30.11.14

HISTORIAS. La familia Irisarri (parte 1).



Catorce hermanos, siete de ellos surfistas. Reunirlos a todos, o al menos a los máximos posibles, parecía una tarea a priori  complicada, y más cuando todos, cada uno en su campo, llevan una vida profesional llena de actividad, compromisos y proyectos interesantes. Pero cuando la convocatoria y organización de la reunión sale de ellos mismos, y antes de empezar la charla me cuentan lo entusiasmados que están con que nos hayamos encontrado para hablar de surf, la tarea de entrevistador, la mía en este caso, se vuelve mucho más sencilla. Sólo hay que relajarse, escuchar, y dejar que las historias surjan y la conversación fluya.

De los 7 hermanos surfistas, acudieron a la primera de las citas, cuatro de ellos: Vicente, Jose, Suso y Alberto. De los que no pudieron acudir, Balbi, Alfredo e Iñaki, las referencias fueron continuas. A la segunda de las reuniones, además de los citados, se sumó también Balbi.

La conversación, que se prolongó durante más de tres horas cada uno de los dos días, fue un repaso magistral a la historia del surf en Galicia. Una historia contada además por personas con una sensibilidad especial por la historia del surf y su cultura. Y es que a diferencia de otros pioneros, que se iniciaron y evolucionaron en el surf casi de modo insconsciente, en la familia Irisarri se fue pronto consciente del lugar en la historia que se estaba ocupando. Conocedores de la importancia del momento, han conservado, para el disfrute de todos, documentos e historias que reflejan fielmente lo ocurrido durante aquellos años.



LOS PRIMEROS AÑOS

(V) Nuestros antecedentes en el surf tendríamos que situarlos en el deporte en general. Somos una familia de gente muy deportista, y desde pequeños nuestros padres siempre nos animaron para que practicásemos algún deporte. Daba igual cuál fuese. De mar o de tierra. Pesca submarina, rugby, futbol, … . Entre todos ellos, aquellos que estaban vinculados con el mar fueron siempre los que más nos atrajeron, y en particular la pesca submarina, el buceo y el surf. El deporte generó entre los hermanos una gran unión. De 14 hermanos, 7 somos los que lo hemos practicado surf: Alfredo, Jose, Vicente, Suso, Alberto, Iñaki y Balbi. Muchas veces nuestros hermanos “no surfistas” se quejan de que el surf sea el tema recurrente en las conversaciones de las reuniones familiares, pero es inevitable cuando somos tantos los que compartimos esta pasión.

La segunda de las claves creemos que está claramente vinculada con el hecho de tener una casa en la única playa de Vigo en la que había olas: Patos. La elección de Patos, o el por qué llegamos hasta allí, era bien sencilla. De todas las playas de los alrededores de Vigo era la que mantenía, a finales de los sesenta, un aspecto más natural. A aquella playa íbamos los que preferíamos un arenal más salvaje y natural, frente a otras playas más cercanas a la ciudad y con mejores accesos y servicios. También era una de las más abiertas, y por tanto de las que recibía más oleaje, y tal vez por ello no había casi bañistas. Era también una playa con un ambiente muy abierto, y muy frecuentada por extranjeros, sobre todo alemanes, que pasaban temporadas de camping. Posiblemente por estos, y otro motivos, nuestros padres compraron un terreno allí a principios de los setenta, y comenzaron la construcción de una casa en la que pasar los veranos.

Pero antes de llegar a Patos ya estábamos enganchados al mar. Hasta el año 1964 pasamos todos nuestros veranos en la Cañiza, en el interior, pero a partir de 1965, los pasamos ya en la playa. Como nuestras padres trabajaban, nuestros hermanos mayores nos llevaban por la mañana a la playa y por la tarde al monte. En el año 1965 el mayor de nuestros hermanos se compró el primer fusil de pesca submarina, el Nemrod Calavera, con un tridente de arpón. Él nos dejaba a los pequeños ir a pescar. Primero él y después nosotros. Ahí surgió nuestra inmensa afición al mar. Más que surgir se puede decir que la recuperamos, porque antes de ir a la Cañiza recuerdo que veraneábamos en Canido, y allí nos pasábamos todo el día en el mar. En la Cañiza, aunque no había mar, estábamos todo el día en el río bañándonos. Así que siempre fuimos muy acuáticos.

¿Y por qué el surf? Pues la verdad es que no hay un por qué concreto. Cualquier deporte que tuviese que ver con el mar nos atraía profundamente, y era natural, y cuestión de tiempo, que lo probásemos. La verdad es que éramos como unos polinesios pero de agua fría. Lo mismo ocurrió con el windsurf, que lo probamos en 1979, y que sobre todo Jose ha seguido practicando durante años.

Y a través del surf, llegamos también al skate. Nosotros ya éramos mayores, pero Suso y Alberto andaban todo el día a ello. Recuerdo que aún estando en obras el puente de Rande, vosotros ya aprovechabais los tramos que se habían terminado de la autopista para tiraros cuesta abajo con el monopatín. Llegabais a casa con las manos, codos y muñecas desgraciadas, pero parecía daros igual.


(J) Pero volviendo a los deportes acuáticos, el origen de nuestra pasión por el mar está en la pesca submarina, que de algún modo, y en nuestro caso, se puede decir que fue el germen de todo. En aquellos años algunos buceadores se habían convertido, gracias a la televisión, en verdaderos héroes para la gente de nuestra generación. Personajes como Hans Hass o Couesteau eran venerados por gente como nosotros. Y entonces, partiendo de la pesca, comenzó nuestro viaje de un deporte a otro: de la pesca submarina en el año 1965 al bodysurf entorno al año 1971-72; del bodysurf al surf en 1975; primero con una tabla prestada; después con tabla propia. Y unos hermanos fuimos provocando que los otros se enganchasen, hasta el punto que el surf se convirtió en nuestra prioridad, lo que supuso que dejásemos de lado los otros deportes. ¿Y que nos enganchó del surf? Pues además del deslizamiento en sí, con el surf se abría todo un mundo, con miles de aspectos y detalles por descubrir, además de toda una cultura nueva con valores en auge como la libertad, el medioambiente, la música, …

(V) Imagínate lo importante que era la pesca submarina para nosotros, que uno de los mejores recuerdos que guardamos de nuestra juventud es el ritual iniciático que habíamos establecido en la familia a partir del cual, y una vez superado, suponía el poder empezar a bucear con arpón. Cuando empezamos, y como todos queríamos pescar, los mayores marcaron unas normas que los pequeños teníamos que cumplir para poder hacer pesca submarina. Era lo que denominábamos “el examen de pesca submarina”. Cuando se cumplían los 14 años, y para poder disponer de tal privilegio, se habían de pasar 4 pruebas, que habilitaban a uno a ir “armado”. La primera de las pruebas era teórica, y consistía en preguntas del tipo “¿cuál es el nombre de las cinco especies de tiburón asesino?” A lo cual había que responder que el blanco, el tigre, el toro, el nodriza gris, y un quinto que se establecía a criterio de Jose, y que según el día era el martillo o el punta blanca oceánica (en la elección del quinto elemento de la lista, las últimas fotos y reportajes de Han Hass jugaban un papel fundamental). La segunda de las pruebas consistía en bucear una distancia de aproximadamente unos 20 metros entre las piernas de varios hermanos. La tercera ponerse y quitarse las gafas de bucear sumergido. Y la cuarta se echaba un plomo de buceo, a unos 4-5 metros de profundidad, que había que recoger a pulmón.


(V) Al igual que para otros, nuestros primeros contactos con el surf fueron un tanto etéreos. De hecho no recordamos cuales fueron exactamente. Me imagino que se trató de una sucesión de imágenes vistas en revistas, o en la televisión. Por ejemplo, recuerdo algún artículo en el Selecciones de la Reader’s Diggest o en la revista Life. También por aquel entonces la serie Hawaii 5.0 estaba de moda en la televisión, y solían aparecer en ella imágenes de surf. Además a nosotros siempre nos gustó el mar y la pesca submarina, por lo que cualquier cosa que tuviese que ver con el océano nos llamaba la atención y nos generaba un gran impacto. Pero de lo que sí tenemos un recuerdo claro es de un libro, “Reportajes del mundo”, que pasó por casa entorno al año 1966-67. El libro incluía un reportaje sobre Australia. En dicho reportaje se hablaba de Nat Young, y se comparaba su figura con la del atleta Ron Clarke, una de las figuras deportivas de la época, pues había batido varias veces el record del mundo de los 5.000 y 10.000 metros. Ron Clarke había ganado la medalla de bronce en la prueba de los 5.000 metros en los Juegos Olímpicos de Tokio en 1964, y en 1968, en los de Méjico, casi muere debido a una mala adaptación a la altura. Hoy por cierto es el Gobernador de la Gold Coast. En ese reportaje se mencionaba que Ron Clarke era tan famoso en Australia como un surfista llamado Nat Young, que por aquel entonces acababa de ganar el campeonato del mundo de surf. Nos llamaba poderosamente la atención que un surfista, dado que para nosotros el surf era algo muy lejano y exótico, fuese reconocido y tuviese tanta fama como una estrella mundial del atletismo. Creo que desde ese momento el surf no sólo pasó a estar presente de un modo más fuerte en nuestros pensamientos, sino que también comenzamos a tomar conciencia de él como deporte y a aumentar nuestro interés por su práctica. Sin embargo teníamos un problema fundamental. No teníamos tablas, por lo que de algún modo estábamos con las manos atadas.

(V) Tras dichos antecedentes, empezamos a plantearnos seriamente hacernos con una tabla en el año 1972. Ese año, Alfredo se fue a estudiar primero de Ingeniería de Caminos a Santander, en donde hizo los dos primeros cursos, antes de continuar la carrera en Madrid en 1974. Cuando volvía a casa nos contaba que había gente haciendo surf en el Sardinero, y recuerdo perfectamente que nos hablaba de los Fiochi y otra gente que surfeaban allí asiduamente.

(J) De hecho le encargamos que se hiciese con una tabla, pero no sabemos por qué, el encargo nunca se llegó a culminar.


(V) En el verano de 1975 se produce un encuentro en Patos que para nosotros sería transcendental. Un día vemos que en el agua hay varias personas con tablas de surf. Sorprendidos nos acercamos a ellos. Estas personas resultaron ser Nicolás Pita, Ángeles Vega y los hermanos Montenegro, Nacho y Víctor. Nicolás había sido compañero mío de clase en los Jesuitas, y Nacho y Víctor eran hermanos de Luis Montenegro, con el que también había compartido pupitre muchos años, por lo que el acercamiento fue inmediato. Hacía años que no nos veíamos, ya que me pasaba la mayor parte del año en Madrid estudiando. Al no volvernos a ver desde nuestros años de colegio, no fuimos conocedores de que ellos llevasen haciendo surf desde 1969. Creo que ese mismo día nos dejaron probar. Jose fue el que más rápido se unió al grupo, y el primero en dejar la pesca submarina como prioridad. De hecho guardo la imagen clara de ese verano de irnos todos a bucear en una barca de la familia, y de quedarse Jose en la playa con la tabla prestada. Y eso que Jose era el que mejor pescaba de los hermanos, y el que, por decirlo de algún modo, más le gustaba. En aquel verano el resto de los hermanos aún pensábamos que la prioridad en esa época del año debía de ser la pesca submarina, y que el surf se trataba de una actividad más de invierno.

(J) El encuentro con los Montenegro y Nicolás Pita nos reveló además que el surf era un deporte que realmente se podría practicar en Patos. Javier, que es el mayor de todos los hermanos, nos ha comentado en más de una ocasión, que cuando se empezó a hablar en casa de surf, él no participada tan animadamente en las conversaciones como nosotros, porque estaba convencido que el surf no era un deporte que se pudiese practicar aquí, sino que era actividad que estaba íntimamente ligada a las olas gigantes y Hawaii, ya que esa era la imagen que recibíamos de las revistas. Y eso evidentemente no lo había en Patos.

Que Nicolás Pita y los hermanos Montenegro estuviesen haciendo surf, nos hizo volvernos absolutamente locos. De hecho desde ese momento el surf se convirtió en el “tema” principal de conversación entre los hermanos. Guardamos muchas de las cartas que nos escribíamos mientras que los hermanos estábamos estudiando en Madrid, y el tema del surf, desde ese verano, y principalmente a partir de las navidades de 1976, comenzó a ser un tema recurrente.

(V) Muchos de nuestros males se curaron cuando en las navidades del año 1975-76 Macamen, mi mujer, me regala la que sería la primera tabla de la familia: una Dick Brewer de enésima mano que es “estrenada” por los hermanos de inmediato.

(A) La verdad es que el día que llegó la tabla a casa fue un momento especial en nuestras vidas. De hecho recordamos perfectamente la fecha: el 4 de enero de 1976.

(J) Aquellos baños de estreno, entrando al agua en pleno mes de enero con la única protección de una camiseta de algodón, y saliendo morados del frío, fueron especiales. Debimos de surfear más o menos asiduamente aquel invierno, porque recuerdo perfectamente como nos solíamos cambiar en la casa aún en obras.

(J) En mayo de 1976 se finalizaron las obras, con lo que ya nos asentamos definitivamente en Patos.

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