie y Archie continuaron su viaje promocional por Nueva Gales del Sur, Australia y Nueva Zelanda, antes de llegar a Honolulu el 5 de agosto de 1922. Tras desembarcar, fueron rápidamente a la playa de Waikiki y se hicieron con una tabla de surf. Su experiencia con el surf en Hawaii la conocemos gracias a "The Grand Tour", un libro publicado por la editorial Harper Collins, que recopila cartas originales, postales, recortes de periódicos y objetos coleccionados por Agatha en sus viajes, entre las que se encuentran varias cartas que cuentan sus experiencias como surfista en Hawaii.
“Nuestro viaje fue lento, con paradas en Fidji y otras islas del Pacífico antes de llegar a Hawaii. Honolulu nos pareció mucho más avanzado de lo que imaginábamos, con muchos hoteles, carreteras y automóviles. Llegamos al hotel pronto, por la mañana; fuimos a nuestro cuarto, e inmediatamente, vimos por la ventana a gente haciendo surf, corriendo hacia la playa, con sus tablas bajo el brazo y sumergiéndose en el mar. Sin embargo para nosotros aquél fue un mal día de surf, uno de esos días que sólo son aptos para los más expertos; nosotros que veníamos de hacer surf en Sudáfrica, y que pensábamos que el surf ya no tenía ningún misterio para nosotros. Allí en Honolulu era diferente. La tabla por ejemplo era un gran trozo de madera tan pesado que apenas lo podíamos levantar. Ya en el agua, nos tumbamos sobre la tabla y remamos con fuerza hasta los arrecifes, a una milla de distancia – al menos eso fue lo que me pareció. Una vez allí nos colocamos en posición, esperando la llegada de una de esas olas que se generan en alta mar y que se dirigen hacia la playa. Pero no es tan fácil como parece. Primero hay que elegir la ola apropiada, y después, y aún más importante, no escoger las olas malas, porque si eres cogido por una de ellas nos puede arrastrar hasta el fondo, en donde sólo Dios nos podrá ayudar a salir.
Yo no era una nadadora tan experimentada como Archie, por lo que tardé más que él en llegar a los arrecifes. Pronto perdí a Archie de vista, por lo que me imaginé que, como los demás, había cogido una ola y se había dirigido hacia la playa. Así que me apoyé sobre mi tabla y esperé a que viniese una ola. Y de pronto vino. Entonces ocurrió algo no previsto. En un abrir y cerrar de ojos yo y mi tabla nos separamos lo que me parecieron varias millas la una de la otra. Primero llegó la ola, después me vi arrastrada violentamente hacia el fondo del mar, sacudiéndome mucho. Cuando salí a la superficie, casi sin respiración y tras haber tragado un montón de agua salada, vi mi tabla flotando a media milla de mí en dirección a la playa. Nadé con fuerza hacia ella. Un joven norteamericano me la recuperó a la vez que me saludó con las siguientes palabras: “Escuche hermana, si yo fuese usted, hoy no haría surf. Está arriesgando demasiado. Coja la tabla y nade directamente hacia la playa”. Inmediatamente seguí su consejo.
Diez días más tarde conseguía ponerme por primera vez de pie. ¡¡¡Qué sensación de triunfo total el día que pude mantener el equilibrio y avancé hasta la playa de pie sobre mi tabla!!! No existe nada igual a correr sobre el agua a una velocidad que nos parece de muchos kilómetros por hora. Se trata de uno de los placeres físicos más completos e intensos que jamás haya experimentado”.
Agatha y Archie estuvieron en Honolulu desde agosto hasta octubre de 1922. No se sabe si durante los dos meses que estuvieron en las Islas continuaron surfeando. Tampoco si lo siguieron haciendo a su regreso al Reino Unido.
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LA HISTORIA EMPIEZA EN LA CÔTE
A pesar de todas las historias anteriores, se puede afirmar que el surf, tal y como lo conocemos hoy, llegó realmente a Europa, concretamente a Biarritz, en 1956. En ese año, y con ocasión del rodaje de la película “The Sun Also Rises”, basada en el libro “Fiesta” de Ernest Hemingway, los californianos Peter Viertel, marido de Deborah Kerr, y Dick Zanuck, hijo del célebre productor Darryl Zanuck, viajan a Biarritz. Dick, que era surfista, hizo traer a instancias de Viertel dos tablas de surf, que fueron importadas desde California con las cajas que transportaban las cámaras. Una de las tablas se rompió durante el viaje. Cuando las tablas llegaron a Europa, Zanuck que era el surfista del grupo, había regresado a California. La aduana francesa reclamaba un 170% del valor de las tablas en concepto de impuestos, por lo que Viertel decidió pasarlas de contrabando a través de la frontera española. A los pocos días, y en presencia del mismísimo Hemingway, entró al agua. Aquel primer baño fue un desastre, y la tabla acabó contra las rocas. Viertel confió al local Georges Hennebutte su reparación. Al día siguiente, Hennebutte y Viertel surfearon sus primeras olas en Côte des Basques.
Entre el grupo que presenció aquella primera experiencia surfística estaban Arnaud de Rosnay y Jacques Rott. Rott, que desde 1952 fabricaba bellyboards, fabricó dos replicas en madera de balsa, de dimensiones 340 x 65 x 7 cm y 25 kilos, a partir de la tabla de Viertel. Las tablas fueron estrenadas en la primavera de 1957 en Hossegor, y desde ese momento todo se aceleraría en el viejo continente.
Una de las noticias más comentadas de lo que llevamos de año es la caída del Pipe Masters del calendario del circuito WSL para el año 2019. Desconociendo los detalles administrativos del asunto, la explicación a este desenlace, que muchos han llegado a calificar como desproporcionado, hay que buscarla, como ocurre con otros acontecimientos del presente, en el pasado.
Pero empecemos por el final. La intención de la WSL era que el Pipe Masters fuese el evento inaugural del tour del año 2019. Sin embargo, la WSL inició tarde los trámites para lograr el cambio de fechas, por lo que el Departamento de Parques y Recreos de la Ciudad y el Condado de Honolulu, responsable de otorgar los permisos para el desarrollo de eventos en la costa norte de Hawaii, no concedió los permisos. Por lo que he leído, el calendario de eventos que se celebran en la North Shore, se fija en base a una serie de criterios que tienen como prioridad proteger el uso y disfrute por parte de la comunidad local de esos lugares. Aunque nos pueda parecer extraño, esas políticas tienen en Hawaii un marcado carácter social y cultural, que para llegar a entenderlas en toda su extensión es fundamental tener muy en cuenta la Historia.
La directora general de la WSL, Sophie Goldschmidt, exponía de la siguiente manera la posición de la WSL ante la situación: “Estamos muy decepcionados por no poder celebrar el Pipe Masters en 2019. No obstante, nos consuela que se reconozca la necesidad de introducir cambios en el trámite de los permisos, cambios que creemos beneficiarán al surf en Hawaii, a los surfistas, a la comunidad local y a los demás actores implicados. Vamos a colaborar en lo que podamos durante este proceso, y una vez que se definan esos cambios, tomaremos una decisión acerca de qué eventos promoveremos en Hawaii a partir del invierno de 2019. Nos encantaría poder celebrar nuestro calendario de modo completo en Hawaii, pero necesitamos tener facilidades para poder planificarlo a largo plazo, y recibir también el apoyo local adecuado, con el objetivo de seguir ayudando a que el surfing hawaiano crezca de forma sostenible.”
En las declaraciones de Goldschmidt parece esconderse una amenaza velada de que, si las cosas no cambian, la WSL dejará de organizar eventos en Hawaii durante un tiempo, en una especie de ultimátum que recuerda conflictos y actitudes pasadas (para los muy interesados os recomiendo leer el artículo publicado en Stab que cuenta en detalle lo ocurrido, y las opiniones de las diferentes partes interesadas).
He buscado recoger en esta edición de "El Domingo" la compleja historia que explica el conflicto actual por las fechas del Pipe Masters. Creo, sin embargo, que me ha sido imposible lograrlo totalmente, dado el inmenso volumen de datos y perspectivas desde las que analizar la cuestión. Si Sophie Goldschmidt me admitiese un consejo, le diría que leyese "Hawaii" de Jamer Michener, el libro que un local regaló en 1977 a Wayne "Rabbit" Bartholomew, después de que éste sufriese una agresión por parte de un grupo de locales de la North Shore.
De haber aplicado el criterio del "rigor histórico", la fotografía de este "El Domingo" debería de haber sido otra con, tal vez, mayor carga histórica. Pero hemos elegido la de la portada de la última Surfer's Journal, porque Arthur "Toots" Anchinges es el local por excelencia de Queen's, Waikiki, algo así como la Mesopotamia del surf, y porque él representa, mejor que ninguno de los surfistas actuales, la tradición hawaiana.
En la antigüedad, la práctica de coger olas era común en las islas de la Polinesia Oriental (Marquesas, Tahití, las Islas Cook y Nueva Zelanda).Procedentes del Pacífico Sur, los polinesios llegaron a las deshabitadas islas Hawaii muy probablemente entre los siglos VI y IV a.C., aunque hay teorías recientes, basadas en hallazgos arqueológicos, que sitúan esta llegada en el siglo XI d.C..
De todos los pueblos de la Polinesia, sólo los tahitianos y los hawaianos usaban tablas de una cierta longitud y se colocaban de pie sobre ellas. De entre estos dos pueblos, sólo los hawaianos, probablemente entorno al año 1.200 d.C., convirtieron el surf, denominado en la antigua tradición hawaiana "he'e nalu”, en el centro de su cultura.
Para los hawaianos coger olas era algo más que su actividad favorita, era el centro de sus vidas. Era tal la influencia que el océano y el surf tenía en su cultura, que era practicado por toda la sociedad: hombres, mujeres, niños y niñas. La habilidad cogiendo olas era un modo de ascender en la sociedad, y demostraba para los hawaianos poder espiritual. Es por ello, por ese desarrollo social entorno al surf, así como por los posteriores avances en el diseño de tablas y en la técnica de coger olas, que se puede señalar a Hawaii como el lugar del nacimiento del surf. La práctica que en la actualidad denominamos como “surf” es solo una parte de lo que en Hawaii era el arte de “he’e nalu”, que abarcaba una amplia variedad de formas de deslizarse sobre las olas: He'e Nalu (de pié), Pae Po'o (tumbado), Kaha Nalu (con el cuerpo), Pakaka Nalu (surf en canoa), He'e One (surf sobre arena) y He'e Pu'e Wai (surf de río).
La polinesia era una sociedad ágrafa, por lo que no existen documentos escritos que recojan las tradiciones que rodeaban a la práctica del surf anteriores a la llegada de los occidentales en el XVIII. Es por ello que las primeras referencias locales proceden de la tradición oral. Tal y como cuenta el profesor Daniel Esparza en su artículo “Reconsiderando las fuentes para el estudio del surf arcaico”, “el estudio de la tradición oral en Hawaii se remonta al siglo XIX, un siglo después de la llegada de los primeros europeos. Fueron historiadores nativos los que se encargaron de reunir numerosas leyendas y tradiciones para que no se perdieran (…). La mayoría de esas anotaciones se hicieron en periódicos en lengua hawaiana a partir de 1834 (…). Pero no fue hasta finales del siglo XIX, y principios del XX, cuando se reunieron todos esos escritos y se tradujeron al inglés (…). Además de ser recogidas numerosas voces de nativos de la época, y su relación y visión del surf, fueron varias las leyendas que se registraron en las que se cantaba, o hablaba, sobre prácticas de surf antiguas, algunas inverosímiles, porque las practicaban deidades, pero otras basadas en personajes que sí existieron. La más antigua de éstas se remonta a los tiempos del jefe Umi, (…) en el siglo XV o principios del XVI (…)”.
Las viejas canciones y leyendas recuperadas por los historiadores hablan de “he’e nalu” como un pasatiempo de los dioses. También reflejan el conocimiento que la sociedad hawaiana tenía sobre las cualidades medicinales de las plantas, y los ciclos celestes y su relación con la agricultura. Y como no podía ser de otra manera, narran su relación con el océano, el cual entendían como parte integrante de la propia tierra, y del que tenían un conocimiento muy detallado.
En enero del año 1778, James Cook, durante la tercera de sus rutas por el Pacífico, y rumbo a Alaska en busca del mítico paso del Noroeste, avistó las islas Hawaii. Se cree sin embargo que Cook no fue el primer occidental en avistarlas, y que las Hawaii fueron descubiertas en 1527 por el español Álvaro de Saavedra. Se sospecha que el descubrimiento por parte de la armada española se mantuvo en secreto con el objeto de que sus enemigos no las utilizasen como base para entorpecer las rutas comerciales que la corona española había establecido desde América con Oriente, y en especial con las Filipinas. La información histórica que se conserva sobre este “descubrimiento” es por tanto muy escasa, e incluso poco clara. De hecho que se cree que el marino español no llegó a desembarcar en ellas.
La llegada de Cook a Hawaii coincidió con la celebración del festival Makahiki, en honor de Lono, el dios de la tierra. La aparición de Cook fue interpretada por los hawaianos como la llegada del propio dios, por lo que tanto él, como su tripulación, fueron recibidos y tratados con los mayores de los honores durante las 3 semanas que permanecieron en la isla.
Meses después de su primera estancia, Cook regresó a Hawaii. Sin embargo, fue recibido de modo hostil, posiblemente tras descubrir los hawaianos que Cook no era Lono, y que mucha de la población que había estado en contacto con los occidentales había caído enferma. La tensión explotó tras la orden de Cook de retener al rey Kalaniopu’u como prisionero tras el robo de una barca por parte de unos nativos. La decisión desproporcionada provocó un enfrentamiento con los hawaianos, que terminó con la muerte de varios nativos a disparos de los ingleses, y la posterior muerte de Cook en la playa de Kealakekua.
El violento final de Cook fue premonitorio del futuro posterior de las Islas, que a principios del siglo XIX, y en concreto a partir de 1820 con la llegada de los primeros misioneros calvinistas, inició una triste etapa para su cultura tras la imposición de las formas de vida occidentales. La cultura anglosajona significó avances tecnológicos y económicos en las Islas, aunque la repercusión de éstos sobre los nativos fue escasa. Lo que realmente trajo para ellos fueron enfermedades, muerte y una nueva religión que durante el siglo XIX desintegró la cultura y la sociedad hawaiana. Las enfermedades traídas por los occidentales diezmaron una población que en 1890 solo contaba con 40.000 nativos. Se estima que más de 400 mil hawaianos sucumbieron a virus y bacterias traídos por americanos y europeos.
Esa amplia mortandad se combinó con una religión intransigente hacia cualquier modo de vida que no fuese el del hombre blanco cristiano de raíz protestante. Además, la nueva economía introducida por los americanos tan sólo dejaba dos opciones a los hawaianos: trabajar en niveles próximos a la esclavitud o pasar hambre. Esta época fue conocida como la Edad Oscura del surf. No solo descendió el número de surfistas, sino que también la habilidad de los isleños para coger olas. "Los antiguos surfistas”, recoge un relato de esos años, "le dirán que ninguno de la generación actual tiene la habilidad y el coraje mostrados por sus antepasados”. Pero afortunadamente no en todos los casos fue así, y muchos hawaianos continuaron surfeando en el siglo XIX, entre ellos varios miembros de la familia real, tal y como fue el caso de la princesa Victoria Ka'iulani, sobrina de la reina Lili'uokalani, y el príncipe Jonah Kūhiō Kalaniana'ole. Él, junto con sus dos hermanos, fueron los primeros en surfear en California en 1885.
En 1875 empresarios de los Estados Unidos controlaban más del 80% del terreno cultivable de las Islas, principalmente dedicado a la plantación de caña de azúcar. La diezmada población nativa sobrevivía en su mayor parte en Honolulú, en la isla de Oahu. Para compensar el descenso de la población local, cientos de miles de trabajadores, provenientes de Japón, Filipinas, China, España y Portugal, fueron contratados para trabajar en los campos de caña.
El 17 de enero de 1893, un regimiento de la marina de Estados Unidos irrumpió en el Palacio de Iolani. Sin autorización de Washington, John L. Stevens, ministro de los EE.UU. en Hawaii, se ayudó de las tropas para derrocar, con el apoyo de un grupo de empresarios "haole" (extranjero en hawaiano), al gobierno nativo de Hawaii. Con sus cañones Gatling apuntando a palacio, la reina Lili'uokalani se rindió. Aunque el presidente estadounidense Grover Cleveland exigió al gobierno provisional que devolviese la administración de Hawaii a la reina, y declaró culpable a Stevens de conducta inapropiada y de conspirar para derrocar a la Reina, la monarquía nunca fue restaurada, y Hawaii fue declarada República el 4 de julio de 1894. En 1897 una coalición de tres organizaciones políticas hawaianas buscaron, por la vía legal, oponerse a la anexión. Su petición llegó a ser tramitada en el Congreso en 1898, dando la esperanza a los nativos de paralizar el proyecto de la ley de anexión. Pero el estallido de la guerra de Estados Unidos contra España y Filipinas, y el aumento de los intereses comerciales americanos, concluyó con la integración, en 1898, de las Islas en los EE.UU.
En 1993, el Congreso de los Estados Unidos firmó una Resolución de Disculpa por el derrocamiento del Reino de Hawaii un siglo antes.
El 1 de noviembre de 2005, John Clark recibió una llamada de la empresa Sea Engineering, una consultora de ingeniería especializada en oceanografía y costas. El motivo de la llamada era preguntarle si estaría dispuesto a participar en el estudio de impacto ambiental del proyecto de regeneración de la playa de Waikiki. Clark se encargaría de estudiar los diferentes usos de la playa a través de entrevistas con sus usuarios, con el objeto de valorar si el proyecto tendría algún impacto en sus actividades. En ese momento, Clark estaba a dos meses de retirarse del Departamento de Bomberos de Honolulu, después de treinta y tres años de servicio, y la propuesta de Sea Engineering era el tipo de trabajo de consultoría al que tenía pensado dedicarse una vez se retirase, así que aceptó la oferta.
Como primer paso, revisó la bibliografía existente con objeto de determinar qué actividades habían tenido lugar en la zona a lo largo de la historia. Una de sus fuentes de estudio fue la publicación "Sites of Oahu", escrita por Elspeth Sterling y Catherine Summers en 1962, para la editorial del Museo Bishop de Honolulu. Tras revisar del texto, le sorprendió que no había información sobre Waikiki. El prólogo explicaba el por qué: "no se proporciona información de Waikiki porque este área ha de ser objeto de un estudio individualizado". Desafortunadamente, Sterling y Summers nunca llegaron a hacerlo.
Encontró la información que buscaba dándole un pequeño giro a su investigación. Sabía que el nombre hawaiano de Gray's Beach, una de las ocho partes en las que se divide la playa de Waikiki, era Kawehewehe, así que decidió enfocar su búsqueda empleando los nombres hawaianos de los lugares. Para ello acudió a la web Ho'olaupa'i, en la que, y desde 2001, Dwayne Steele, Oswald Stender y Puakea Nogelmeier, apoyados por el filántropo Richard Dwayne "Nākila" Steele, habían ido volcando más de cien años de periódicos en hawaiano.
Buscando "Kawehewehe", Clark se sorprendió por la cantidad de entradas que aparecieron. Mientras leía todas las referencias, descubrió que Kawehewehe no era sólo el nombre de una playa, sino también el de un bosque de cocoteros, un spot de surf, un manantial y una pequeña aldea. Realizó más búsquedas con otros nombres de lugares de la playa de Waikiki, incluidas todas sus rompientes. La cantidad de documentación que había era impresionante. Todo la información recopilada, centrada en el surf hawaiano tradicional, y especialmente en su conexión con Waikiki, fue el inicio de “Hawaiian Surfriding. Traditions for the past”, el LIBRO.
Y lo escribo en mayúsculas porque, en “Hawaiian Surfriding”, Clark cuenta la historia del surf como nunca se había hecho y como siempre debería haberse realizado (o al menos tenido en cuenta). Hasta entonces las referencias antiguas al surf se basaban, además de en los diarios de la tripulación de las expediciones del capitán Cook, en las referencias de otros exploradores, misioneros, viajeros, escritores, periodistas, historiadores..., que siempre expusieron una visión "occidentalizada" de lo que era el surf. “Hawaiian Surfriding. Traditions for the past” narra esta historia tomando como base los testimonios de los propios hawaianos que practicaban surf, y que se encontraban recogidos en los periódicos publicados en hawaiano, el primero de ellos en 1834. Estos artículos, que emplean en su narración el lenguaje y la terminología del surf tradicional hawaiano, demostraban el profundo conocimiento que los surfistas locales tenían del océano, de lo desarrollado que estaba el proceso de construcción de tablas, y de la propia práctica del surf.
De entre toda la información recopilada por Clark, la más extensa proviene de hawaianos nativos como John Papa I'i, Samuel Kamakau, Zephrin Kepelino y David Malo, quienes en el siglo XIX documentaron extensamente la cultura de Hawaii antes de la llegada de los occidentales. Muchos de sus escritos fueron publicados, por capítulos, en los periódicos de lengua hawaiana durante el siglo XIX, y recopilados, ya en el siglo XX, gracias al trabajo de estudiosos como Mary Kawena Pukui, del Museo Bishop, que han permitido que los textos de I'i, Kamakau, Kepelino y Malo aparezcan recopilados en libros como "Fragments of Hawaiian History", de John Papa I'i; "The Works of the People of Old", de Samuel Kamakau; "Kepelino's Traditions of Hawaii", de Martha Beckwith; y "Hawaiian Antiques", de David Malo.
Además de éstas, Clark acudió entre otras a las obras de Abraham Fornander, publicadas en 1930; a "Hawaiian Romance of Lā'ieikawai", de Martha Beckwith, publicado en 1917; a la traducción de Puakea Nogelmeier de "Ka Mo'olelo o Hi'iakaikapoliopele" ("The Epic Tale of Hi'iakaikapoliopele"), publicada en 2006 por Awaiaulu Press; y a los llamados "kanikau", cánticos de luto publicados en los periódicos en hawaiano, en los que se honraba la memoria de un ser querido, y en los que era común contar la historia del difunto mediante una narración que recorría la comunidad donde vivía, repasaba los lugares que habían sido relevantes en su vida, y si la persona que murió era un surfista, referencias al surf como los nombres de playas, rompientes y manantiales donde los surfistas se enjuagaban después de surfear.
Hoy la web Ho'olaupa'i continua aumentando sus fondos, ahora con el impulso de Awaiaulu Inc. y del Bishop Museum. Ho'olaupa'i tiene una función de "búsqueda", que te permite acceder a su impresionante archivo. Se cree que, a la fecha, forman parte de los fondos de la web el 10% de los periódicos en hawaiano publicados entre 1834 y 1948.
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EL SIGNIFICADO DE KA PO'INA NALU Y HE'E NALU
En su obsesión por explorar y colonizar el Pacífico, los europeos consideraban a las islas como trozos de tierra aislados en el mar, limitados en recursos y riquezas, y al océano como un espacio que simplemente había que atravesar en el trayecto hacia el próximo descubrimiento. Esta perspectiva era totalmente la contraria a la que tenían los pueblos indígenas de la Polinesia, para los que el Océano (Moana) era una parte esencial en sus vidas. Representaba además la vía que unía las diferentes islas y pueblos, constituyéndose en su nexo de unión y en el elemento que les era común.
Junto con el Océano, el surf y la zona de rompientes "ka po'ina nalu" han jugado un papel relevante en la cultura y la sociedad polinesia durante al menos los últimos 1.000 años. De dicha relevancia fueron conscientes los occidentales desde su primer encuentro con los nativos, alabando su destreza en el mar y en las actividades de nadar, pescar, montar las olas y navegar. En la primera referencia escrita que se tiene sobre surf, datada el 28 de mayo de 1769, e incluida en los diarios de Joseph Banks, botánico del HMB Endeavour durante el primer viaje transpacífico de Cook, se contaba, en un escrito sobre la bahía de Matavai, en Tahití, lo siguiente:
“De regreso al barco vimos a varios indios divertirse de una manera realmente sorprendente. Se encontraban en un lugar en donde la costa no estaba protegida por el arrecife, por lo que un fuerte oleaje caía sobre la orilla, en el lugar más horrible que he visto nunca: ningún barco podría haberlo soportado, y si el mejor de nuestros nadadores hubiese sido expuesto a su furia, no se podría haber salvado de ahogarse, sobre todo porque la orilla estaba cubierta de guijarros y grandes piedras. Sin embargo, en medio de estas rompientes, nadaban 10 o 12 indios que cada vez que la ola rompía cerca de ellos se sumergían bajo ella con infinita facilidad, emergiendo al otro lado; pero su principal diversión tuvo lugar en una vieja canoa sobre la que nadaban mientras la ola se elevaba; luego uno o dos la cogieron avanzando en la dirección en la que la ola rompía, desplazándose con una increíble rapidez.
A veces eran arrastrados casi hasta tierra, pero generalmente la ola rompía sobre ellos antes de que estuvieran a mitad de camino. Entonces se daban la vuelta con la canoa en sus manos, y nadaban hacia fuera para repetir lo que acababan de hacer, como cuando nuestros jóvenes suben la colina en el parque de Greenwich sólo por el placer de rodar hacia abajo.
Nos quedamos admirando esta maravillosa escena durante media hora. Durante ese tiempo ninguno de los nativos intentó regresar a la orilla. Parecía que todos estaban muy entretenidos con su extraña diversión”.
Pero además, y para muchos nativos hawaianos, el surf ha sido la vía a través de la cual han entrado en contacto con su pasado precolonial, lo que ha dado a "he'e nalu" y a "ka po'ina naluun significado especial, al representar la parte de su cultura que sobrevivió al poder destructivo del colonialismo: "el surf ha sido parte de nuestra historia desde hace cientos de años; cuando surfeas te conectas espiritual y físicamente con todos los elementos que te rodean; es parte de ti, es algo hawaiano". David Malo, uno de los más reconocidos historiadores hawaianos del siglo XIX, describió el surf como el "deporte nacional de los hawaianos".
A través de los relatos tradicionales recuperados sobre surf, se sabe que el respeto mutuo en las olas, del mismo modo que la honestidad o la fidelidad, eran conceptos culturales muy importantes para los hawaianos. Para los surfistas antiguos, el surf, como actividad social, tenía en el respeto uno de sus principales principios. Y cuando algún surfista violaba los protocolos de respeto, su actitud, tal y como se cuenta en las historias de Malo. era respondida con tensión y rechazo.
Las historias recopiladas en “Hawaiian Surfriding. Traditions for the past” de John Clark, y el análisis que aporta el libro “Waves of Resistance”, del historiador hawaiano Isaiah Helekunihi Walker, rebelan como, durante los primeros años del siglo XX, los hawaianos nativos encontraron en el surf y las olas el refugio, la autonomía y la identidad que les negaban las nuevas costumbres y leyes impuestas por los "haoles" en tierra, que les marginaban en las esferas política, social y económica de las Islas. Surgió así un movimiento de resistencia a la invasión colonial de lo que en la lengua hawaiana se llamaba "ka po'ina nalu", la zona de surf. Movimientos similares se dieron en toda la Polinesia, aunque en estos casos con el océano y la playa como lugar de autonomía, resistencia y supervivencia, y en donde todavía era posible cuestionar, y cambiar, las jerarquías y categorías coloniales impuestas en tierra.
Mientras que las élites empresariales "haole" se instalaron en el gobierno, los hawaianos, desilusionados por el devenir político en las Islas, acudieron en tropel a las olas de Waikiki. Durante las décadas siguientes al derrocamiento del reino de Hawaii, la popularidad del surf revivió en Honolulu de manos de los nativos. Muchos hawaianos encontraron en el surf la válvula de escape ante las injusticias que sufrían y la conquista política de sus tierras. Surfistas hawaianos como George Freeth, los hermanos Kahanamoku, Kaupikos, Keaweamahis, y muchos otros, popularizaron el surf entre la población local, y llevaron el deporte a nuevas cotas. El resurgimiento de “he’e nalu” fue más evidente en las comunidades situadas cerca del océano, tal y como ocurrió en Waikiki.
Sin embargo, este reino "virtual" hawaiano se vio desafiado en mayo de 1908 cuando el escritor, fotógrafo y editor, Alexander Hume Ford, fundó en Waikiki el primer club de surf, el Outrigger Canoe and Surfboard Club, con el objetivo de “desarrollar el gran deporte del surfing en Hawaii”, pero desde una visión occidental, ajena a la tradiciones propias de las Islas.
La aparición del Outrigger fue vista por muchos hawaiianos como un intento de ocupar su lugar en las olas, tal y como anteriormente había ocurrido con la tierra, y las actividades del Club Outrigger, una alineación de su propia cultura. A partir de entonces, la zona de rompiente se convirtió en una zona de enfrentamiento y rivalidad.
Como respuesta a esta situación, en 1908, un grupo de surfistas hawaianos, liderados por Duke Kahanamoku, se unieron bajo la organización Hui Nalu, “Club de las Olas” en hawaiano, el primero fundado por nativos, para enfrentarse abiertamente con sus rivales del Outrigger Canoe and Surfboard Club. En contraposición a las lujosas instalaciones del Outrigger, el Hui Nalu tenía su sede bajó un árbol hau situado frente al Hotel Moana. Durante años, la rivalidad entre el Outrigger y el Hui Nalu fue manifiesta: "el Outrigger es para los haoles y hombres de negocios del centro de la ciudad. Ni todo el dinero del mundo serviría para que alguien entre en nuestro club si no creemos que lo merece”. Mientras el Outrigger ofrecía una visión más “occidentalizada” del surf, Hui Nalu buscaba proteger "ka po'ina nalu" (la zona de surf), garantizando la autoridad de la gente local el que era su dominio oceánico. Se revelaban también contra la teoría ”romántica”, difundida por los "haloes", de que el surf era un deporte muerto que había sido rescatado del olvido por los occidentales. La labor del Hui Nalu fue fundamental para el resurgir del surf en las Islas, pero subrayando el pasado y tradiciones propias de Hawaii.
Es en estos años cuando muchos americanos empezaron a llegar a Hawaii para disfrutar de su clima y cultura, animados por los artículos de revistas y periódicos que describían sus bondades. Entre los relatos más entusiastas, y que tuvieron mayor difusión, estuvo el de Jack London, que supuso un punto de inflexión en la difusión del surf en la sociedad americana de principios del siglo XX. Durante los primeros años del nuevo siglo, los vínculos entre turismo y surf crecieron exponencialmente. El surf se convirtió en la carta de presentación de las Islas, y los gobernantes y empresarios reconocieron rápidamente el valor que la imagen del surf tenía para sus intereses, imprimiéndose imágenes de surfistas en estampados, grabados, postales, anuncios…
La industria turística se esforzó en hacer llegar a los visitantes el mensaje de que los nativos de Hawaii eran unos anfitriones tranquilos y serviciales. Escritores locales, como Haunani-Kay Trask, criticaron y denunciaron esta táctica. En su ensayo "From a Native Daughter", Trask condenaba duramente a la industria turística, calificándola como "un proxeneta que prostituye a Hawaii, su cultura y su gente", y a su mensaje, "inventado para atraer visitantes y desacreditar la resistencia de los nativos a la industria turística". En las campañas publicitarias, que se convirtieron en la imagen de las Islas, los hombres hawaianos se volvieron casi invisibles frente a las atractivas nativas que protagonizaban los anuncios; Hollywood contribuyó también al mensaje con las denominadas películas de los "Mares del Sur", muy populares desde 1920, y en las que en filmes como "Wake of the Red Witch", "Bird of Paradise" y muchas otras, los hombres hawaianos eran representados como sumisos e incapaces frente a los héroes estadounidenses, fuertes, astutos y atractivos. Muchos interpretaron, en estas caracterizaciones, la intención, por parte del gobierno, de "mutilar" a los nativos hawaianos, volviéndolos casi invisibles, o mostrándolos como personajes insignificantes en su propia sociedad.
Fue tal el impacto de estas campañas publicitarias, que el surf pasó a ser una moda: en Hawaii cientos de “haoles“, llegados del continente, aprendían a hacer surf de la mano de surfistas locales, que solían trabajar para los hoteles, y que pasaron a ser conocidos como “Beachboys". Pero los "Beachboys" no sólo ejercían de monitores de surf, sino también como guías de la isla, socorristas, niñeras…, adoptando roles que no se les suponían: tuvieron relaciones sexuales con mujeres blancas, administraban lucrativos negocios en las playas, golpearon a soldados estadounidenses y europeos, y dictaron lo que los "haole" podían y no podían hacer en sus olas. Y todo esto a la vista del público. Aunque los discursos racistas y las leyes estadounidenses desalentaban gran parte de este tipo de comportamientos en tierra, "ka po'ina nalu" se convirtió en el lugar en donde los locales, en particular los Beachboys, rompían regular y visiblemente las categorías sociales coloniales.
Sin embargo el impulso inicial de Hui Nalu fue diluyéndose con el tiempo. Duke Kahanamotu se convirtió en miembro honorario del Outrigger en 1917. Le seguirían otros miembros de Hui Nalu. "¿Qué paso con Hui Nalu?", le preguntó Sam Reid a Duke en 1968. "En el momento en el que se cortó nuestro árbol de hau, el símbolo que nos unía a nuestra tierra, el Club desapareció. Eso es lo que nos pasó a los hawaianos".
Los pasos iniciados por Hui Nalu fueron posteriormente seguidos por organizaciones como Save Our Surf, en la década de los 60; por surfistas como Eddie Aikau, que se convirtió en uno de los máximos responsables de la recuperación del orgullo hawaiano, al inspirar a toda una nueva generación en el orgullo de su cultura, identidad y tradiciones; y organizaciones como Hui O He'e Nalu, formada en 1976, en respuesta a la creciente industria del surf profesional que amenazaba con excluir a los surfistas locales de sus propias playas.
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SAVE OUR SURF
Save Our Surf (SOS) fue una organización formada principalmente por surfistas, creada en 1964, que tenía como objetivo proteger las olas y la costa hawaiana del desarrollo excesivo al que se veían amenazadas en aquellos años. Los líderes de esta organización, con John Kelly a la cabeza, combinaron el marxismo y el orgullo cultural hawaiano para crear un grupo que acabó siendo muy influyente, y especialmente activo, a nivel político. Sus protestas detuvieron numerosos proyectos que amenazaban playas y rompientes. Regularmente organizaban mítines y protestas ante el Capitolio del estado de Hawaii, logrando importantes cambios en la legislación medioambiental en las Islas.
A principios de los sesenta, y aunque las Islas habían experimentado un desarrollo urbanístico importante pero descuidado, quedaban muchas cosas por hacer: la ciudad y el condado de Honolulu no tenían instalaciones de tratamiento de agua; se estaba tramitando un proyecto para dragar gran parte del lado este de Diamond Head, y emplear la arena para ampliar la playa de Waikiki, con el objetivo de atraer a un mayor número de turistas; no existía una ley que protegiese la costa; muchos agricultores nativos era expulsados de sus tierra para el desarrollo de nuevos proyectos urbanísticos y de infraestructuras...
Esta situación fue la que llevó a John Kelly a crear SOS: "Hawaii estaba en un momento crítico cuando comenzamos con las actividades de Save Our Surf a principios de la década de 1960. El proyecto de las autopistas que cruzaban la Isla, amenazaba con destruir algunas viejas comunidades que se habían mantenido durante años. Waikikí se estaba convirtiendo en una verdadera jungla de hormigón. Los valores familiares hawaianos estaban desapareciendo. Nuestros amigos surfistas eran reclutados para luchar en una guerra lejana, y llegaban a casa deprimidos, si es que sobrevivían".
Uno de los testigos de excepción de todo el fenómeno que acompaño a SOS, fue el fotógrafo Ed Greevy. "En 1970 recibí una carta de Doug Frisk. Doug era el editor de la revista Surfing. Estaban muy interesados en conocer proyectos de tipo ambiental ante las amenazas que sufrían lugares como Dana Point y Malibu. Doug me preguntó: "¿Has escuchado hablar alguna vez de SOS? No sabía de qué me estaba hablando, pero al día siguiente, en una tienda de fotografía de Waikiki, vi un póster de los que la organización hacia a mano, en el que se anunciaba la próxima reunión de SOS en Black Point".
Greevy asistió a la que era una de las reuniones semanales de SOS, que tenían lugar todos los miércoles en la casa de Kelly. En aquella reunión se estaba organizando la que iba a ser la primera gran protesta ante el recientemente creado Capitolio del Estado de Hawaii, en el centro de Honolulu.
Una de las cosas que más llamó la atención de Greevy fue que la mayoría de los asistentes eran adolescentes, y que todos demostraban tener conocimientos en temas muy diversos: lo mismo debatían sobre instalaciones de tratamiento de agua, como presentaban informes en los que se analizaba la proporción de personas en la playa en comparación con las que estaban en el agua, para así mostrar a las autoridades la importancia económica y cultural del surf. Uno de esos jóvenes era el abogado laboral local Wayson Chow: "yo era solo un adolescente que quería surfear, pero los propietarios de las tierras de la península de Wailupe cerraron un día el acceso a la playa. Estaba cabreado, y fui a una reunión de Save Our Surf". Como Chow, muchos otros adolescentes hawaianos se unieron a SOS, y con sus escasos medios, sus panfletos hechos a mano, pero una gran determinación, lograron crear una verdadera conciencia ambiental en la comunidad y en toda una generación.
Semanas más tarde tuvo lugar la manifestación el el Capitolio. "Fue increíble. Nadie había visto algo así. El Capitolio se había inaugurado hacia unos pocos años y nunca había habido una gran manifestación. SOS logró reunir a casi tres mil personas, en su mayoría adolescentes. Mike Moriarty ejerció de maestro de ceremonias. Cuando se informó a la gente allí concentrada que nadie los iba a recibir, cogió el micrófono y dijo, "a la de 3, hay que gritar, saltar y hacer todo el ruido posible para que nos escuchen. ¡¡¡1, 2, 3 !!!" Durante varios minutos el ruido fue muy intenso. Los agentes de Seguridad del Capitolio se acercaron y nos dijeron: "Por favor, tenéis que parar, los trabajadores de la planta baja y el sótano creen que las paredes se van a romper. Finalmente nos recibieron".
En relativamente poco tiempo SOS pasó de unos inicios modestos, a tener una gran influencia: lograron parar el proyecto que pretendía construir tres hoteles sobre el arrecife de Ala Moana; consiguieron que se creara una zona verde de 140 acres en el barrio de Sand Island, en el lugar en donde se quería construir un polígono industrial; lograron que se aprobara una ley que prohibió la construcción de edificaciones pegadas a la costa; paralizaron el proyecto de la ampliación de la playa de Waikiki; consiguieron que se redactase un inventario estatal de rompientes, muchas de ellas en peligro...
En 1971, Stuart Udall, Secretario de Interior del presidente John F. Kennedy, escribió un artículo sobre SOS en el periódico Honolulu Advertiser: "Los jóvenes brigadieres de Kelly toman datos, preparan informes y se reúnen con los ingenieros del gobierno y los constructores. SOS es una fuerza que hay que tener en cuenta en Hawaii, y mi opinión es que los especuladores y los funcionarios miopes serán "vencidos" por los jóvenes surfistas si continúan con sus viejas costumbres".
Las acciones de SOS tuvieron efectos no solo ambientales, sino también culturales y sociales. Sus victorias fueron vividas por la sociedad hawaiana como verdaderos triunfos de la comunidad, y supusieron una especie de renacimiento del orgullo hawaiano, con un alcance que fue más allá de la protección de las rompientes.
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HUI O HE'E NALU
Hasta 1975, las olas de la North Shore había estado dominadas por surfistas hawaianos como Jeff Hakman, Larry Bertlemann, “Owl” Chapman, Rory Russell, Gerry López, Barry Kanaiaupuni, Eddie Aikau o Reno Abellira. Pero en el invierno de 1975-76, los sudafricanos Shaun y Mike Tomson, y un grupo de australianos liderados por el Wayne "Rabbit" Bartholomew, Terry Fitzgerald, Mark Richards y Michael Peterson, revolucionaron la manera de surfear Pipeline. Su estilo, lleno de agresividad, pronto fue llamado por la revista Surfer como el “backside attack”. Esta manera de atacar las olas no solo llevó a Shaun Tomson a ganar el Pipeline Masters de ese año; el también australiano Ian Crains ganaba el Duke Kahanamoku Classic en Sunset Beach, y Mark Richards, el Smirnoff de Waimea Bay y la Lancers World Cup de Haleiwa.
Al concluir la temporada, "Rabbit" Bartholomew escribió un artículo para la revista Surfer titulado "Bustin 'Down the Door" en el que ensalzaba, de modo eufórico, el nuevo modo de encarar las olas (lo podéis leer pulsando AQUÍ). En un texto lleno de jerga surfística casi ininteligible para un lector normal, "Rabbit" Bartholomew afirmaba que las innovaciones que los australianos habían introducido en el surf durante ese invierno, frente al inmovilismo de la tradición hawaiana de los últimos mil años, darían al surf el reconocimiento que merecía ante el gran público como deporte. "El surf moderno es el ejemplo de cómo todavía se pueden expandir los límites. Esta evolución no acaba más que empezar, es todavía joven. Cuando el surf se hizo popular, hace aproximadamente unos veinte años, las maniobras que se realizaban en la ola eran bastante básicas, ya que la pura novedad de deslizarse ya era en sí mismo un gran logro".
Para los hawaianos las palabras "joven" y "básico", referidas al surf, no sólo resultaban ridículas, sino también insultantes, y fueron interpretadas por muchos como una falta de respeto no solo hacia ellos como surfistas, sino también hacia su cultura y sus antepasados. Las declaraciones de "Rabbit" Bartholomew fueron la gota que colmó el vaso de la arrogancia que los australianos habían desplegado en el agua durante el invierno anterior, y que muchos hawaianos habían sentido como una actitud que rozaba el racismo. "El problema de los australianos fue que llegaron a Hawaii y pensaron: "vamos a quitar a los hawaianos de en medio"..., porque ese es el modo en cómo han sido educados allí: nos vieron como aborígenes, y pensaron que necesariamente teníamos que estar en un nivel inferior al suyo. Creyeron que, como hombres blancos, les correspondía gobernar las olas, a lo que nosotros respondimos que eso no iba a suceder", - contaba Terry Ahue -.
Si no hubiese suficiente con el mal ambiente creado por los australianos, a principios de 1976, la International Professional Surfing (IPS) de Fred Hemmings, organización predecesora de la ASP y la actual WSL, convertió a la North Shore en la etapa más importante del tour mundial, firmando con las autoridades locales un acuerdo para la organización, en exclusiva, de varios eventos. Los campeonatos serían además televisados por las tres principales cadenas de televisión americanas (la ABC, la CBS y la NBC). El acuerdo, que suponía la ocupación de varios spots durante varias semanas, ignoraba sobre manera los intereses locales y la presencia de surfistas hawaianos en las pruebas. El número de eventos, en olas como Pipeline y Sunset, pasó de 4 a 24 en sólo un año. El aumento del número de campeonatos suponía para los locales no poder entrar en esas playas mientras se celebrasen las competiciones, a menos que estuviesen inscritos. Para colmo, y antes de que comenzase la temporada, la mayor atención de los medios dio lugar a que llegasen a las Islas un número de surfistas y turistas hasta entonces nunca vistos, deseosos de vivir la "experiencia hawaiana".
En este ambiente, un grupo de no más 40 surfistas, entre los que había hawaianos nativos y no hawaianos, se reunieron en Sunset Beach para crear la organización Hui O He'e Nalu. Bajo su punto de vista lo que estaba sucediendo era insostenible. La actitud de los australianos era un atentado contra su orgullo cultural, y los acuerdos firmados por la IPS con el gobierno hawaiano suponían un golpe al control local que hasta entonces se había mantenido sobre las olas de la North Shore. Lo ocurrido fue interpretado por los Hui como un nuevo capítulo del proceso de colonialismo sufrido por las Islas en décadas pasadas, y una evidencia del interés de los empresarios extranjeros por sacar un beneficio económico del uso de las rompientes. Sentían que si no se resistían a este comercialismo creciente, la North Shore se convertiría pronto en otra ciudad superpoblada como Waikiki.
Pronto los Hui relacionaron sus acciones con algunos de los acontecimientos ocurridos a finales del siglo XIX, cuando el reino de Hawaii fue derrocado. Forzando las similitudes, uno de los miembros de los Hui, Billy Ho'ola'e Blankenfeld, definió a los directivos de la IPS como un grupo de empresarios explotadores que lo único que buscaban era su beneficio económico personal. "Era inconcebible para su modo de pensar devolver algo a la comunidad. Nos estaban robando, del mismo modo que sucedió con los misioneros, que se acabaron convirtiendo en hombres de negocios y engañaron al pueblo hawaiano". A medida que sus planteamientos y actividades se conocieron, el número de miembros y simpatizantes aumentó.
Las protestas de los Hui, que eran conocidos también como los Black Short, por sus bañadores de color negro con dos rayas, una amarilla y otra roja, comenzaron con las llamadas "sentadas de surf", que fueron especialmente frecuentes durante los años 1977 y 1978. En las "sentadas", los miembros de la organización entraban remando a la zona de competición, en donde se permanecían sentados sobre sus tablas. También organizaron limpiezas de playa, denunciando la sobreexplotación turística de la costa, organizaron campeonatos sólo para locales, y apoyaron a jóvenes surfistas sin recursos. Pero en ocasiones sus acciones concluían en actos violentos, con peleas entre haloes y hawaianos.
Uno de estos actos violentos lo sufrió el propio "Rabbit Bartholomew" a principios de 1977. Un grupo de surfistas hawaianos atacó a Bartholomew en Sunset Beach, llegando a sumergirlo durante varios segundos bajo el agua. Ya en la orilla, le invitaron a que abandonara la North Shore y a que no volviese jamás. Se cuenta que, de modo simbólico, un local le dio una copia del libro "Hawaii" de James Michener para que entendiera las razones que les llevaban a actuar así. Aterrorizado, "Rabbit" y sus amigos se encerraron en la habitación del complejo Kuilima en el que se alojaban. Fue tal el grado de amenaza que sintieron, que se dice que durante su encierro hacían turnos de vigilancia, con una raqueta de tenis como único arma (en 1996, en unas declaraciones muy poco afortunadas que volvían a hacer referencia al pasado histórico de las Islas, el propio "Rabbit" Bartholomew dijo haberse sentido durante esos días como una especie de capitán James Cook antes de ser asesinado en la playa de Kealakekua).
"Rabbit" y Ian Cairns pasaron varias semanas encerrados, hasta que Eddie Aikua fue a visitarlos. El escrito Stuart Coleman, que estuvo presente durante la visita de Aikua, cuenta que Eddie se sentó con "Rabbit" y Cairns, y les habló de la explotación sufrida por los hawaianos a lo largo de la historia por parte de los occidentales, de la importancia del surf en su cultura, y como su actitud en las olas, y hacia los hawaianos, representaba una falta de respeto que les recordaba a episodios violentos sufridos por sus antepasados durante el siglo XIX. Tras las palabras de Eddie, "Rabbit" Bartholomew se disculpó. Eddie organizó una reunión entre los surfistas australianos y los locales. La tensión al principio era inmensa, pero las partes finalmente hicieron las paces.
Del mismo modo que ocurrió con "Rabbit" Bartholomew y los locales, y gracias a las cesiones de unos y otros, la calma volvió también a los campeonatos de surf en 1978, tras el acuerdo entre la IPS y Hui O He'e Nalu que supuso la reducción del número de campeonatos, y que varios hawaianos entrasen a trabajar en la propia IPS como servicio de seguridad y socorrismo en todos los eventos.
A pesar de sus logros, y de presentarse como los defensores de la libertad del pueblo hawaiano, algunos miembros de los Hui se hicieron realmente populares cuando, a mediados de los años ochenta, los periódicos Honolulu Advertiser y Honolulu Star-Bulletin siguieron el juicio contra dos miembros de los Hui arrestados por tráfico de drogas. Los periódicos los presentaron como miembros de una banda de "traficantes violentos", e incluso "terroristas". Los artículos describían sus prácticas extorsionadoras y repasaban sus episodios violentos. El propio Hemmings denunció que los empleos dados a miembros de Hui en labores de seguridad y socorrismo en los campeonatos fueron producto de las extorsiones. Hemmings identificó a Pops Aikau como el líder de la organización, y los calificó como un grupo "criminal y corrupto". En 2009, el New York Times asemejaba a los Hui a una "mafia de las olas", y daba a conocer a un nuevo grupo, si cabe más violento, denominados los "Wolfpack", con Kala Alexander como cara más visible.
La difusión de la imagen de los Hui como "grupo violento" fue interpretaba por muchos como un nuevo intento de socavar la resistencia hawaiana y preservar el status quo donde los haole dominaban y los hawaianos eran marginados. Aunque estas etiquetas limitaron al éxito de los Hui, la realidad es que la propia organización también utilizó estos estereotipos a su favor para lograr sus objetivos. La etiqueta "terrorista" ayudó y frenó a los Hui.
A nivel de competición, y tras sus acciones de presión, muchos de los acuerdos alcanzados en 1978 entre la IPS y los Hui continúan estando en vigor en los eventos de la WSL que tienen lugar en Hawaii. Algunos de ellos, recogidos en el Rule Book del circuito, tienen especial valor simbólico para los hawaianos. Este es el caso del artículo 3.01 que dice: "el número de eventos del circuito CT se limita a 13 por año, con un número limitado de eventos por país a decisión de la WSL. Tahití, Reunión, Hawaii y otros lugares, son reconocidos por la WSL, para esta cuestión, como países" (el artículo 3.01 es especialmente relevante en el plano político, porque reconoce a Hawaii, aunque sea solo en el mundo del surf (un mundo especialmente relevante para los hawaianos), como una nación independiente de los EE.UU.).
El resto de normas buscan reducir la duración de los campeonatos que tienen lugar en las Islas, y asegurar una presencia relevante en estos eventos de surfistas hawaianos. Repasamos algunas de ellas:
-Salvo en las pruebas del circuito CT, todos los eventos que tienen lugar en Hawaii no se desarrollan bajo el formato "men to men", debiendo todas las mangas, incluida la final, estar formada por cuatro surfistas. En las pruebas del circuito CT las primeras mangas se celebrarán con el formato de doble pico.
-La duración de los eventos, independientemente del periodo de espera, se reduce a 3 o 4 días según los permisos que se logren de las autoridades locales (he leído incluso que nunca habrá competición en domingo).
-Cuando un evento se programe para celebrarse en 3 días, el formato será el de 96 o 112 personas. Cuando se programe en 4 días, el formato será el de 128 personas.
-En los eventos QS de formato 96 personas (no aplica a los QS 10000), la lista de inscritos seguirá el siguiente orden: 16 surfistas locales, y resto de competidores según el artículo 45.01 del Rule Book. En los eventos QS de formato superior a 96 personas, el criterio de selección será el fijado por la WSL (lo deja abierto a negociación, pero lo normal es que los eventos QS, de menor rango que los 10000, duren 3 días y el formato sea el de 96 personas).
-En los QS 10000 que se celebren en Hawaii, la lista de inscritos seguirá el siguiente orden: en la ronda de 64, los 22 primeros del ranking CT, los 6 primeros del QS y 4 wildcards.
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EDDIE AIKUA
Uno de los adolescentes que acompañaron a John Kelly en las acciones de SOS era Eddie Aikua. A través de Kelly, Aikua conoció algunos de los capítulos más tristes de la historia de Hawaii, y tomó conciencia de las penalidades por las que había pasado sus antepasados desde la llegada de los misioneros europeos a principios del siglo XIX. Lo contado por Kelly contradecía la historia de una anexión libre de conflictos que les habían enseñado en la escuela, y daba de pronto sentido a muchas de las cosas que ocurrían en las Islas, y que mostraban un presente sombrío: las consecuencias sin evaluar que podrían tener las pruebas de armas nucleares del ejército de los EE. UU. en la isla de Kaho'olawe; como las plantaciones masivas de caña de azúcar y piña, habían reemplazado a la agricultura sostenible propia de las Islas, y estaban poniendo en peligro el suministro de agua dulce...; el desarrollo urbanístico y de infraestructuras sin control que amenaza con destruir lugares claves de la cultura de las Islas... Poco a poco Eddie fue tomando conciencia de cómo Hawaii se estaba transformado en América, dando la espalda a su pasado y a los intereses de su población nativa.
Cuando Eddie ganó el Duke Kahanamoku Classic en 1977, cumplía el que había sido uno de los sueños de su vida. Duke era el héroe de Eddie. Para ambos, el surf era una expresión de su identidad cultural, y una forma de ganarse el respeto en la sociedad hawaiana. "Cogiendo esas olas, no trataba de arriesgar su vida o desafiar la muerte", le dijo la esposa de Eddie, Linda, al periodista Stuart Coleman. "Ganar el Duke fue para él una forma de sentirse digno. Quería lograrlo para los hawaianos".
Aunque existen similitudes entre las trayectorias vitales de Eddie y Duke, la vida de Eddie fuera del surf tuvo un enfoque más anticolonial, participando activamente en el movimiento que, en la década de los 70, propulsó el renacer de la cultura hawaiana. En 1977, uno de los símbolos más visibles de ese movimiento cultural y político era "Hōkūle'a" ("estrella de la alegría" en hawaiano), una canoa de doble casco de sesenta y dos pies y ocho toneladas de peso, construida a la manera de los antiguas embarcaciones polinesias.
Como principales impulsores del proyecto estaban el antropólogo Ben Finney, el artista hawaiano Herb Kane, y Tommy Holmes. Antes de "Hōkūle'a", la mayoría de los historiadores y antropólogos afirmaban que los polinesios habían llegado navegando a Hawaii de modo accidental. Esta teoría se basaba en la creencia de que los antiguos polinesios no tenían conocimientos suficientes en navegación como para haber hecho estos viajes intencionadamente. Para rebatir esta idea, Finney, Kane y Holmes fundaron, en 1973, la Polynesian Voyaging Society, y comenzaron la construcción de un barco que probaría que los polinesios, hace más de 1.500 años, y probablemente desde Tahití y las Marquesas, habían llegado hasta Hawaii, navegando las 2.500 millas de distancia que los separaban de las islas, sin la ayuda de accesorios de metal, ni brújula, ni sextante.
En 1975 se concluyó la construcción de "Hōkūle'a", y en 1976 realizó su primer viaje desde Hawaii a Tahití empleando sólo técnicas de navegación tradicionales. Algunos de los tripulantes de "Hōkūle'a" eran reconocidos surfistas hawaianos, muchos de ellos miembros fundadores de Hui O He'e Nalu. "El haber logrado con éxito seguir la ruta desde Rarotonga (en las Islas Cook) hasta Aotearoa (es el nombre maorí de Nueva Zelanda), y entre Hawaii y Tahití, demuestra que, ésta y otras rutas que comunicaban pueblos polinesios separados por miles de millas, eran posibles de ser abordardas con las canoas y los métodos tradicionales de navegación polinesios", escribió Ben Finney tras el primer viaje.
En 1978 Eddie Aikau se convirtió en miembro de la tripulación de "Hōkūle'a" en el segundo de los viajes a Tahití. Aikau fue seleccionado como miembro de la tripulación debido a su profundo conocimiento del océano y a que estaba reconocido como uno de los mejores socorristas del mundo. El día en que debía de iniciarse la singladura, el capitán Dave Lyman y el navegante Nainoa Thompson dudaron en partir ante una previsión meteorológica que anunciaba vientos de 35 millas por hora y olas de entre 8 y 10 pies. Pero 10.000 espectadores se habían reunido para celebrar la salida, por lo que al atardecer del 16 de marzo de 1978, "Hōkūle'a" tomó rumbo a Tahití a través del Canal de Kealaikahiki.
Durante la noche "Hōkūle'a" tuvo que hacer frente a olas de quince pies. La embarcación comenzó a escorarse debido a una vía de agua. La tripulación asustada, se juntó a un lado de la nave con la idea de equilibrar la escora del barco con su propio peso. Pero alrededor de la medianoche, una ola enorme volcó la canoa, y arrojó a la tripulación al agua, destruyendo la radio. La tripulación se aferró a la canoa. Su esperanza era que algún avión los avistase, pero el viento y las olas los alejaban de las Islas. Olas enormes continuaron golpeando al barco. Los miembros de la tripulación menos expertos estaban mareados y exhaustos. Eddie pidió permiso al capitán para coger su tabla de surf y recorrer los 20 kilómetros que los separaban de tierra para pedir ayuda. El capitán Lyman se negó en un primer momento, hasta que, al no ver ninguna otra opción de rescate, le dio permiso a Eddie para irse.
Nainoa Thompson recuerda la imagen de Eddie poniéndose un chaleco salvavidas antes de partir, "después se fue remando. Nadé hacia él. No me gustaba nada la idea, pero estábamos cansados y desesperados. Emocionalmente fue un momento terrible. Pero él era un hombre milagroso: podía hacer cualquier cosa. Si el decía que podría ir hasta Lāna'i, todos sabíamos que lo lograría, que iría. El gesto de Eddie tuvo para todos un significado muy profundo. Eddie no solo intentó rescatar a la tripulación de Hokule'a , sino también el simbolismo y la dignidad que representaba el barco, que se había convertido en el orgullo de su gente".
La tripulación fue rescatada por un buque de la Guardia Costera. El cuerpo de Eddie nunca se encontró.
Hoy su legado se conmemora en el Eddie Aikau Big Wave Invitational. El campeonato se celebra en la bahía de Waimea, en donde Eddie trabajó muchos años como socorrista. Los participantes son elegidos por miembros de la familia Aikau, y para que tenga lugar, las olas han de superar los 6 metros. En la primera edición, en 1985, las olas eran especialmente grandes. Ante las dudas de lanzar el campeonato, Mark Foo insistió en entrar al agua, diciéndoles a los organizadores la famosa frase: "Eddie would go".
Durante sus nueve años como socorrista en la North Shore, Eddie intervino en más de 500 rescates. Nadie murió durante sus guardias.