17.10.15

HISTORIAS. Biarritz (parte 4). La route Anglet Bayonne.






Uno de los grandes aciertos del viaje fue el haber decidido llevar las bicis. Aunque ocupaban un montón de espacio dentro del coche, ya en Francia les sacamos muchísimo partido, permitiéndonos visitar sitios que en coche hubiese sido imposible, y que andando nos hubiesen requerido mucho más tiempo. La zona está dotada además de muy buenos carriles-bici (el de Hossegor-Seignosse es una maravilla), por lo que lo el llevar las bicicletas a Francia es casi obligado.

Tras nuestro tercer intento frustrado de visitar el faro de Biarritz, decidimos proseguir nuestra ruta hacia Anglet y Bayona. El día estaba horrible. Aunque no hacía frío, llevábamos todo el día con chubascos intermitentes. El mar estaba grande. Por la mañana ya había surfeado en San Juan de Luz. Por lo que recorrer Anglet, y llegar hasta Bayona, parecía una buena opción para esa tarde.

Bajar la ladera del monte en la que se encuentra el faro, en dirección norte, es como adentrarse en otro lugar. Las costa rocosa desaparece, y ante nosotros se extiende una gran playa dividida en partes por diques que se adentran hacia el mar. Lo que en el pasado debió ser un gran arenal, son ahora 11 playas separadas entre sí por cordones de escollera. Los edificios históricos desaparecen, y todo es más “contemporáneo”. Bloques de edificios. Casa unifamiliares de propietarios con gran poder adquisitivo. Campos de golf a pie de duna. Un skatepark. Una pista de patinaje sobre hielo. Parques biosaludables y acrobáticos. Lagos. Un helipuerto. Y hasta un MacDonalds (cuando llegamos pensé que era también una comisaría, porque fuera había varios coches de gendarmes, aunque en realidad  habían parado allí a reponer fuerzas con una dosis de comida rápida americana). En total más 4 kilómetros de paseos muy bien cuidados. Cuando llegamos a Le Barre, la última de las playas, las olas que rompían contra el dique que la separa de Les Cavaliers levantaban espumas de varios metros de altura, que contrastaban con las figuras de las personas que se adentraban en él para ver el espectáculo desde más cerca. Aquellas imágenes me recordaron a las del naufragio de buque Luro, en ese mismo lugar, ocurrido hace ahora casi dos años (podéis ver varios vídeos del naufragio pulsando aquíaquíaquí y aquí). Las imágenes del naufragio además de espectaculares, resultan escalofriantes, sobre todo viendo los intentos que desde el helicóptero de rescate se hacen para poner a salvo a los tripulantes del barco mientras éste se parte en dos. Milagrósamente todos salieron bien de allí.

Sé que el día no hizo justicia al lugar, y que con sol, mar ordenado y olas, nos hubiese gustado mucho más. Pero el contraste con Biarritz resulta muy grande.

Tras Le Barre, y siguiendo la desembocadura del río, intentamos dirigirnos hacia Bayona. Aunque desde la desembocadura la ciudad no parece muy atractiva, por lo que había leído valía la pena visitar cualquiera de los tres barrios en los que se organiza: el de Saint-Esprit, en donde en el siglo XVII se asentaron los judíos que escaparon de España por la inquisición y que introdujeron en la ciudad el comercio del cacao en grano y posteriormente el negocio de la fabricación de chocolate, por el que Bayona es todavía conocido; o el llamado Petit-Bayonne, con sus museos dedicados a la cultura vasca y el Museo Bonnat, con obras de El Greco, Delacroix, Géricault y Degas; o el Grand Bayonne, el casco antiguo de la ciudad, en el que destaca su catedral gótica y sus calles estrechas. Pero entre que nos perdimos y se nos hacía tarde, decidimos regresar a Biarritz. La visita a Bayona quedará para un próximo viaje. 

Regresamos por el interior del bosque de pinos de Chiberta, que junto con el de Lazaret, ocupan el 10% de la superficie de Anglet (más de 250 hectáreas). El bosque está atravesado por multitud de senderos en todas las direcciones, pero como empezó a llover con fuerza, tomamos camino a Biarritz por el camino más directo que intuimos.

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