15.10.17

El Domingo. # 5.

"El Domingo" de esta semana nos ha salido un tanto ecléctico. Serán las prisas. Menos contenidos pero más extensos, ofreciendo varias miradas de un mismo personaje. Espero que lo disfrutéis.

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LA FOTO


Biarritz kids ... Noé, Martin & Jules. Fotografía de Ancelle Hansen César.

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UP SIDE DOWN MAP


La palabra geografía podría traducirse literalmente, empleando el término griego del que procede, como la "descripción de la tierra".​ En un sentido más amplio es la ciencia que estudia la superficie terrestre, las sociedades que la habitan y los territorios, paisajes, lugares o regiones que la forman. 

Aunque el autor griego Eratóstenes (276-194 a. C.) fue el primero en utilizar la palabra geografía, su fundación se atribuye a Heródoto (484-420 a. C.).

Y cuento todo esto porque, en estas fechas en las que las fronteras e identidades están en duda, no está mal reflexionar sobre lo poco que conocemos del mundo y su geografía. Sí quieres ponerte a prueba pulsa AQUÍ.

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THE SEED VAULT



Soy de los que confío poco en la raza humana como garante de nuestra supervivencia en la Tierra (me basta, por ejemplo, con pensar en los incendios que esta semana asolan Galicia por enésima vez). Pero he de reconocer que veo un rayo de esperanza cuando pienso que el "hombre" ha creado cosas como éstas. Cary Fowler nos enseña el Svalbard Global Seed Vault situado en Noruega. No es obra de ningún arquitecto reconocido, pero es sin duda uno los edificios más importantes del mundo. La "Cúpula de las Semillas" guarda más de 880.000 muestras de semillas, las más importantes. Un seguro de la biodiversidad agrícola de nuestro planeta, cada vez más en riesgo precisamente por la acción del hombre.

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THE SMOG OF THE SEA



Hemos ido hablar en muchas ocasiones de la existencia de un séptimo continente en el Océano Pacífico formado por plásticos. Y también de otras "islas" que se han creado en medio de los demás océanos. ¿Pero que hay de cierto en ello?. En su búsqueda, el científico marino Marcus Eriksen invita a bordo de su barco a Keith y Dan Malloy, a Jack Johnson, a Kimi Werner y al bodysurfer Mark Cunningham. Juntos recorren el mar de los Sargazos, situado en el Atlántico Norte, y que en los siglos XVII al XVIII tuvo la tétrica fama de ser una especie de "cementerio de barcos": en él son frecuentes la ausencia de vientos y corrientes marinas, lo que suponía, en la época de la navegación a vela, un formidable escollo que no era superado por muchas embarcaciones. Pero la zona, precisamente por estas características, es muy interesante desde el punto ambiental, ya que se trata de una zona en la que son muy abundantes el plancton y las algas, que forman «bosques» marinos superficiales de gran valor.

Pero en la búsqueda de una "isla basura" en el mar de los Sargazos, lo que la expedición encuentra son sólo aguas de color azul claro. Pero a medida que analizan el agua y las especies que capturan, descubren una realidad más inquietante: una niebla de microplásticos impregna los océanos, trillones de fragmentos de plástico casi invisibles que llegan al hombre a través de la cadena alimentaria marina. Todo ello en "The Smog of the Sea".

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RALF BRUHWILER



El mundo está lleno de grandes surfistas anónimos, o al menos desconocidos para mí. Uno de ellos es Raph Bruhwiler, surfista canadiense que vive en la zona de la Columbia Británica. Su historia es muy curiosa. Siendo muy pequeño, y mientras su familia vivía en Quebec, sus padres compraron varios terrenos por carta en la zona de Tofino. Al igual que los antiguos colonos, se trasladaron a la costa sin saber muy bien las condiciones que se encontrarían en el lugar en el que iban a vivir. Con 8 años, Raph aprendió a surfear en Chesterman's Beach. Más tarde se convirtió en uno de los primeros surfistas canadienses. Ya retirado, trabaja ahora como guardacostas (y de otras múltiples cosas). Un ejemplo con el que volver a la idea de "permanecer".




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MIKEY DETEMPLE





Mikey DeTemple en cambio sí es conocido, o al menos a su manera. Surfista profesional y cineasta, vive a medias entre la sencilla Montauk y la estresante Nueva York. El surfing de DeTemple ha sido descrito como "clásico pero rebelde, elegante pero agresivo, competitivo aunque totalmente conmovedor". Lleva este espíritu a todo lo que hace, mientras salta entre sus dos mundos: Montauk y New York.
 

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ARCADE FIRE



Se dice que el último disco de Arcade Fire es el peor de su discografía. De cualquiera de las maneras tiene grandes momentos, y uno de ellos es "Signs of Life", la canción y el vídeo. Tal y como lo describían en Rockdelux, un vídeo lleno de "escenas rocambolescas empapadas del espíritu de la nouvelle vague, especialmente del cine de Jean-Luc Godard, del que se palpan varios guiños a su primera etapa –“Pierrot el loco” (1965) , “La chinoise” (1967)–: el perfil godardiano de la pareja protagonista, las sobreimpresiones gráficas en pantalla, la máxima del cineasta (“todo lo que se necesita para hacer una película es una arma y una mujer”), los colores y la estética propia de sus primeros filmes... Un trabajo que rezuma admiración por esa ola del cine francés, en la que se infiltran también estímulos del Truffaut de “Jules y Jim” (1962) y del cine de Éric Rohmer".

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EL PARTE


El principio de la semana vendrá marcado por el Ophelia. ¿Huracán? ¿Ciclón post-tropical?. La situación que se presenta es tan excepcional, que los modelos de previsión usuales de nuestra zona no parecen capaces de simular lo que puede ocurrir (se habla de que desde hace 55 años no llegaba a las costas europeas un fenómeno de este tipo).

Se espera en Galicia, para esta noche, fuertes vientos y olas que, mañana, superarán los cinco metros, y que subirán espectacularmente de tamaño durante el día. Las condiciones del mar serán especialmente duras en la costa del sur de Irlanda, en donde la tormenta golpeará directamente, e Islandia.

Durante el resto de la semana el tiempo será inestable, y para el viernes se espera otra importante subida de mar, más grande incluso que la del lunes.

10.10.17

Los orígenes del surf en África.

Siguiendo las pistas apuntadas por Daniel Esparza en “Reconsiderando las fuentes para el estudio del surf arcaico”, llegué al documental “Mammy Water”, dirigido por el cineasta y antropólogo francés Jean Rouch en 1955. El documental se desarrolla en la costa de Ghana, en el Golfo de Guinea, concretamente en la aldea de Shama, el hogar de los “surf boys”, expertos pescadores que se adentran en el mar en sus grandes canoas a remo. Al final del documental, y durante algo menos de un minuto, aparecen imágenes de varios niños del pueblo cogiendo olas en la playa con la ayuda de tablas de madera, en el que parece ser un juego del cual todos disfrutan. Estas imágenes muestran un tipo de “surf” con origen anterior a la llegada de los primeros surfistas “occidentales” a la zona, y evidencian cómo en este lugar del mundo, y de modo independiente a la Polinesia, surgió una actividad consistente en coger olas con un fin recreacional. 


Antes de “Mammy Water”, y durante un viaje a Senegal, a Rouch le había llamado la atención la actividad de deslizarse en las olas de los nativos, tal y como recogió en su artículo “Surf-riding sur le Côte d’ Afrique", publicado en 1949.

“El “surf-riding" es un juego en el que quien lo practica es empujado por grandes olas que lo llevan hasta la orilla (…). He visto este juego en la bahía de Yof, en donde es practicado por jóvenes pescadores. Se deslizan con la ayuda de una tabla, construida a partir de un viejo trozo de madera, o parte del casco de una vieja canoa. (…) Los más hábiles usan tablas muy pequeñas y hacen “figuras”. Al juego le llaman "Saran" (deslizar). Los nativos prefieren coger las olas antes de que rompan, golpeando sus pies casi todo el tiempo. Este juego se practica en Senegal desde hace mucho tiempo. En St. Louis, con el mar agitado, se pueden deslizar durante cientos de metros. En Yof, con la marea alta (la más favorable), lo habitual son recorridos de al menos 50 metros. El "juego del surf" fue descrito en Accra (Ghana) por James Alexander en 1834 de la siguiente manera: "En la playa, mientras tanto, podían verse a chicos nadando en el mar, con tablas ligeras bajo su estómago. Esperaban una ola; al momento regresaron a la orilla, impulsados por una nube que les hacia rodar desde su parte superior.”

La descripción a la que hace referencia Rouch, realizada por el explorador británico James Edward Alexander el 16 de noviembre de 1834, y recogida en el libro “Narrative of a Voyage of Observation among the Colonies of Western Africa”, significa que esta práctica ya había sido vista, y descrita, por viajeros europeos en fechas próximas a la llegada de los primeros europeos a la Polinesia, abriendo la hipótesis de la existencia en el Atlántico de un tipo de surf diferente, e independiente, al surgido en el Pacífico.



En 1955 el antropólogo francés Charles Beart, en el libro “Jeux et Jouets de l'Ouest Africain”, realizó una descripción similar a la de Rouch pero en Costa de Marfil, con la que se demostraba que la actividad de deslizarse impulsados por una ola era común a una zona extensa de la África atlántica, en concreto a todos los países del Golfo de Guinea, y no exclusiva de las zonas costeras, tal y como evidenciaban las fotografías tomadas 30 años antes, en 1923, por el fotógrafo Robert Rattray, quien fotografió en el lago Bosumtwi en el interior de Ghana, los denominados “mpadua”, tablas largas y delgadas sobre las que los miembros de la etnia de los Ashanti se desplazaban tumbados sobre el lago: "los extremos de algunos mpadua se cortan en ambas extremidades para ofrecer menos resistencia, y en algunos destacan sobre el agua sus extremos, más altos que el centro”.

Las teorías de Rouch y Beart fueron pronto aceptadas por antropólogos especializados en los orígenes del surf como Ben Finney, quien planteó la cuestión de si el surf se había desarrollado como una “invención” independiente en África y en la Polinesia, o por invención en uno y difusión en el otro. Descartada una difusión reciente en base al texto de James Edward Alexander de 1835, y a partir de las fotografías de Rattray, Finney concluyó que el surf en África Occidental y Oceanía había surgido y evolucionado de modo independiente, aunque con ciertas similitudes marcadas por la existencia, en ambas regiones, de una serie de circunstancias comunes que fueron fundamentales en el surgir de esta práctica: aguas costeras cálidas y llenas de rompientes, una población experta en la natación e interesada en los deportes acuáticos, y el uso de algún tipo de flotador o tabla para estas actividades. La diferencia fundamental es que en África las tablas eran empleadas principalmente como herramientas para el transporte de mercancías o personas y en la pesca, no sólo en actividades “lúdicas”.

Sesenta años más tarde de las anotaciones de Rouch, en 2009, el profesor de la Universidad de California Kevin Dawson, en su estudio “Swimming, Surfing, and Underwater Diving in Early Modern Atlantic Africa and the African Diaspora”, sacó a la luz referencias anteriores a la de James Edward Alexander, reforzando la hipótesis antes mencionada de la aparición de la práctica de un surf “arcaico” en la África atlántica.

Hasta hoy, el primer relato conocido sobre “surf” en África fue escrito en 1645 por el comerciante alemán Michael Hemmersam. Su relato describe como los niños de la ciudad de Elmina, conocida también como la “Mina de Oro”, en Ghana, aprenden a nadar: “cuando tienen 2 o 3 años atan a sus hijos a tablas de madera y los tiran al agua; y así aprenden a nadar”

Posterior a este texto, en 1679 el explorador y comerciante francés Jean Barbot escribió el siguiente relato sobre los jóvenes de Elmina: “no tienen otra ocupación que jugar en el mar; hay miles jugando en las grandes olas de la costa; llevan pequeñas tablas, hasta que el mar las arroja a tierra sobre la arena de la playa. Aprenden a nadar en trozos de tablas o pequeños haces de juncos sujetos bajo su estómago, lo cual es una buena diversión para los espectadores“.

El texto de Hemmersam de 1645 apunta otra práctica habitual de los habitantes de Elmina cuando describe como en una ocasión, y después de que dos canoas con nativos visitasen su barco, el capitán les arrojó “una tabla sobre la que se tumbaron y nadaron hasta tierra. Quedamos muy sorprendidos por esta hazaña, que demostraba gran atrevimiento”. El empleo de tablas de madera, sobre las que los locales se tumbaban para el transporte de mercancías desde tierra a mar, y desde mar a tierra, fue también descrita por otros viajeros como Johann von Lubelfing (1600) en las islas de San Tomé, Pieter de Marees (1602) y Andreas Joshua Ulsheimer (1604) en Guinea, Samuel Brun (1620) en la costa de Quaqua (Ghana) o Wilhelm Johann Muller (1669) en el cabo Corso (Ghana). Sus relatos no solo describen perfectamente esta actividad, sino que destacan también la pericia como nadadores de los habitantes de la zona, hombres, mujeres y niños, lo que puede ser indicativo de una relación de la población con el mar similar a la que se daba en la Polinesia.

La teoría de Dawson afirma que en esta manera de “transporte marítimo” se encuentra el origen de la primera tabla de surf africana, con las que los habitantes de la costa, y del interior, eran capaces de nadar varios kilómetros. Cuando no disponían de una tabla de madera tallada, empleaban un tronco o una rama grande. Las tablas eran lo suficientemente grandes como para llevar a una persona y una pequeña carga.

Tras las descripciones de Hemmersam y Barbot, no fue hasta el siglo XIX cuando aparecieron relatos más detallados sobre estas prácticas, que además de con tablas de madera se realizaban también con canoas. En 1812 el explorador británico Henry Meredith escribió sobre la costa de Ghana:

“El mar rompe con tanta violencia a lo largo de la costa de Apolonia, que no se puede abordar sin correr el mayor de los peligros. Pero los que conocen el arte de navegar en canoa realizan su oficio con gran destreza. Saben dirigir las embarcaciones, y transportar mercancías hasta la orilla con seguridad y una destreza sorprendente. Observan el mar cuando está a punto de romper, y cada hombre actúa del mismo modo: mantienen la parte plana de la pala paralela a la canoa, y dándole un movimiento rápido, trazan una línea casi recta con la canoa: cuando tienen la canoa en la cumbre del mar, y ésta está a punto de romper, el movimiento rápido de la paleta se interrumpe (…); entonces la canoa vuela hacia la orilla con gran rapidez”.

En un texto de 1823 el marino británico John Adams describe como los niños de la región de Fantee, en el sur de Ghana, se divierten en el océano usando una terminología que recuerda a las descripciones, de finales del siglo XIX y principios del XX, sobre el surf en la Polinesia: “sobre restos de canoas rotas, reman mar adentro hasta donde no rompen las olas; cuando ven una oportunidad apropiada, colocan sus débiles tablas sobre la zona más alta de las olas, las cuales les llevan hasta la orilla a gran velocidad”. Incluso Adams fue capaz de percibir y describir el secreto del surf: "... la principal habilidad de estos jóvenes consiste en mantener la tabla en posición durante el recorrido de la ola. Cuando se caen, o la ola termina, se tiran al agua y nadan hasta la tabla para recuperarla”.

En 1861 el explorador británico Thomas J. Hutchinson publicó la descripción más detallada conocida hasta ahora de la práctica del surf en África. La misma tiene como protagonistas a los pescadores de la ciudad de Batanga, en el sur de Camerún, y describe el uso, para coger olas, de canoas pequeñas y ligeras construidas en madera que no medían más de seis pies de largo:

“Durante mis días de estadía en Batanga, observé que, tras la pesca, volvían a navegar entre las olas que rompían en la orilla del mar, en un lugar concreto que, debido a la presencia de un extenso arrecife, daba lugar a una ola que rompía de modo continuo durante varios cientos de metros. Cuatro o seis de ellos salían de manera constante, esquivando las olas a medida que avanzan, y se montan encima de ellas con la agilidad y seguridad de los patos. Al llegar a la rompiente exterior, giran las canoas en dirección a la costa con un solo golpe de su pala, y montados en la parte superior de la ola, son llevados hacia la orilla, dirigiéndose solo con la pala. En una acción peculiar, tienden a elevar la popa de la canoa para que reciba toda la fuerza de la ola que avanza, y que los lleva con toda su impetuosa rapidez. A veces el gobernador pierde el equilibrio y su poder de guía. La canoa da vuelta. Su ocupante cae al agua, y el pequeño trozo de madera da saltos de ola en ola, recordando a un caballo en estampida, que habiendo arrojado a su jinete, galopa por el país, saltando sobre las zanjas por su propia cuenta. Sin embargo, a pesar de estas inmersiones, nadie se ahoga jamás, ya que son nadadores capitales; de hecho, como la mayoría de los negros costeros, pueden considerarse anfibios. En sus salidas de pesca, a veces aparece un tiburón rondando, que tentado por perseguir el pez que el pescador tiene en su línea, se encuentra con el cebo más grande de la pierna negra y la corta sin remordimiento. Un caso de este tipo ha ocurrido muy poco tiempo antes del período de mi visita, y la pobre víctima había muerto; Pero esto no disminuyó el número de canoas que montaron las olas, ni hizo que uno de los ocupantes de la canoa fuera menos energético o atrevido que antes”.


Las canoas de Batanga fueron años más tarde, en 1899, fotografiadas por la escritora británica Mary H. Kingsley para el segundo de sus dos libros sobre África Occidental. En estas fotografías muestra a seis hombres de Batanga y sus canoas, posiblemente idénticos a los observados por Hutchinson cuarenta años antes.

La descripción de Hutchinson tiene especial valor por varios motivos: es la única de las encontradas relativas a África que describe a adultos practicando surf. Aunque se cree que el surf no alcanzó un significado social y cultural tan profundo en África como en la Polinesia, estos pescadores cameruneses parecen mostrar una gran pasión por su práctica, ya que al igual que muchos antiguos surfistas hawaianos, eran capaces de arriesgar sus vidas por el surf en aguas en las que era conocida la presencia de tiburones. El lenguaje empleado en estos relatos muestra grandes similitudes con el que otros contemporáneos, como como Mark Twain o Jack London, emplearon para describir el surf en Hawaii a finales del siglo XIX y principios del XX. De hecho, si se omitieran las referencias a la raza y a la situación geográfica, probablemente no sería posible determinar si los relatos de estos viajeros se referían a África o la Polinesia. 

Hoy el surf en Ghana el surf se considera un juego infantil que no es digno del tiempo de los adultos. De todos modos, aún es posible ver a algunos hombres adultos cogiendo olas a cuerpo o tumbados sobre una tabla de madera.

8.10.17

El Domingo. # 4.

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EYE SEA

Muchas veces las preocupaciones diarias nos llevan a olvidar la importancia del momento presente. Brett reflexiona sobre su relación pasada y presente con el océano, en un viaje al que ha dedicado toda su vida. Su consejo: pocas cosas hay más importantes que tener tiempo para reflexionar y apreciar conscientemente las pequeñas cosas.



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LA FOTO


Vistas de una isla lejana. Casi se puede imaginar el olor a mar. Fotografía de Lewis Hackett.

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UNA VERDAD INCÓMODA

La temporada de huracanes está siendo especialmente dura este año en el Caribe. Entre todos, Irma se ha llevado todo el protagonismo por su fuerza y virulencia hasta ahora nunca vista. Pero la de 2017 no está siendo una temporada excepcional, sino un episodio más en una tendencia de varios años, en los que se vienen registrando cada vez más huracanes, y más violentos. 

Estos fenómenos tienen su origen en baja presiones que se crean en las zonas tropicales del Atlántico. El aire caliente en superficie sube y se enfría. La condensación que se genera crea nubes, mientras se libera energía que se transforma en viento. Cuando este fenómeno tiene lugar en un área muy extensa de varios cientos de km², y la temperatura en superficie es mayor de la habitual, las dimensiones de estos fenómenos se multiplican, y con ellas sus impactos desastrosos, sobre todo cuando entran en contacto con la tierra, ya sea una isla o el propio continente.

Cuanto más alta sea la temperatura del aire en las capas en contacto con el océano, mayor será el riesgo de que este fenómeno natural tenga la magnitud de un ciclón. Así, con el calentamiento progresivo que se sabe se está produciendo en las masas de aire a nivel del suelo y del océano, en los próximos años se darán más y más eventos de la escala Irma, e incluso más violentos.

Si bien el disponer de medios para poder dar una asistencia de emergencia a la población sigue siendo esencial, debemos comenzar a poner en marcha programas para anticipar y reducir los riesgos a largo plazo, sobre todo cuando se sabe una de las causas más directas que lo provocan. La sociedad científica ve una relación directa entre esta tendencia y el cambio climático.

Hace 10 años el ex-vicepresidente de los Estados Unidos Al Gore protagonizaba el documental "Una verdad incómoda", en el que alzaba una voz sobre las repercusiones del cambio climático no solo sobre el planeta, sino también en la economía y por extensión en nuestra sociedad. 10 años después, con un presidente de los EE.UU. que niega el cambio climático y que se mofa de él, a pesar de las muestras evidentes que su propio país está sufriendo, Al Gore vuelve con la segunda parte de "Una verdad incómoda", en la que regresa con un mensaje de esperanza (la revolución de la energía está en camino) y urgencia.






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GRIZZLY BEAR

Tras cinco años sin disco Grizzly Bear vuelven con nuevo disco, "Painted Ruins". Y tal como recoge la crítica a su disco, publicada en el último Rockdelux, "las intrincadas tramas instrumentales de los temas del disco no truncan las melodías, sino que las envalentonan, como en la fabulosa "Three Rings" (mi preferida), que parece cabalgar a lomos de una serpiente emplumada de Teotihuacán. Es la cúspide de un disco que reivindica el legado de la psicodelia pop del siglo XX en plena era digital, fundiendo forma y fondo, apuntando maneras como el relevo generacional que merecen Radiohead".




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RNLI + FINISTERRE

Carlos Bremón: "A las pocas semanas de iniciarme en el surf, a finales del verano de 1970, se hundía el pesquero “La Isla”, muy cerca de dónde hoy está la Casa de los Peces, a poco más de 100 metros de la Torre de Hércules en los llamados bajos de A Pedra do Boi. En el naufragio falleció casi toda la tripulación del barco, simplemente porque los medios con los que se contaba entonces fueron incapaces de llegar a tiempo para socorrerles. Aún recuerdo estremecido el relato que hizo la prensa de aquel suceso. En medio de la más absoluta oscuridad, los marineros gritaban pidiendo auxilio, mientras los testigos de la tragedia, que habitaban en unas casas construidas cerca de la orilla del mar, los oían pero se veían impotentes para prestarles auxilio. Este llegó, por fin, cuando ya era muy tarde para impedir que 14 hombres murieran ahogados en la mar del Orzán. Esta tragedia causó un impacto muy fuerte en la opinión pública, por lo que pocas semanas más tarde ya estaba muy avanzado el proyecto de crear la Cruz Roja del Mar. En su creación, y en la formación de los primeros voluntarios, se contó con el asesoramiento de la sociedad nacional de salvamento británica, la Royal National Lifeboat Institution, la RNLI, que enviaron dos modernas embarcaciones para las prácticas, aunque la intención de los ingleses era también la de vendérnoslas a continuación. Sin embargo, y después de probarlas durante todo un año, el gobierno tomó la decisión de fabricar las suyas propias, eso sí, adoptando sus características principales.

Las embarcaciones británicas habían sido diseñadas para la navegación y el rescate en las condiciones más difíciles. Eran capaces, por ejemplo, de volcar y automáticamente recobrar la posición correcta, por lo que se las consideraba insumergibles. Pronto empezaron a ser probadas en las aguas de nuestra bahía. Para tripularlas se solicitaron marineros voluntarios y yo me presenté de inmediato. Recuerdo que argumenté durante la entrevista con el encargado de hacer la selección que, además de ser un buen nadador, practicaba surf, lo que yo suponía que sería un argumento irrebatible para que me eligieran. No sé si por esa razón, o por la de ser nadador, o porque no había muchos voluntarios, que me eligieron. Pronto salí para mi primera navegación, pero con lo que no contaba era con un factor personal muy negativo: me mareaba. Aún recuerdo hoy a uno de los suboficiales ingleses dándome palmaditas en la espalda y consolándome en su idioma, mientras yo vomitaba por la borda con desesperación y mucha vergüenza. Pero aquello no me desanimó, y continué con los prácticas.

Un día, mientras nos balanceábamos entre las olas a bordo de la embarcación, salió durante la conversación el tema del surf. Entre los marineros voluntarios había un chavalote fortachón y hablador llamado Miguel Camarero. Él había empezado hacía meses y tenía una tabla, una Bilbo, que le había vendido un asturiano, Félix Cueto. Hoy en día tal vez sea difícil imaginar para los más jóvenes lo que significaba entonces encontrarse con alguien que, asombrosamente, también era surfista como tú. De inmediato lo convertías en tu colega más cercano. En el caso de Miguel, algo más joven que yo, se trataba además de una persona entrañable, risueña y sobre todo un enamorado del mar, de la vida, y de todas esas cosas bellas que hay ahí fuera y que, muchas veces, llegamos a olvidar que existen. Él me habló de la aventura que acababan de comenzar unos cuantos alumnos y compañeros de la Escuela de Náutica coruñesa. Indudablemente esta Escuela fue el vivero más lógico para todo lo que pasó después. ¿En dónde se podía encontrar, mejor que en aquel lugar, a un grupo de chavales lo suficientemente enamorados de todo lo que significase el mar, los océanos…, para iniciarse en el surf? Y enseguida quedamos para surfear un domingo en Bastiagueiro".

47 años después la RNLI y Finisterre unen fuerzas para crear una línea de ropa que es todo un homenaje a una historia de heroísmo y trabajo en el mar.



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HARRISON ROACH

Harrison Roach es uno de esos surfistas polivalentes que llama nuestra atención, ya sea sobre un longboard o sobre una tabla corta de cualquier tipo o tamaño. De entre toda su producción hemos elegido dos de sus vídeos: el último "Black Rain", y "Tales of the wild", de la serie editada por Dior.





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LE BELLE HOSSEGOR

Estos días el mundo mira hacia Francia y sus orillares.



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JBAY - CONNER COFFIN



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EL PARTE

La semana comenzará con el mar casi plato, pero a partir del miércoles la llegada de un frente de olas, que no de nubes, nos traerá lo que parece que serán buenas condiciones. Apenas habrá viento, salvo el domingo, así que habrá donde elegir.

4.10.17

Rock & Long 2017.


Todos sabemos que la ola de Montalvo no es precisamente la más adecuada para organizar un campeonato de long, pero personalmente, aunque predominen las derechas, le encuentro su gracia. Entre el cúmulo de barras siempre aparece alguna que abre. Y la que encuentras, suele ser una buena ola: corta pero intensa. Además el excelente ambiente que se crea entorno al evento, hace que la calidad de las olas quede en un segundo término. Porque resulta difícil no sentirse a gusto después del empeño y ganas que le ponen Toño y toda la gente del Kannion. Y también Walter de Zorlak, y como no Román y María Lafuente, de la Federación, que hicieron posible que toda la parte técnica  funcionase.

En el agua me sorprendió como siempre Miguel Sampalo, dando espectáculo en todas sus olas y demostrando lo que en derechas rápidas se puede hacer. JJ se cogió las mejores, y Súper, vencedor en Kahunas y semifinalista en Open, fue el que más tiempo estuvo en el agua. Ganó Iago Formosel, en una evolución que parece no tener fin. La verdad es que es un placer verle crecer como surfista, y como persona, en cada campeonato, y es un honor el poder darle aun algo de guerra, aunque cada vez sea más difícil acercarse a su nivel.

Después de todo un día en la playa (con cuasi insolación incluida), terminamos el día en el Kannion. Toni Varela, de Cormorán Surfboards (excelentes los acabados de sus tablas), y la gente de Bugarski ofrecieron un improvisado concierto country. Fer nos invitó a las olas de la ría de Noia, y Toma Goma, Iron Mountain y Camiño do Río nos enseñaron sus últimos trabajos. Yo me volví antes de que empezasen los conciertos. El sol me había pasado factura, la semana se anunciaba complicada, y parecía que el domingo habría olas en casa. El próximo año volveremos seguro.