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22.7.19

Playa do Palleiro.



Hace unos meses, Ángel Chao me enviaba por correo electrónico una serie de planos del siglo XVIII en los que aparecía, con más o menos detalle, la costa que forma el Golfo Ártabro. Ángel me los enviaba porque le había llamado la atención que en todos ellos aparecía un arenal como el nombre de Pallejo, Palleiro o Palleyro en lugar del de Doniños (pulsar sobre las imágenes para ver en grande). Revisando otros planos de la época, en ningún otro aparecía esta denominación, así que tras darle las gracias a Ángel por compartir los planos conmigo, le prometí que investigaría el porqué de ese nombre.

Y como suele ocurrir muchas veces, la respuesta llegó a mí por casualidad. Me la dio el otro día Matilde Caridad, a quien se lo había contado el Sr. Guillermo hace años. La mitad norte de la playa de Doniños, que en realidad se encuentra en la parroquia de San Jorge, era conocida como la playa de Os Palleiros por los pescadores que navegaban frente a esta costa.

Antes de la construcción de los faros de Cabo Prioriño y Prior, cuando las gentes del mar salían a pescar (lo hacían todavía a remo), se orientaban en base a referencias que tomaban en tierra. Frente a un arenal de algo más de kilómetro y medio, y una costa no siempre con buena visibilidad por la niebla, una de esas referencias eran los palleiros que los campesinos de la zona de Outeiro levantaban en sus tierras con la hierba segada. Esos cúmulos, que se formaban a partir de un poste de madera central, servían para guardar la paja, protegerla de los agentes atmosféricos y lograr que conservase sus cualidades nutricionales. La producción de hierba de la zona debía de ser tan buena, que se cuenta que los palleiros que se formaban en Outeiro eran especialmente altos, lo que los hacia perfectamente visibles desde el mar. Y esa referencia le dio a la playa durante muchos años un nombre que hoy ya casi nadie conoce.





10.7.16

SUCEDIÓ EN A CROA. Las balas perdidas.


Me imagino que hasta no hace muchos años, la actividad en el campo de tiro marcaba en buena medida el día a día en el pueblo de Doniños, al menos en la ladera norte del valle. Ubicado cerca de los restos del antiguo castillo, la construcción del campo de tiro en los años 30 había traído a este lado del valle algún que otro adelanto en cuanto a mejora de las infraestructuras. Pero también bastantes inconvenientes.

La instalación ocupaba una extensión de unos cinco mil metros cuadrados, y contaba con varios edificios, la mayoría de los cuales aún siguen en pie. Pero los efectos de sus actividades se extendían mucho más allá de sus límites. Entre 1931, año de su apertura, y el año 2000, fecha de su cierre, en él se realizaron miles de entrenamientos con armas cortas y largas, con granadas de manos y explosivos, por parte de miembros de la Armada, alumnos de las escuelas de la Marina, el Ejército, la Guardia Civil, la Policía Nacional y la Policía Municipal.

Cuando se realizaban las prácticas, muchas veces por personas que nunca antes habían tenido un arma de fuego en sus manos, se izaba una bandera roja en el medio de la playa para avisar a los bañistas de que pasar por esa zona resultaba peligroso, sobre todo en la franja de playa que lindaba con el campo, ya que a ella iban a parar muchas de las balas que desde las galerías de tiro salían sin una dirección determinada. De hecho aún hoy, y eso que algún vecino se ha dedicado en los últimos años a retirar pacientemente muchas de ellas, es fácil encontrar en las dunas, en las zonas que están desnudas de vegetación, balas y proyectiles de todo tipo. De hecho, y hace dos años, encontramos en una ocasión una pieza de mortero que afortunadamente estaba sin carga, y que la Policía Nacional hubo de venir a retirar.




Sobre las actividades en el campo de tiro ya hemos hablado en el blog en varias ocasiones, recopilando algunas fotos históricas de entre los años 40 y 70, y contando alguna de las historias allí acontecidas, entre ellas el incidente que Juan Abeledo hijo tuvo un día que surfeaba en el medio de la playa. Las imágenes que Luis Bericua me pasó en su día, y que aparecen en esta entrada, resultan también bastante elocuentes. Pero hace unos días Vicente, en otra de sus aportaciones de material histórico de interés, me enseñó un reportaje de la revista Gam, de noviembre de 1997, escrito por la periodista Eva Pena, en el que se contaba la historia de "Las balas perdidas de la Marina", entre ellas la que impactó a Juan en 1977. El reportaje comienza precisamente con una foto de Juan, en la entrada del campo de tiro, y cuenta varios incidentes acaecidos en la instalación, contados por varios vecinos:

"Estaba en el patio pintando las contraventanas y se escuchaban los tiros como otras veces. De pronto, oí silbar una bala por encima de mi cabeza y me agaché por instinto. A continuación vi el cristal roto. Una bala lo había atravesado e hizo impacto en la pared del recibidor. Me desplacé al campo y el jefe del polígono reconoció que había un destacamento de infantes especialistas que se preparaban para un concurso de tiro. Quedó demostrado que habían hecho los disparos fuera del campo, porque mi casa está a más de un kilómetro en línea recta. Varios oficiales vinieron a reconocer la vivienda y me repararon los daños".

"Aquella mañana las paredes temblaron como si fueran de papel. Yo fui a avisar al guardia del polígono y a pedir que cesaran el tiroteo. Me respondió que aquel día estaban utilizando un tipo de bombas más potentes, pero que se trataba de un hecho aislado que no se volvería a repetir".

"Era miércoles y me encontraba haciendo deporte por el pinar de Doniños. Sobre las 13 horas, me senté en una piedra que había detrás de la caseta de la Cruz Roja, a unos 600 metros del campo de tiro. Mi sorpresa fue enorme cuando vi que una ráfaga de ametralladora levantó la arena a unos metros escasos de mis pies. No supe qué hacer. Cuando terminó el tiroteo me fui a la puerta del campo. Vino el oficial de guardia, le conté lo sucedido y me contó que había una patrulla haciendo ejercicios por las dunas. Al día siguiente me presenté en el Cuartel General. Me dijeron que iban a hacer averiguaciones, y que me darían una explicación. Aún estoy esperando. De todas formas tuve suerte, porque si llego a estar inclinado, las balas me hubieran volado la cabeza".

La convivencia entre la actividad del campo de tiro, los vecinos y los bañistas, se volvió intolerable a finales de los años 90. Las primeras protestas vinieron por el ruido excesivo que venía desde el campo, producto de las continuas detonaciones y tiros. También por la posible presencia de explosivos sin detonar en el medio del campo. De hecho en 1997 la Marina limpió el campo, y las dunas, de granadas de mano.

Además del caso de Juan, se tiene constancia de otro caso en el que hubo impacto directo de bala sobre personas. El de Juan, que ya se contó en el blog hace años, se cuenta con más detalle en el reportaje. Cuando ocurrieron los hechos, mayo de 1977, Juan tenía 24 años:


"Había traído una tabla de surf de Santander y éramos pioneros en un deporte que aquí apenas se practicaba. Bajamos a las 8 de la mañana, había buenas olas, ... Nos metimos en el agua y empezamos a hacer surf. Estábamos a unos 300 metros de la playa cuando noté el impacto de una forma suave. Pedí a mis compañeros que mirasen porque, en principio, pensé que sería un abejorro, pero vieron un hilito de sangre. Al momento comenzamos a ver como las balas salpicaban a nuestro alrededor, y me di cuenta entonces de que me habían alcanzado. Salimos del agua y nos dirigimos a la puerta del polígono. Le dije al oficial de guardia que me parecía que me habían dado un tiro. Me miró y me puso una tirita. También nos recriminó por estar bañándonos en zona prohibida. Fue entonces cuando vimos la bandera roja. Lo que pasó es que la izaron y empezaron a pegar tiros sin tener en cuenta que había gente en el agua. Con la tirita puesta fui al médico en compañía de mi padre. Me miraron por rayos y descubrieron que tenía una bala entre la quinta y sexta vértebra. Me operaron en la residencia de Ferrol, y cuando salí, me presenté en el Cuartel General de la Armada y pedí que me recibiera el Capitán General. Enseguida lo hizo, y le pedí explicaciones. Sus únicas palabras fueron reproches y recriminaciones. Se negó a creerme cuando le dije que no estaba izada la bandera roja, y nuestra diferencia de opiniones hizo que él me invitara a abandonar su despacho, lo que hice dando un portazo. Se me pasó por la cabeza denunciar el caso, pero un abogado me aconsejó que no moviera el asunto. Eran otros tiempos, estaba empezando la transición, y los militares todavía tenían mucha fuerza".

Pero el caso más dramático fue el de un marinero de Ares. Daniel, su padre, y otros 2 compañeros, faenaban el 6 de julio de 1993 a bordo del "Javier", un pequeño pesquero con base en el puerto aresano. Tras pasar la noche pescando al trasmallo en las Islas Gabeiras, regresaban a puerto navegando frente a la playa de Doniños:

"Estábamos sacando el pescado de la red, y de pronto, caí sobre la cubierta. Tenía las piernas y los brazos paralizados y momentáneamente quedé ciego. Me puse a gritar como un loco. Mi padre decía que era un calambre, pero yo sabía que se trataba de una bala porque llevaba un rato oyendo tiros procedentes de la costa". Daniel fue operado en el hospital Juan Canalejo de Coruña, donde le extrajeron el proyectil que había quedado alojado a 2 milímetros de su médula espinal. Los médicos le dijeron que no se había quedado parapléjico de milagro.

Los últimos "accidentes" llevaron a que se construyese una nueva y "moderna" galería de tiro. Una instalación que apenas se utilizó y que hoy permanece demolida al lado del lago a la espera de que Costas retire todos los restos y los lleve a un vertedero. Mientras miles de balas, y restos de otros proyectiles, permanecen entre la arena de las dunas como evidencia del pasado del campo de tiro.

23.12.15

SUCEDIO EN A CROA. 1930.


Me considero una persona optimista, aunque he de reconocer que para algunos temas mi sentimiento no siempre es ese. Uno de los temas con los que soy pesimista es con la conservación de los espacios naturales. Basta con pensar, por ejemplo, en lo ocurrido hace unos meses en Brasil para imaginarse un presente y un futuro poco halagüeños. Pero tampoco hay que irse tan lejos para ver las cosas negras: ¿cómo se puede explicar lo sucedido en Asturias en la última semana? Por eso, y cuando el otro día Miguel me trajo esta postal a la oficina, a parte de la sorpresa, sentí una gran alegría.

La imagen, tomada en el año 1930, muestra la laguna de Doniños y buena parte de la playa, y de ella me llaman la atención varias cosas. La primera, la vegetación que cubre las laderas de Monteventoso, en donde parece que no hay ni un solo árbol entre la densa capa de monte bajo. También que en Penencia no había casas. Pero sobre me fijé en el punto por dónde desembocaba el lago, en el centro de la playa, muy lejos del lugar en donde lo hace ahora. Aunque la foto se centra en la tierra, si nos fijamos en el mar, podemos ver una serie de olas muy marcadas, seguramente peraltadas por la arena depositada a los márgenes de la desembocadura. Líneas que se adentran mucho en el mar, y que me hacen pensar en largas derechas e izquierdas rompiendo en el medio de la playa aquel día. Desconozco cómo fue la evolución para que el río llegase al mar por donde lo hace ahora, pero en algún momento el cordón durar cerró la salida de las aguas interiores por esa zona, obligando al río a buscar su actual desembocadura. Tal vez la fotografía muestra una situación que fue excepcional, creada por un temporal especialmente fuerte que rompió el cordón dunar en el centro de la playa. Una anomalía. A saber.

Pero el motivo de mi alegría estaba en la vegetación de las dunas. Y no precisamente porque el estado que muestra la fotografía sea bueno, con grandes áreas casi totalmente desnudas. Sino porque la situación actual, con prácticamente toda la superficie cubierta por un manto verde, contrasta en positivo con la de 1930. A la vista de la imagen, y en estos 85 años, parece que las cosas no han evolucionado mal del todo en el espacio dunar de Doniños.

22.1.15

SUCEDIO EN A CROA. 1901.


Hace casi dos años, como parte de la serie "Sucedió en A Croa", y emocionados por el descubrimiento de unos planos del Castillo de Doniños del año 1797, publicamos el texto escrito por José Montero y Arostegui en 1874 sobre el lago de Doniños, en el que se incluía una descripción del castillo de Doniños siete décadas después del desembarco de los ingleses. Buscando en la hemeroteca de la Real Academia Galega, de donde salió aquel texto, hemos encontrado otro de 1901 escrito por Valentina Lago-Valladares, y de título "El lago de Doniños", que no solo describe el lago, sino también cómo eran el valle, la playa y la Batería hace más de 100 años. Podéis leer el texto íntegro pulsando AQUÍ.

"Al amanecer de una hermosa mañana de Agosto, dejamos las dulzuras del sueño y el regalado lecho para emprender la deseada excursión al poético Lago.

El valle permanecía aún en oscuridad confusa y misteriosa, alumbrado sólo por la claridad dudosa del alba. Yo no he visto nada más hermoso que un amanecer en estas campiñas de nuestra querida Galicia, donde la naturaleza nos presenta primores y bellezas difíciles de describir.

(...)

Preparada la cesta con la merienda, y dispuestos los expedicionarios para caminar, revolvimos hacer más pintoresca la jornada, por las floridas veredas de Villadóniga. (...) La mañana estaba deliciosa. Los primeros rayos de sol separaban los girones de niebla que aún flotaban en los altos montes; (...) y por todas partes respirábamos esa variedad infinita de aromas y flores, desayuno universal con el que nos convida la pródiga naturaleza. 

(...)

Nuestro deseo por llegar pronto nos hacía caminar con ánimo. Las primeras casas de la aldea de Doniños nos llenaron de alegría. Atravesamos (...) el espeso pinar y la grande robleda, y de repente, sin apenas darnos cuenta, nos encontramos en la llanura. Tendimos la vista a lo lejos, y de nuestros labios salió una entusiasta admiración, ¡el lago! ... Descendimos gozosos y alborazados por un camino estrecho que dejó de ser de mullida hierba: pisábamos un terreno arenoso y de playa. Habíamos llegado. Extiéndese el lago, al pié del alto monte, y sepáralo del mar, un ancho arenal que como pedazo de blanca sábana, se extiende de uno y otro lado. La vegetación que lo rodea es magnífica: las tierras trabajadas tocan las orillas bravías de la playa; el trigo y el maíz, los frutales y la hortaliza, crecen y se sazonan al rumor de aquellas embravecidas olas. Una fresquísima alfombra de prados rodea sus márgenes. Infinidad de juncos y espaldañas adornan sus orillas; y los arbustos y las flores silvestres, se inclinan mimosas, besando las transparentes aguas.

Tiene el lago pequeñas ensenadas donde descansan algunos botes pequeños que sirven para pasar por el lago, y admirar muy de cerca la hermosa campiña que sube por el monte hacia el faro.

El lago callado, poético y misterioso con su silencio, parecía contarnos (...) la misteriosa leyenda que guarda en el fondo de sus aguas. Nos dice la tradición y la historia popular, que la ciudad que duerme bajo aquella masa líquida, se llamó "valverde" o "valle verde", y sugestionados por la religiosa creencia, nos parecía ver, allá en el fondo, los tejadillos de las casas, y las puntiagudas torres de sus iglesias.

Nos separamos de las bellezas del lago y nos dirigimos a la playa (...). Las olas imponentes; y el ruido del mar aterrador.

(...)

Fue necesario almorzar, porque las necesidades del estómago eran muchas. Buscamos sitio a la sombra del arruinado fuerte, y en verde y limpio campo tendióse el mantel. La meriende tenía sus perfiles de banquete: dos empanadas, carne en fiambre, pollos asados, postres de queso y frutas, y un vino riquísimo de las bodegas de Grandal. Los expedicionarios éramos doce. (...) Después de comer, antojósenos visitar la batería. Cruzamos la ancha puerta que todavía está regularmente conservada y recorrimos con curiosidad aquellas ya desmoronadas dependencias, donde resonaron a un tiempo los gritos de la victoria (...). Cada piedra que el tiempo y los recios vendabales habían arrojado al suelo, nos parecía una página gloriosa de aquella heroica defensa de 1800. En una de las desmoronadas murallas nos sentamos a contemplar desde las alturas la inmensidad del mar. ¡Qué grandioso contraste! A la izquierda, toda la hermosura de la campiña (...). A la derecha, (...) las playas solitarias, el mar furioso y las olas empujándose las unas a las otras, hasta lamer con rabia, las altas peñas del arenal. Y entre estos dos paisajes de tan rara belleza, el (...) lago tendido en la llanura, (...). silencioso, como embobado con la campiña que le mira, y el mar que le adormece.

Caía la tarde, y era necesario pensar en regresar al valle.

(...)"

27.5.13

SUCEDIÓ EN A CROA. 1874.







Hace unos meses en desdelacroa nos llenamos de entusiasmo con la aparición del plano original, elaborado en 1797, de la antigua Batería de Doniños. Acostumbrados a pesar casi diariamente a su lado, aquel documento demostraba que muchas de las historias que habíamos escuchado eran verdad, y que entre aquellos restos, se encontraban los de la fortaleza que hizo frente a los ingleses en el desembarco de 1800. Pero tras el relato de aquel hecho histórico, en el que se contaba el papel de la Batería en la batalla, no encontramos ninguna otra referencia documental que nos informase sobre lo ocurrido, tras aquella fecha, con este monumento.

Tras buscar por internet, la primera de la pistas que apareció fue un texto escrito, en el año 1874, por José Montero y Arostegui, autor conocido por la publicación en el año 1859 de su libro "Historia y descripción de la ciudad y departamento naval de Ferrol".

Durante años Montero y Arostegui fue el responsable del archivo del Ayuntamiento de Ferrol, lo que hizo que por él pasarán una gran cantidad de documentos y datos que se molestó en recopilar, estudiar y clasificar. Montero figura además entre los colaboradores de la edición del "Diccionario Geográfico-Estadístico de España y sus posesiones de ultramar", dirigido por Pascual Madoz y editado entre 1848 y 1850, y que en mi opinión constituye uno de los documentos geográficos y sociológicos más impresionantes y completos de España.

Pero volviendo a la croa, Montero y Arostegui publicó en 1874 un ensayo de título "El lago de Doniños", en el que relata un viaje que realizó con unos amigos desde Ferrol hasta la playa de Doniños. A través del texto, de un alto grado de detalle descriptivo, hemos podido conocer otros datos del castillo. A continuación os transcribimos, literalmente, lo referido en el relato al Lago y a la Batería de Doniños. El texto íntegro lo podéis leer pulsando AQUÍ y AQUÍ.

"La gran balsa que voy a descubrir, situada al Oeste de la feligresia de San Román de Doniños, es digna de mayor atención por la posición que ocupa, por su configuración, por sus tradiciones y por lo gloriosos recuerdos que a su vista asaltan nuestra imaginación.

En mi constante deseo de visitar y estudiar todo lo notable de este poético y delicioso país, me hice también una excursión a este famoso lago en una hermosa mañana de otoño, acompañado por otros camaradas (...).

Después de disfrutar del paisaje de la ría, continuamos por la vereda que conduce a la aldea de Doniños; subimos la cima que la domina por Oriente, y de repente fuimos sorprendidos con otro espectáculo sublime y majestuoso. La limpia atmósfera de que afortunadamente disfrutábamos nos proporcionó ver una parte del vasto océano, con las Islas Sisargas a la distancia (...).

Bajamos por rápidas pendientes hacia el delicioso valle (...). En el fondo de éste, mejor dicho a su conclusión, entre el severo e imponente rugido de las olas del mar cantábrico que vienen a estrellarse en el gran playazo, formando una resaca amenazadora, pudimos contemplar el extenso lago que a nuestra vista teníamos.

(...) Nos acercamos a las orillas de aquel vasto depósito de agua, y embarcamos en uno de los botes y que flotan en el mismo; recorrimos y recorrimos a nuestra satisfacción, por todas las laderas, aquella gran balsa, disfrutando un momento de verdadera recreación.

Este lago (...) se haya inmediato al mar. Su figura es algo elíptica, con el diámetro mayor en la dirección Este-Oeste, y tiene un área de uno 690.850 metros cuadrados: su profundidad es muy variable, y la mayor podría llegar a unos 18 metros. Sus bordes son de arena y fango, y se presentan por lo general con bastante declive. Este gran estanque está cercado de un gran cañaveral, y en otros tiempos sacaban los habitantes de sus cercanías algún beneficio de la pesca (...): se encuentran sábalos y otros peces, y anguilas que llegaron a pesar hasta 7 kilogramos. Sus aguas en tiempo de verano están regularmente más bajas que el nivel del mar, y en invierno se llena tanto la balsa con los vertientes de los montes que la rodean, que sobrepasa su nivel la gran barrera de arena que la separa del mar; entonces en los tiempos borrascosos se mezclan las aguas del océano con las del lago, por los embates y fuerte resaca de las olas, tomando por lo mismo un gusto enteramente salobre. Aunque en el verano no haya esa mezcla, no por eso desaparece totalmente el gusto salitroso: la mucha evaporación que experimenta aquel extenso receptáculo, conserva esta calidad si  que el agua del mar que filtra por la barrera de arena tenga influencia muy activa para conservar por completo la propiedad amarga en aquella concavidad.

(...)

Satisfecha nuestra curiosidad sobre las tranquilas aguas del lago, dejamos la barquilla en que habíamos navegado y nos dirigimos al antiguo castillo que se halla en sus inmediaciones, y que es llamado por los naturales "Castelo de Outeiro" (...).

Se ignora el primitivo origen de esta fortaleza; pero se conoce por sus obras modernas que reedificada en el siglo pasado sobre la base del castillo antiguo, cuando se levantaron las demás baterías de la costa para defender el nuevo establecimiento de Ferrol.

Las murallas que miran a tierra están completamente destruidas, pero no así la batería que hace frente a la mar y que cuenta con catorce troneras, al pie de las cuales contemplamos abandonados ocho cañones de 24, al parecer inutilizados, como resto de nuestro antiguo poder.

Este castillo fue la primera fortaleza que dirigió los tiros al enemigo en la invasión inglesa de 1800, habiendo sido rendido por un navío que se acoderó.

En medio de la batería, y sirviéndonos de mesa los cañones, sin más ruido que el estruendo de las olas y el graznido de las aves marinas, dimos reposo al cuerpo y almorzamos con jovial fraternidad.

Seguidamente tomamos las caballerías, paseamos largo rato por el gran playazo que se extiende por aquellas riberas, y subiendo los escarpados senderos que conducen a la altura de Monteventoso, fuimos a disfrutar de las vistas más interesantes que en el país se pueden encontrar."

2.3.13

SUCEDIÓ EN A CROA. 1797.



Hace algo más de un año, mi amigo Emilio me puso sobre la pista de los trabajos que Miguel de Hermosilla, y su ayudante Blas Gil de Bernabé, efectuaron en Doniños en el año 1770. En base a la documentación que encontró, en desdelacroa publicamos la entrada "Sucedió en la croa. 1770", en la cual contábamos como estos dos ingenieros levantaron los planos del "terreno, arenal y lago de Doniños", que sirvieron de base para la redacción del proyecto de una Batería costera en el lugar que hoy conocemos como la Croa.

Tras aquel primer hallazgo, y con la ayuda de una compañera del trabajo, que nos informó que los planos mencionados, de encontrarse conservados en algún lugar, sería en el Archivo General de Simancas, nos dirigimos por mail al archivo solicitando el acceso a esa información. Simancas guarda uno de los fondos documentales más importante de la historia de España, y en él se conserva toda la documentación producida por los organismos del gobierno de la monarquía hispánica desde los Reyes Católicos (1475), hasta la entrada del Régimen Liberal (1834), por lo que de conservarse, los planos deberían de encontrarse allí.

Sin embargo nuestra petición de información fue infructuosa, por lo que supusimos que tal vez estos planos no se hubiesen conservado.

Pero el otro día, consultando la página Hispana, portal del Ministerio de Cultura que recoge las colecciones digitales de archivos, bibliotecas y museos conforme a la iniciativa de Archivos Abiertos, apareció un plano de título "Doniños (La Coruña) Fortificación. Plano 1797", que hizo saltar todas nuestras alarmas.

Se trata de un plano elaborado por el ingeniero Blas Gil de Bernabé, 27 años después de su primera visita a Doniños. El documento recoge la planta y un alzado, por su sección central, de la denominada "Batería de Nuestra Señora del Carmen de Doniños", y ahora cito textualmente "conforme se halla hoy día de la fha: 1º de septiembre de 1797". La unidad de medida del plano son las varas castellanas (1 vara equivale a 83,7 cm), y su escala es aproximadamente 1/250.

El plano refleja una fortaleza, en forma de estrella, de aproximadamente dos mil metros cuadrados de superficie, con un ancho en su frente de mar de 50 metros (60 varas), y 40 metros de fondo (50 varas). El frente de mar está constituido por un parapeto que, de acuerdo con el plano, se encuentra a "31 varas, 1 pie y 3 pulgadas del nivel del mar". Tras el parapeto se ubica la explanada, a la cual se accedía por una entrada situada en la cara Este de la Batería. A ambos lados de la entrada se encontraban los cuerpos de guardia, las habitaciones de los oficiales y artilleros, la cocina, que había quedado sin terminar ya que le faltaba la chimenea, y el almacén de explosivos, además de otros estancias. El plano incluye una leyenda detallada de la distribución de la Batería y del estado de construcción de algunas partes de ésta.

Sobre el terreno, y a simple vista, parece que es poco lo que se conserva de la Bateria. Evidentemente lo que más destaca es su frente de mar, en el que se alza un muro de unos 6 metros de altura. Aunque en el terreno la geometría del muro difiere de la forma con la que aparece en el plano, su longitud se aproxima bastante a lo indicado. Visualmente, y entre la maleza, se pueden adivinar perfectamente los otros límites de la Batería. También se puede descubrir, frente la entrada, la cantera de granito de la que posiblemente se obtuvieron los elementos, sillares y mampuestos, con los que se levantó la construcción. Todas estas evidencias nos hacen pensar que desbrozando, y excavando, buena parte de los restos podrían salir a la luz (no hay que olvidar que la Batería fue parcialmente destruida por los ingleses en el año 1800).

Es una pena que el paso del tiempo, y el abandono, hayan llevado prácticamente al olvido a la Batería de Doniños. Esperemos que pronto, alguien decida poner en valor estos restos y se recupere una parte fundamental de nuestra historia.

25.11.11

HISTORIAS. Aunque no lo parezca.



En más de una ocasión he pensado en los motivos por lo que nuestra costa, principalmente desde Cabo Prioriño hasta A Frouxeira, se ha logrado conservar en un muy buen estado, manteniéndose gran parte de las zonas que lindan con el mar prácticamente vírgenes. Y entre todos, ha jugado un papel fundamental el hecho de que casi toda la costa fuese, hasta hace muy poco, de propiedad militar. Esa figura, y las instalaciones que se ubicaban en ella, campos de tiro, baterías costeras, cuarteles, polvorines, ..., hicieron que los terrenos quedasen a salvo de la construcción descontrolada, y que se hayan mantenido, con el paso del tiempo, en bastante buen estado de conservación. 









1, 2 y 5.- De prácticas frente a las Islas Gabeiras
3, 4, 6 y 7.- Probando los nuevos vehículos en Doniños
8.- De maniobras en el Campo de Tiro de Doniños
9.- Probando el anfibio en la laguna de Doniños

6.8.11

SUCEDIÓ EN A CROA. 1948.



En alguna ocasión había escuchado que entre las instalaciones de las que disponían los militares en el Campo de Tiro de Doniños, había una tilorina que, desde la croa, era empleada para subir y bajar utensilios y materiales desde la playa. 

La fotografía de esta entrada, sacada el 5 de septiembre de 1948, me ha sido facilitada por Pablo Suárez, cuyo padre Ramón Suárez Beceiro aparece de pie, en el centro de la fotografía, junto con sus compañeros de servicio militar.

4.6.11

SUCEDIÓ EN A CROA. 1973.



Mirando al Sur desde la Croa, y  a través de los árboles,  se pueden ver las instalaciones del antiguo campo de tiro de Doniños. Desconozco cuando fue construido, pero por lo que me han contado, y he visto en alguna foto, debió de ser a principios de los años cuarenta del siglo pasado.

Tras pasar por debajo del arco de la entrada, y en dirección al lago, nos vamos encontrando con las distintas edificaciones que se construyeron: las casas de los oficiales al cargo del campo, la cantina y pabellón donde me imagino que estaban los barracones en los que dormían los soldados, el pabellón de tiro, y otras dos edificiaciones más, hoy convertidas en baños  y un almacén. El polvorín y la zanja en donde se colocaban las dianas fueron demolidos hace algunos años junto con el pabellón de tiro que se construyó a principios de los noventa.

Buscando el otro día en internet encontré algunas fotos del campo de tiro en 1973. La que más me llamó la atención fue una general, tomada desde una de las laderas de a Croa, en la que se ve a los soldados formando con el lago y parte del valle al fondo. He intentado hacer, casi cuarenta años después, la misma foto, y la verdad es que me ha resultado imposible. A parte de que son ya pocas las referencias que han permanecido en el tiempo, también ha cambiado la orografía del lugar, además de que algunos pinos te tapan la vision de la explanada.


Comparando una y otra foto contrasta sobre todo lo bien conservado y cuidado que estaba el campo en su día. Hoy, los restos de la demolición del pabellón de tiro, permanecen acopiados desde hace ya varios años a escasos metros del lago, ofreciendo un paisaje que nada tiene que ver con el de un espacio dunar y una laguna costera como la de Doniños.

También la actividad ha cambiado en el campo de tiro: las maniobras militares, algunas con anfibios que se probaban en el lago, y las prácticas de tiro de los soldados, han sido sustituidas por usos más acordes con el lugar en el que se ubica.


22.4.11

SUCEDIO EN A CROA. 1770.










“Qué vista tan magnífica si no nos amenazase”

-Juan Joaquín Moreno, Teniente Coronel de la Armada 
tras avistar a la flota inglesa frente a la costa de Doniños el 25 de agosto de 1800.

Desde la croa tu visión puede girar 360 grados abarcando en cualquiera de las direcciones un amplio campo. Hacia el Norte el Outeiro, el Monte de Lobadiz y San Jorge. Hacia el Oeste el mar y las Illas Gabeiras. Al Sur, Penencia, la laguna y los acantilados de Cabo Prioriño. Más al fondo la costa de A Coruña, desde la ciudad hasta las Islas Sisargas, en la Costa da Morte. Y al este, el pueblo y el valle. Sin duda un lugar privilegiado para asentarse.

Así lo debieron de pensar hace siglos los habitantes del castro que aquí se construyó. Cerca tenían a su disposición, para abastecerse, un gran volumen de agua dulce proporcionado por el lago. En las laderas del valle amplios prados y tierras muy fértiles en las que cultivar. Y en la costa, los acantilados y el mar como fuente inagotable de comida. Y lo más importante: protección. Sobre un alto, rodeados en buena parte por el mar, ubicados en un lugar desde el que poder divisar la llegada de un visitante o un enemigo con mucho tiempo de antelación.

Y precisamente por esta posición estratégica, a finales del siglo XVIII, se decidió construir aquí un Castillo, la batería costera más exterior del sistema defensivo de la Ría de Ferrol, liderado por los Castillos de La Palma, San Felipe y San Martín.

En el año 1770 el ingeniero militar Miguel de Hermosilla fue enviado hasta Galicia para realizar diversos proyectos. Entre ellos, y en ese año, junto con su ayudante Blas Gil de Bernabé, inició el levantamiento topográfico de los terrenos sobre los que construir una fortaleza de costa en el exterior de la Ría de Ferrol. Durante varios meses levantaron, en un total de 9 hojas, los planos del “terreno, arenal y lago” de Doniños. Posteriormente iniciaron la elaboración del proyecto del Castillo, cuya redacción se finalizó en 1772.  Tras redactarse el proyecto, se iniciaron las obras, concluyéndose las mismas en el año 1795. Al castillo se le dotó con 4 cañones del calibre 12, y con una dotación de 40 hombres.

Cinco años más tarde, la Batería de Doniños jugaría un papel fundamental en la defensa de la ciudad de Ferrol tras el desembarco de los ingleses el 25 de agosto del año 1800. Tras aquella batalla el Castillo quedó en buena parte destruido.

En la actualidad se conserva de él parte de su frente de mar, constituido por un muro de unos tres metros de altura, así como restos de la cimentación del mismo. Su interior, donde estarían las troneras y estancias de los soldados, está protegido por una densa mata de matorrales, esperando que algún día las autoridades decidan poner la fortaleza en valor.

4.3.11

SUCEDIÓ EN A CROA. 1978.



De izquierda a derecha: Carlos "El Pitufo", Juan Abeledo Jr. y Jose "Queimarán".

Descansando y viendo el mar desde la croa tras una buenas bajadas con el monopatín por la cuesta del lavadero.

11.1.11

HISTORIAS. Buenas noticias desdelacroa.



Hoy por la mañana me he levantado con la excelente noticia de que el blog ha sido seleccionado por El Niegà como el blog del año.

Sin tiempo para escribir nada, la verdad es que me he ido la mar de contento a trabajar, con una grata sensación de alegría, sin duda el mejor premio que uno puede recibir.

¿Y qué decir?. Pues lo primero que muchas gracias a Niegà y a todos los que seguís el blog, y que con vuestros comentarios y sugerencias, me motiváis a seguir escribiendo, sacar fotos y grabar en video.

Y como todo premio tiene su trofeo, a parte de la alegría, nada mejor que las palabras de Niegà dedicadas al blog:

"¿Y en 2010?

Pues me he decantado por uno de los blogs que ha sobrevivido a la criba que realicé en mi Google Reader este pasado otoño con los ojos cerrados. Un blog que junta algunas de las cosas que más me interesan: historias del mar, de surf, de naufragios y de literatura. Un blog que habla del pasado para que sepamos donde estamos ahora. Un blog que -imagino, pues no tengo el placer de conocer a quien está detrás- se edita cerca de una playa gallega, de esas donde muchos días de invierno es peligroso incluso acercarse a la orilla. Uno de esos parajes donde cada piedra del acantilado, y cada trozo de madera arrojado por el mar, cuenta una historia que va mucho más allá de tubos, reentries y bancos de arena donde rompen maravillosas olas esculpidas por el nordés. Mi blog del año es..."

Muchas gracias.

19.9.10

SUCEDIÓ EN A CROA. 1979.












Fotografías cedidas por Juan Chedas.

Afortunadamente a nadie se le ocurre hoy organizar un Campeonato de Motocross en un espacio dunar.
Tal vez este sea un signo más del adelanto de los tiempos.