4 feb. 2016

HISTORIAS. Cómo llegar del punto A al punto B.















Vengo de la tabla corta, así que una de las primeras cosas que descubrí del longboard fue que el modo de afrontar una ola es totalmente distinto a cuando estás sobre una tabla de 6 pies. Ni mejor ni peor, simplemente diferente. Con sus limitaciones y ventajas, proporcionadas sobre todo por la mayor longitud y volumen de la tabla.

Hace años me llamó la atención una frase que leí en una entrevista a Tyler Hatzikian, en la que afirmaba: "surfear con un longboard es parecido a una partida de ajedrez. Es más mental que con una tabla corta. Tienes opciones ilimitadas para elegir el lugar en el que girar para lograr la velocidad adecuada que necesitas para ir, con el menor esfuerzo, entre el punto A y B". En aquel momento no me sentí capacitado para opinar sobre ella, pero tras un tiempo alternando tabla corta y longboard, creo que no estoy de acuerdo.

El fin es el mismo. La mayoría de las veces resulta igual de exigente. Es cierto que los medios son diferentes. También la línea que sigues sobre la pared de la ola lo es. Pero el esfuerzo, la elegancia, la velocidad y el estilo, dependen en realidad de cada uno. La longitud de la tabla no creo que lo determine.

30 ene. 2016

LETRAS. The History of Surfing de Matt Warshaw.









Posiblemente Matt Warshaw, sin haber sido un shaper o surfista reconocido, sea, desde su profesión de periodista, uno de los personajes más relevantes de la historia del surf reciente. 

Licenciado en Historia por la Universidad de Berkeley, es el autor de The History of Surfing y de The Encyclopedia of Surfing, tanto en su versión en papel, como en la más reciente, y super completa, versión digital

Tras su pasó por la revista Surfer, una conversión telefónica con su padre fue lo que le dio el impulso necesario para emprender una tarea tan ambiciosa como la de redactar la enciclopedia del surf. Aquella conversión tan trascendental fue, al parecer, más o menos así:

Matt Warshaw: "Probablemente sé más sobre surf que cualquier persona en el mundo"
Padre: "Pues entonces escribe una enciclopedia"

Y así lo hizo.

En una entrevista que leí hace unos años, y desde su conocimiento enciclopédico, el periodista le preguntaba cuáles serían, de existir la máquina del tiempo, los cinco momento de la historia del surf a los que le gustaría viajar. Y esta fue su curiosa selección:

- A la colocación de la primera piedra de la choza de Tubesteak en Malibú.
- En un barco con Ron Stoner y sus amigos, navegando en dirección a Cojo.
- Cogiendo la ola siguiente a la de Mike Hynson en la primera secuencia de The Endless Summer.
- Emborrachándome con Shirely Haley en 1966. 
- Aunque sea cojeando, en la entrega a Kelly Slater, en el año 2051, de su título mundial número 38.

28 ene. 2016

HISTORIAS. No era día para hacer fotos.









Hay días en los que entras al agua y en enseguida te das cuenta que no vale la pena perder el tiempo haciendo fotos. Puede ser cuestión de la luz, del lugar, de cómo rompen las olas, o incluso de la gente que está en el agua. Pero este día nada tuvieron que ver las condiciones "fotográficas". Las olas rompían tan bien que remontando parecía una pérdida de tiempo injustificada el pararse, sacar la cámara y dejar durante unos momentos de remar. Lo decidí a los pocos minutos de entrar. Tras la cuarta o quinta ola. 

De las pocas fotos que hice, esta secuencia de Luis fue la única que valió la pena. Aún así, y de toda la serie, dos fotos están mal encuadradas. Viéndolas ahora, esos desencuadres creo que reflejan lo que en aquellos momentos debía de estar pasando por mi mente: hoy toca coger olas. 

24 ene. 2016

HISTORIAS. De madera.










¿Por qué de madera? Me lo han preguntado un montón de veces, y mi explicación es más o menos siempre la misma. Se trata de un excelente material. A pesar de ser ligero, es muy resistente. Es un excelente aislante acústico y térmico, y regula de modo natural la humedad. Su origen, además, es natural. Pero el otro día, leyendo el libro "Remando como un solo hombre", de Daniel James Brown, encontré dos párrafos que a partir de ahora añadiré a mis explicaciones:

"Los anillos de la madera cuentan más cosas que la edad del árbol. Cuentan la historia de toda su vida. En el caso de los más viejos, una historia que puede tener hasta dos mil años. Su grosor o delgadez habla de años difíciles de lucha amarga, mezclados con años prósperos de súbito crecimiento. Los diferentes colores hablan de las diferentes tierras y minerales con los que han topado las raíces: algunas duras y pobres, otras ricas y nutritivas. Y los defectos e irregularidades revelan que han soportado incendios, impactos de relámpagos, huracanes y plagas, y que, sin embargo, han seguido creciendo".

"El cedro es una especie de madera maravillosa. Su baja densidad hace que sea fácil darle forma, ya sea con un escoplo, una garlopa o un serrucho. Su estructura celular abierta la hace ligera y flotante. Sus vetas, apretadas y parejas, la hacen fuerte pero flexible, tan fácil de doblar como resistente a torcerse, combarse y ahuecarse. No tiene brea ni savia, pero sus fibras contienen unas sustancias químicas llamadas tujaplicinas que actúan como conservantes naturales, lo que la convierte en muy resistente a la podredumbre, al tiempo que le confiere un olor agradable. Tiene además un aspecto bonito, pudiéndosele dar un buen acabado (...), esencial para conseguir un tacto suave".

15 ene. 2016

HISTORIAS. La ola más grande.


Hace años, antes de la colocación de las primeras boyas de medición, los datos de oleaje se obtenían a través de las observaciones realizadas por los marinos desde sus barcos. Los "sensores" eran los experimentados ojos de muchos navegantes que, en sus rutas, proporcionaban los que fueron los primeros datos de la oceanografía. Con este método visual de medición, que se comenzó a practicar a mediados del siglo XIX, y con el que no sólo se determinaba la altura de ola, sino también la dirección y el periodo del oleaje, se pudieron efectuar las primeras caracterizaciones de clima marítimo gracias a las recopilaciones efectuadas por la NOAA. Pero no fue hasta después de la II Guerra Mundial cuando se comenzaron a desarrollar los primeros estudios con un cierto grado de profundidad y detalle. Antes de mediados del siglo XX el desconocimiento era tal, que por ejemplo en un libro italiano del siglo XVIII, el autor llegó a afirmar que matemáticamente se había probado que ninguna ola podría superar los 3,72 metros de altura.

Con los años este umbral de altura de ola máxima se fue ampliando, aunque durante muchos tiempo, y hasta el año 1995, los modelos matemáticos seguían insistiendo que las olas mayores de 15 metros de altura eran eventos muy raros, con una probabilidad de producirse de "una vez cada 10.000 años". Sin embargo muchos sucesos que ocurrían en los océanos parecían señalar que había de haber algo más. No solo por el número considerable de barcos que habían desaparecido en extrañas circunstancias, sino también por los fiables relatos de muchos hombres de mar que sugerían la existencia de olas gigantes que superaban en mucho esta altura. Se hablaba de olas de más de 30 metros de altura, que podían aparecer sin previo aviso en mitad del océano, incluso contra la dirección dominante de las olas. Muros casi verticales, precedidos de un seno muy profundo, capaces de generar sobre los cascos de los buques presiones de hasta 100 t/m², que provocaban que se hundiesen en cuestión de segundos, o sufriesen daños muy graves, al superar en más de seis veces la presión que les causaría una ola de 15 metros.

De hecho, y precisamente por sus terribles consecuencias, muy pocos han sido los testimonios que han llegado de barcos que hayan sobrevivido a estas embestidas. Eran tan pocos, que durante siglos la presencia de estas "olas monstruosas" fue considerada otra leyenda marítima más, a pesar de testimonios como los del petrolero USS Ramapo, que en 1933, y en el Pacífico Norte, se encontró con una ola que su tripulación estimó en 34 metros; o del Queen Mary, que en 1942, a 700 millas de Escocia, y cuando transportaba a 15.000 hombres en sus camarotes, fue golpeado de costado por una ola de 28 metros que lo escoró brevemente unos 50º; o del crucero italiano Michelangelo, que en 1966, frente a las costas de Nueva York, sufrió la rotura de los cristales de su puente, situado a 24 sobre el mar; o del petrolero Stolt Surf, cuyo encuentro con una ola en el Pacífico, que superada los 22 metros de altura del puente del barco, fue fotografiado por el jefe de máquinas.

La evidencia científica, que hizo cambiar el enfoque, llegó el 1 de enero de 1995. Ese día se midió, no visualmente, sino con un sensor, un ola de 30 metros de altura en la plataforma petrolífera Draupner en el Mar del Norte. 

Hoy en día estas olas están ya reconocidas como un fenómeno natural real, aunque se sigue sin conocer en detalle por qué se forman. Se habla como causa más probable la de la interacción de entre varias olas, que daría lugar a una ola más grande al sumarse sus amplitudes. Pero también de efectos llamados "no lineales", por los cuales una ola absorbería la energía de las colindantes. También se sabe que son más frecuentas en zonas del océano caracterizadas por las fuertes corrientes, como en el Cabo Agulhas, y que se producen cuando estas se anteponen a la dirección de avance de las olas.

¿Pero cuándo una ola es considerada como gigante? Curiosamente este título no lo otorga su altura, sino lo grande que es esa ola con respecto a las que la rodean. Una ola se considera gigante cuando su altura supera el doble la altura de ola significante de la serie temporal de olas a las que pertenece. Lo explicaba el otro día cuando recordada el paso de Hércules, hace dos años, por nuestras costas. Hoy os pondré otro ejemplo.

La ola más grande de Hércules superó la que hasta entonces era la ola más grande medida frente a nuestras costas. El anterior récord se había establecido durante un temporal ocurrido el 24 de enero de 2009, en el que se registraron una ola de más de 26 metros frente a Santander, otra de 23 metros en la zona de Estaca de Bares y otra de 21 metros en la costa de Bilbao. Sin embargo, ninguna de aquellas olas inmensas cumplió el criterio de ola gigante, ya que no superaban el doble de la altura de ola significante medida en esos mismos puntos. La relación más elevada fue de 1,76. Lo normal es que esta relación esté entre 1,4 y 1,8. Sin embargo sí que fueron olas gigantes la de Hércules, o las del temporal ocurrido el 8 de marzo de 2008 con una ola de 22 metros frente a Bilbao, o el 9 de diciembre de 2007, con una ola de más de 23 metros frente a Cabo de Peñas. En el Mediterráneo, la ola más grande que cumple el criterio de ola gigante fue una ola de 11,5 metros.

Tras la ola Draupner, ha habido otros encuentros de buques con olas gigantes. El Queen Elizabeth 2, en 1995, y durante una tormenta en el Atlántico Norte, se encontró con una ola de 29 metros. El testimonio del capitán contaba que la ola "surgió de la oscuridad" y por su dimensión, "parecía los acantilados blancos de Dover". En 2001, y en el Atlántico Sur, dos buques el Bremen y el Caledonian Star, se vieron sorprendidos por la misma ola, que destrozó las ventanas de sus puentes, situados a 30 metros por encima del nivel del mar. El Norwegian Dawn, el 16 de abril de 2005, se encontró hasta con tres olas seguidas, cerca de costa de Georgia en los Estados Unidos, que superaban los 20 metros.

Gracias a las imágenes de satélite, se ha podido comprobar que las olas de hasta 30 metros son mucho más comunes de lo que se pensaba. El Proyecto MaxWave, liderado por el instituto alemán GKSS y desarrollado en el año 2001, y gracias a las imágenes de radar tomadas desde los satélites ERS-1 y ERS-2 de la Agencia Espacial Europea, se identificaron un significativo número de señales que probaban que las olas gigantes se podían encontrar con una mayor frecuencia de lo que se esperaba hasta entonces. Durante las tres semanas que duró el proyecto, se tomaron 30.000 imágenes del océano, cubriendo un área de 1,5 millones de km². En toda esta superficie, y durante ese periodo de tres meses, se detectaron olas gigantescas en 10 de las secciones analizadas, una por cada 150.000 km². 

Pero las olas más grandes de las que se tiene constancia no han sido olas causadas por fenómenos meteorológicos, sino olas que tienen su origen en perturbaciones sísmicas submarinas. Estas perturbaciones, que generan una onda solitaria de pequeña amplitud, de más o menos un metro, son extraordinarias por su gran longitud de onda. Si bien en alta mar resultan inapreciables, cuando llegan a la costa, sus efectos son terribles. Estamos hablando de los tsunamis (la palabra proviene del japonés: tsu significa puerto y nami ola).

Cuando estas olas, que viajan a velocidades de hasta 200 km/h, llegan a costa, su altura se incrementa espectacularmente hasta alcanzar varias decenas de metros. Por los efectos de dichas ondas en tierra, se sabe que por ejemplo en las costas de Chile y Perú las olas llegaron hasta los 40 metros. La ola más alta de las que se tiene noticia fue una de 70 metros, registrada en Cabo Aopatka, en la península de Kamchatka, en el año de 1737.

Pero curiosamente la ola más grande, no tuvo su origen en el mar, sino en tierra. Se considera que la ola más grande nunca registrada fue la que se creo el 9 de julio de 1958 en la bahía de Lituya, situada en el suroeste de Alaska. Aquella ola, que se estima alcanzó los 516 metros de altura, fue causada por un terremoto de escala 8,3 que derribó parte de una montaña y un glaciar, y que provocó la caída a la bahía de una masa de 30 millones de metros cúbicos. Se considera esa altura de 516 metros, porque tras el terremoto, y en una de las laderas de la bahía, la vegetación quedó arrasada por la fuerza del mar hasta esa altura. Sin embargo yo dudo de esa magnitud, y me imagino que lo que alcanzó los 516 metros fue la columna de agua que se levantó al recibir la bahía los 30 millones de metros cúbicos de material. De hecho la ola que se desplazó por el interior del fiordo, arrasando todo lo que había en sus orillas, fue de "únicamente" 30 metros.

12 ene. 2016

MÚSICA. 15 de 2015.



No sé por qué pero las entradas dedicadas a música tienen muy poco éxito en el blog. ¿A caso no le interesan a los lectores? A pesar de ello nos resistimos a abandonarlas, porque la música es una parte muy importante en el día a día de desdelacroa. De hecho, y siempre que escribo, hay algo sonando de fondo, de modo que se puede decir que la música y el blog están para mí íntimamente unidos.

Como venimos haciendo desde hace un tiempo, y una vez que ya ha comenzado el año, dedicamos una entrada a la música que más se ha escuchado en desdelacroa durante los últimos 12 meses. Entre todo, hemos elegido 15 discos que se han editado en 2015. Es algo así como una "lista con lo mejor del año", aunque sin orden, porque la realidad es que resulta complicado el resaltar un disco sobre los otros (según el día, e incluso la hora, estoy seguro que mi orden cambiaría; incluso que otros discos se añadirían a la lista y alguno la abandonaría). 

Y para presentarlos, hemos elegido de cada grupo una actuación en directo en la que interpretan una o varias canciones del disco. 

Beach House - Depression cherry / Thank your lucky stars
Chastity Belt - Time to go home
Colleen Green - I want to grown up
Courtney Barnett - Sometimes I sit and think and sometimes I sit
Deerhunter - Fanding frontier
The Districts -  A flourish and a spoil
Julien Baker - Sprained ankle
Kurt Vile - b'lieve I'm going down
Low - Ones and sixes
She Keeps Bees - Eight Houses
Sufjan Stevens - Carrie & Lowell
Torres - Sprinter
Waxahatchee - Ivy tripp
Wolf Alive - My love is cool
Yowler - Yowler

Hoy, a partir de las 20:00 horas, llevaremos esta selección a las ondas. Hemos sido invitados una vez más al programa Música, Surf y Medioambiente, aunque esta vez creo que sólo hablaremos de música.

8 ene. 2016

HISTORIAS. La COP 21 (parte 2).


He de reconocer que cuando vi por internet las imágenes de júbilo, los aplausos y los saltos de los representantes de los 195 países que acudieron a la COP21, me invadió una sensación una cierta desazón. Aquellos gestos me parecieron bastante artificiales, incluso excesivos, como si formasen parte de una obra de teatro en la que se estuviese representando "la salvación del planeta". Si hemos llegado a la situación en la que nos encontramos ahora, no ha sido por un accidente o porque haya ocurrido algo imprevisto, sino por la suma de cientos de decisiones equivocadas durante mucho tiempo. Es por ello por lo que me costó aceptar aquel comportamiento, y más cuando uno piensa en todos los ecosistemas que se han alterado por culpa del cambio climático y todas las vidas que ya se han perdido. No sólo no me gustó la reacción de los asistentes, sino también las declaraciones de muchos de los participantes. Por ejemplo, en el discurso de clausura, François Hollande comparaba lo acordado con algunas de las revoluciones que en el pasado tuvieron lugar en el país que preside: "Francia ha vivido una gran cantidad de revoluciones. Pero la de hoy, es la más bella y tranquila de esas revoluciones". O las del comisario Arias Cañete, que afirmaba: "tenemos que disfrutar de este momento histórico. Pero el trabajo duro no ha hecho más que empezar".

He dejado pasar un tiempo, entre el final de la cumbre y el momento en que escribo esta entrada, para asistir atento a los primeros días de esa "bella y tranquila" revolución. Y mi pregunta es: ¿qué ha pasado en estos días?. La respuesta: nada. Ya no se habla de la cumbre, de sus acuerdos, de lo que supondrá. Entiendo que aún puede ser pronto. Que se trata de un proyecto a muy largo plazo. Pero como ciudadanos necesitamos saber qué cosas tangibles se han acordado, más allá de compromisos y buenas intenciones. Cómo se va a trabajar en lograr esos compromisos. Esa revolución de la que se nos habla, y que se ha resumido en 39 páginas, ¿contiene realmente todo lo necesario para "salvar" a la Tierra?. Tras leer el documento, (que por cierto me ha supuesto un gran esfuerzo, ya que su redacción es bastante antipática), no me ha quedado nada claro. He tenido que acudir a otras fuentes "no oficiales" para enterarme realmente de lo firmado.

Independientemente del alcance de lo acordado, está claro que la cumbre de París ha de suponer un punto de inflexión en la historia de la humanidad. Por primera vez parece existir unanimidad sobre la existencia de un proceso, el cambio climático, que hasta hace poco había sido mayoritariamente negado, y que supone un serio riesgo para el planeta y para todas las especies que en él habitan, entre ellas la nuestra. De hecho, tal y como afirmó tras la cumbre el Secretario General de las Naciones Unidas Ban Ki-moon, "por primera vez en la historia, todos los países del mundo se han comprometido a reducir sus emisiones, (...), y unirse a la causa común de luchar por el clima. Lo que antes era impensable ahora se ha vuelto imparable". Parece por tanto que existe un compromiso para reducir las emisiones y contener el aumento de la temperatura global del planeta, a finales de 2100, "muy por debajo" de los 2º C. Se marca además, y como una clara intención, la de "limitar ese aumento de temperatura a 1,5º C". Ese objetivo de 1,5º C supone lograr que las emisiones netas de carbono a la atmósfera (la diferencia entre lo que emitimos y lo que el planeta es capaz de absorber de modo natural) sean cero en el periodo 2060-2080.

De los acuerdos de la cumbre se deduce también que los países desarrollados, principalmente Estados Unidos y los que conforman la Unión Europea, se han comprometido a financiar la transición, que a escala global, se ha de emprender para lograr un futuro libre de combustibles fósiles (se habla del año 2050). También que los países en vías de desarrollo, y los más afectados por el cambio climático, recibirán ayudas económicas de los más ricos para reducir sus emisiones. Esta financiación vendrá desde el Fondo Global para el Clima, al que contribuirán todas las Naciones que han firmado el tratado de París. El compromiso es de dotar a ese fondo, y cada año desde 2020, con 100 mil millones de dólares.

Pero cuanto el tratado debería comenzar a entrar en detalles, es donde le falta definición. En todo el texto no existen referencias a acciones concretas que conduzcan hacia el logro de los objetivos marcados. De hecho, y a pesar del acuerdo, si no se mejoran los planes individuales presentados por 187 de los 195 países participantes (hubo 8 que llegaron a la cumbre sin plan), no será posible alcanzar el objetivo de contención de la temperatura, ya que se estima que aún ejecutándose todas las acciones que cada nación ha anunciado, la temperatura del planeta se elevará entre 2,5 y 3º C, muy lejos de ese objetivo ideal de los 1,5º C.

Otra de las carencias del acuerdo es que, si bien el tratado es vinculante, los objetivos nacionales y los compromisos de financiación, que serán los responsables de lograr los objetivos marcados, no lo son. ¿Qué supone esto?. El tratado deja que cada uno de los países firmantes desarrollen internamente las medidas y leyes necesarias para llevar a la práctica los acuerdos, por lo que su alcance, y la exigencia de su cumplimiento, pasa prácticamente a depender únicamente de ellos. De esta manera, si cualquier país presenta un plan insuficiente para lograr el objetivo global, o incumple las acciones marcadas por él mismo, no podrá ser sancionado. Si no existen sanciones de por medio, confiar sólo en el compromiso "responsable" de los mandatarios de cada uno de los 195 países firmantes, los actuales y los futuros, me parece verdaderamente complicado. 

Sin embargo ha de haber espacio para la esperanza. El verdadero trabajo está ahora por desarrollar. En cada gobierno, en cada comunidad autónoma, en cada ayuntamiento. Y también por cada uno de nosotros. Estamos ante la oportunidad de un gran cambio. Tras algunas de las claves para lograr estos objetivos, como podrían ser la sustitución de los combustibles fósiles por otras fuentes de energía, poner freno a la deforestación, el reciclaje, el fin de la obsolescencia programada, el impulso de las energías renovables, ..., surgen múltiples oportunidades que se deberían saber aprovechar. Los acuerdos de la cumbre del clima nunca se deberían entender como una amenaza contra los intereses económicos de los países y de las grandes empresas, sino como una oportunidad para generar riqueza, pero una riqueza con el mínino impacto sobre el planeta, más justa, solidaria e igualitaria. Esa sí que sería una revolución que realmente estaría a la altura de anteriores. 

Puedes leer, eso sí con mucha paciencia, el contenido del tratado pulsando aquí. Para más información se puede visitar también la web de la Conferencia pulsando aquí.