17.12.10

HISTORIAS. Mecánica Popular (parte 4)



En el número del mes de Septiembre de 1958 de la revista Mecánica Popular se publicaba un artículo escrito por Frank Follmer y Tom Riley en el que se describía la construcción de dos tipos diferentes de "acuaplano". A través de un breve texto y unos dibujos se explicaba el modo de construirse uno su propia tabla. El texto daba continuidad a los ya publicados por la revista en 1953 y 1957, y su contenido era más o menos este:


"No es necesario irse a Hawaii para andar en acuaplano y disfrutar de la emoción de acercarse a la playa cabalgando sobre las olas. Los entusiastas de este deporte han descubierto que las olas de las playas de las costas marítimas de los Estados Unidos y las de los Grandes Lagos ofrecen las mismas satisfacciones que las de Waikiki. Los niños y los adultos que prefieran un deporte acuático menos movido pueden usar este acuaplano cabalgador de olas para impulsarse con las manos. Y si se abre en el fondo de ellos una portilla provista de un vidrio, podrá observarse al mismo tiempo la vida submarina. El acuaplano se transporta cómodamente en el techo del automóvil.


El acuaplano que se describe tiene suficiente flotabilidad y es lo bastante estable para soportar una persona que pese unos 80 kilogramos. No obstante, sus dimensiones se dan sólo para que sirvan de guía, y podrán cambiarse para modificar sus características de deslizamiento y flotabilidad con objeto de adaptarlas al tamaño y pericia de la persona que lo usará. Para una persona de menor tamaño resultará adecuado un acuaplano de 9 ó 9 ½ pies con una manga máxima de 22 pulgadas y un espesor máximo de 3 pulgadas. En cambio, una persona corpulenta preferirá, sin duda, uno de 12 pies. Los acuaplanos angostos son más ligeros y resultan mejores para deportistas experimentados; mientras que los anchos, aunque más lentos, son bastante más fáciles de manejar, característica que los recomienda para los principiantes.


Es difícil encontrar tablas de madera de balsa de más de 4 x 4 pulgadas, por lo cual será necesario unir varias de ellas para formar un tablón de la anchura requerida para cortar el acuaplano. Como la mayoría de los madereros no almacenan madera de balsa, conviene hacer el pedido con tiempo. Por unir las tablas de balsa se han de emplear al menos seis prensas. Para cortar el tablón, se dibuja sobre él la forma del acuaplano. Luego, usando una cuchilla de desbastar o una lijadora eléctrica portátil, se da al tablón la forma aproximada del acuaplano. Todos los bordes deben redondearse cuidadosamente y los lados ahusarse de modo que si se hiciera un corte transversal de la pieza, la superficie de éste tendría la forma de un óvalo achatado. El fondo se deja casi plano desde la región de manga máxima hasta el extremo de la popa. La sección de proa, en cambio, se hace con una curva más pronunciada. Con objeto de que sirva de ayuda para controlar el acuaplano cuando éste se encuentra sobre una ola, se introduce y encola una pequeña aleta en una ranura abierta en el extremo de popa. Luego se lijan todas las superficies y se cubre la parte superior con fibra de vidrio, siguiendo cuidadosamente las instrucciones del fabricante. Al hacer esto se deja un sobrante de 4 pulgadas a todo lo largo del borde.


El secreto para conseguir que el acuaplano quede sobre la ola consiste en remar mar adentro hasta donde las olas estén a punto de romper. Una vez allí, se sube uno sobre el vehículo y se rema vigorosamente hacia la playa. Cuando la ola toma el acuaplano y lo lleva hacia delante, hay que ponerse de pie y guiarlo diagonalmente a través del frente de la onda, inclinándolo hacia la izquierda o la derecha, según convenga. La mejor posición para deslizarse es inmediatamente delante de la cresta de la ola, y cuando el acuaplano está allí, se dice que va "cabalgando el gancho". Una carrera de 90 metros sobre una ola se considera buena.

Y para quien le interese el texto completo y original no tiene más que pulsar AQUÍ.

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