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16.11.14

HISTORIAS. Veo olas # 5.


Más que olas,
lo que veo son series
perfectamente ordenadas
acercándose a la costa.

¡Qué ganas de ir al agua!

Mañana toca.

23.7.14

LETRAS. 1356.










Se trata de una de las cosas más extrañas que hemos encontrado flotando en el mar. De hecho cuando llegué a casa y lo vi sobre la mesa de fuera pensé ¿qué es eso? Y no es que un libro sea un objeto como común, pero nunca me imaginé encontrar a uno flotando en el mar. Por su aspecto además no parecía que el libro acabase de caer al agua, sino que debería de llevar a remojo ya varios días. Había aumentado su volumen, perdido sus pastas, y la gran mayoría de las hojas parecían retorcerse fruto de la acción combinada de la humedad y el sol, dándole al libro un aspecto desvencijado pero interesante.

De una primera ojeada no reconocí al autor ni el título, pero buscando en internet descubrí que se trata de la nueva novela del escritor británico Bernard Cornwell, 1356, recientemente editada. El ejemplar encontrado es una versión inglesa de la novela lo que me hace suponer que el libro procederá de algún velero que fondeó en la ría de Ares, en donde se encontró, y a cuyos dueños se le debió de caer al mar.

En el libro se narra la batalla de Poitiers, ocurrida el 19 de septiembre de 1356, en donde los ingleses consiguieron una de sus grandes victorias sobre los franceses en la denominada Guerra de los Cien Años. 

11.5.14

HISTORIAS. Veo olas # 3.


De entre las muchas maderas que solemos recoger en la playa, una me llamó especialmente la atención. La tabla estaba perfectamente aserrada por cinco de sus seis caras. Sin embargo, en una de ellas mantenía la forma del tronco al que un día había pertenecido. Una cara de forma redondeada, sin corteza, de la que sobresalía el que fue el arranque de una rama. 

Al cogerla y verla de canto, una imagen me vino automáticamente a la mente: aquella superficie parecía una ola curvándose, en contacto con el fondo, un momento antes de lanzar un tubo perfecto.

Será imaginación. Ganas de coger olas. Lo que estoy seguro es que esta asociación posiblemente no la habría hecho si no hubiese visto antes algunas de las imágenes que, con el título I see waves, se publican de vez en cuando en el blog quality peoples. Hay olas por todas partes, incluso fuera del mar. Sólo tenemos que buscarlas.

26.4.12

HISTORIAS. Veo olas #2.



Veo olas. 

Y es que es inevitable no imaginárselas en días como estos en los que el mar desordenado se ha convertido en lo habitual. 

Y ya que en el mar es difícil encontrarlas, habrá que buscarlas en tierra, en donde a veces los granos de arena se ordenan tomando el aspecto de un grupo de ondas que avanzan hacia la costa. Perfectamente alineadas, adaptándose en su avance a la forma del fondo, y justo antes de convertirse en rompientes.





4.2.12

HISTORIAS. Veo olas #1.



Veo olas. Cuando por el motivo que sea uno no se puede acercar al mar todo lo que quisiera, la imaginación le lleva a buscarlas donde sea. Tal y como nos contaba Miguel Camarero ya hace unos meses en el blog "un observador objetivo vería nuestro disfrute en la observación de la mar como una obsesión enfermiza. La atracción que la mar ejerce en cualquier persona, y que se agudiza en los ribereños, se convierte en obsesión en los surfistas. Es así que hasta un badén en la carretera te puede despertar el gusanillo. Como leí de Carlos Bremón, desde que te deslizas en tu primera ola, estás tocado; desde ese momento ya no puedes evitar cada vez que ves una ola, calcular su inclinación, el punto suficiente de pendiente, la salida a izquierdas o derechas, como volver a entrar, las corrientes, mareas, ….Has entrado en un mundo sin dimensiones, o mejor dicho, en un mundo en el que las dimensiones dependen de tu imaginación. Dicho con pompa científica, has caído en el universo del movimiento ondulatorio: surfeas olas en los rápidos de los ríos en Canadá; coges las que rompen en la bancada de hielo de los grandes Bancos; remas las inmensas olas de la mar de leva en un tifón al sudeste del Japón; acompañas a los delfines en la ola de proa, y a las ballenas corriéndolas en un luminoso temporal en Sudáfrica; te sumerges en los perfectos tubos que una pedrada provoca en la orilla de un charco". 

Es así que en días helados como estos, resulta imposible no imaginar esta foto tomada en la expedición que llevó a Scott hasta el Polo Sur, un tubo perfecto. Y es que el mundo está lleno de olas imposibles, esperando a ser descubiertas por nuestra imaginación. Y para imaginación la de los responsables de este blog, sin duda unos grandes buscadores.

Y continuando con olas y lugares imposibles hoy he descubierto esta página de título "océanos no preconcebidos". Estoy si que es frío y motivación para surfear.