Una de las grandes incógnitas y polémicas que siguen abiertas de la historia del surf, y que incluso ha valido para un artículo en el periódico Los Ángeles Times, es la de quién fue el responsable de la invención de los trajes de neopreno. Bob Meistrell, gerente de la marca Body Globe, dice que el inventor fue él. El legendario Jack O´Neill también dice que fue él. Y por último, Hugh Bradner, un físico de la universidad de Berkeley, es quien se atribuye la invención, calificando a Bob Meistrell y Jack O’Neill como hombres de negocios que han sabido explotar comercialmente su invento. La verdad es que al menos el primero en patentar la idea fue Jack O´Neill quien en el año 1971 patentó los trajes de neopreno para surf, además de otras prendas como un traje de foam y la chaquetilla de surf.Independientemente de quien fuese su creador, el neopreno como material nació de una invención militar durante la Segunda Guerra Mundial fruto de las investigaciones del ejercito con distintos tipos de gomas y plásticos. Hoy sus aplicaciones son muy variadas en campos como el industrial, construcción, ...
Aplicado al surf el neopreno nos abriga y nos permite prolongar las sesiones de surf durante horas. Entre nuestro cuerpo y el tejido del traje queda atrapada una fina capa de agua que nos aísla de la temperatura exterior y del mar al reducir la perdida de calor corporal. El grosor del neopreno es lo principalmente hace que el traje abrigue más o menos. Hoy el desarrollo tecnológico ha permitido la creación de nuevos materiales que han reducido el peso y aumentado la elasticidad. Sin embargo la realidad hace 40 años era bien diferente. Primero porque no existían los trajes de surf, y segundo porque cuando aparecieron aquellos primeros trajes eran gruesas y rígidas corazas. Esta rigidez se traducía, además de en una importante falta de movilidad, en que los surfistas sufrían múltiples heridas provocadas por el roce de los trajes con su cuerpo. Tal y como recuerdan los hermanos Antón “a finales de los setenta no teníamos más remedio que surfear a pelo o con trajes de buzo modificados que nos hacían profundos cortes en las axilas”. La falta de calidad de los trajes se veía además potenciada por otro factor muy importante. Durante aquellos primeros años el número de surfistas en la playa era frecuentemente mayor que el de tablas, lo que les obligaba a entrar en el agua por turnos. Las esperas en el verano se solventaban sin problemas, pero en invierno las cosas eran diferentes. Para soportar mejor la espera se acudía a una protección térmica adicional a base de jerséis de lana o camisetas, remedio que creían aguantaba un poco más el calor corporal de los sufridos surfistas.
Rufino fue el primero en arriesgar un dinero trayendo trajes de neopreno que los demás compraban. Tito comenzó a fabricar sus propios trajes. Así recuerda aquellos años Carlos Bremón. “Gracias a Rufino, pude prescindir de la chaqueta de buceador con cola de nutría que había recibido en empréstito de una amiga a cuyos hijos había dado clase de natación, después de verme en una fría tarde de diciembre saliendo del agua completamente congelado, tras haber estadi una hora “a pelo” en Santa Cristina”.
A principios de los ochenta llegarían los primeros trajes de surf específicos. “Mi primer traje de surf –recuerda Keko Montalvo- fue un Aleeda que le compramos a Juan Chedas. Fue un regalo de mi hermano Fernando. Recuerdo también que Nano y Fernando pidieron una vez a Alemania unos trajes Body Globe que habían visto en una revista de windsurf o que Carlos Bremón tenía un traje O’Neill azul, para nosotros “el traje” en letras mayúsculas”.


